El trigo transgénico РLA NACION

El trigo transgénico HB4, tolerante a sequía y presentado por la firma argentina Bioceres para su aprobación oficial, es un caso testigo de las complejidades de la agricultura. El tema está en plena discusión y todos tienen argumentos válidos, pero ya se había visto que las dificultades son de por sí tantas que, en 2004, nada menos que Monsanto debió desistir, en medio de debates parecidos en Estados Unidos, de continuar con la línea de un trigo transgénico concebida en sus laboratorios.

Con la aprobaci√≥n de la soja transg√©nica, en 1996, la Argentina abri√≥ un camino a nivel mundial en la comercializaci√≥n de este tipo de semillas. El problema reside en que por m√°s que la ciencia diga que todo est√° bien y que no habr√° da√Īos para la salud de los consumidores, como lo asegura respecto del HB4, al trigo lo ha perseguido en todos lados el mito de que su nombre equivale a sin√≥nimo de pan. Si con algo no se juega desde los tiempos b√≠blicos, es justamente con el pan.

La Secretar√≠a de Ciencia y T√©cnica ha aprobado las calidades del HB4. Igual opini√≥n sobre sus aspectos sanitarios han emitido el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y la Comisi√≥n Nacional Asesora de Biotecnolog√≠a (Conabia). Ninguna objeci√≥n, pues, sobre tan delicado punto de la cuesti√≥n. Sin embargo, el evento, como se dice en la jerga de los laboratorios, no ha conseguido a√ļn superar las exigencias del √°rea de mercados de la Secretar√≠a de Agroindustria.

¬ŅUn capricho burocr√°tico? ¬ŅUna arbitrariedad del secretario Luis Miguel Etchevehere ? En modo alguno. Los responsables pol√≠ticos de los asuntos agropecuarios se han hecho cargo de una realidad √°spera y concreta, que comparten los dirigentes de las organizaciones representativas de los productores, como la Sociedad Rural Argentina, y la cadena triguera, los acopiadores y la industria molinera. Antes de aprobarse oficialmente un trigo transg√©nico, reclaman de viva voz, la Argentina deber√° contar con la aceptaci√≥n de los mercados, y en primer√≠simo lugar, con la de Brasil, por la magnitud de sus adquisiciones en la Argentina.

Es comprensible la urgencia de Bioceres, que ha llegado hasta el presidente Macri para exponer su preocupaci√≥n por la magnitud de lo invertido y por las caracter√≠sticas del hallazgo cient√≠fico que har√° al trigo resistente a sequ√≠as y aumentar√° el rendimiento de los cultivos entre un 10% y un 25%. Menos comprensible ha sido la campa√Īa medi√°tica, de origen un tanto opaco, que ha inducido a pensar que lo que se halla todav√≠a en debate hab√≠a sido aprobado. Craso error.

La producci√≥n mundial de trigo es de unos 750 millones de toneladas, de los cuales entre 145 y 150 millones se comercializan en los mercados mundiales. La Argentina exporta alrededor de 13 millones de toneladas, menos del 8%. As√≠ se explica que no est√© en condiciones de establecer por s√≠ sola las reglas de juego, sino que deba realizar, con participaci√≥n de todos los actores internos, una campa√Īa de predicamento mundial en favor del hallazgo de Bioceres, compa√Ī√≠a joven cuyo prestigio se a√ļna al de las marcas de primera l√≠nea en el mundo, como Bayer, Syngenta o Corteva, entre otras.

Desde 1996 la Argentina ha aprobado 52 eventos y 18 solo en el gobierno de Macri, es decir, el 35% del conjunto. No se le puede achacar, por lo tanto, desidia o desd√©n. Pero este gobierno, como cualquier otro, tiene la responsabilidad de evitar que ninguna novedad cient√≠fica ponga en peligro la totalidad de nuestras exportaciones trigueras. Para eso urge una pol√≠tica eficaz de convencimiento de los mercados compradores, aunque la tarea demande a√Īos. Enorme es el inter√©s nacional que de otro modo podr√≠a comprometerse.

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