«El teatro clásico tiene un fulgor especial»

Emilio Gutiérrez Caba (Valladolid, 1942) no necesita muchas presentaciones. Pertenece a una de las sagas teatrales más famosas de España y lleva más de cinco décadas sobre las tablas. Lo que no es tan común es verle en labores de director. Con «La cueva de Salamanca», de Juan Ruiz de Alarcón, vuelve a llevar la batuta tras atreverse la temporada pasada con un texto de Cervantes, «Escrito en las estrellas».

Hombre apacible y tranquilo, poseedor del don de la palabra y del arte de actuar, Gutiérrez Caba habla de este espectáculo —con el que está cosechando éxito entre el público, los jóvenes y la crítica—, y con el que aprovecha para hacer crítica de la incomunicación que existe hoy en día, del rechazo al teatro clásico y de sus propios compañeros de profesión, que lo ven como un hombre caduco y mayor.

«La cueva de Salamanca» se representa en el Teatro de Rojas mañana viernes, a las 11.00 horas, dentro de la Campaña Escolar, y a las 20.00 horas. El actor afirma sentirse satisfecho por esta experiencia, que «me permite sentir que lo estoy haciendo bien y, —como decía Ingmar Bergman—, sentir que esto tiene algún sentido, en un mundo en el que todo es inmediatez, dureza e inflexibilidad. Y por la incomunicación actual, que es lo más terrible», se lamenta.

Parece que le ha cogido el gusto al Siglo de Oro

Para mí fue un tiempo en el que las letras tenían un fulgor especial, se escribieron cosas extraordinarias. Hay un libro muy interesante que recopila 900 obras de aquellos años. De ellas, casi 90 se podrían representar cíclicamente porque son las que enriquecen de verdad nuestro teatro. Eso no lo tiene ningún país occidental. En Inglaterra, están a Marlowe y a Shakespeare, que apenas tiene 33 obras. En cambio, nuestro plantel es asombroso: Calderón, Lope, Tirso, Ruiz de Alarcón, Rojas Zorrilla… Hay muchísimos, que escriben como los ángeles, y con argumentos muy distintos.

¿Es difícil poner en marcha una obra como «La cueva de Salamanca»?

Ha sido difícil a nivel de producción porque poner en marcha esta pieza implica usar un vestuario distinto y una época distinta, con una escenografía especial. Eso siempre es un coste añadido. Pero si tienes un elenco adecuado, como ha sido en este caso, no debe haber ningún problema. Además, esta obra plantea la precariedad y la incertidumbre a la que se enfrentan los actores y las compañías teatrales «cuando giran por España».

¿Cómo ha sido la experiencia de dirigir y encargarse de la dramaturgia?

«La cueva de Salamanca», así como «Escrito en las estrellas» me han permitido encontrarme con los clásicos, que me han ayudado muchísimo. Ha sido una experiencia estupenda. Ver cómo los intérpretes asumen las directrices que les has indicado y que ellos desarrollan. Eso es impagable. Es la gran experiencia que como actor me voy a llevar. La vida es muy corta y me quedan todavía muchas cosas por hacer.

¿En qué está trabajando actualmente?

He terminado un libro sobre las mujeres de mi familia, incluida mi sobrina nieta, Irene Escolar. Se supone que saldrá en mayo, coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid. En esta obra hago un repaso a todas las mujeres desde 1873, que empezó con mi tía abuela Leocadia Alba. Es un libro muy ilustrado y que contiene fotos inéditas. También he escrito otro libro, que se llama «Actores en proceso», en el que hablo de mis memorias de cine y las películas que he participado, que son 103 títulos. Cuento mi desarrollo en este oficio. También habló de las personas y mis referentes, en los que no faltan Mario Camus, Carlos Saura, Álex de la Iglesia, Pilar Miró y muchos otros que están en el recuerdo.

¿Qué representa volver a Toledo nuevamente como director y dramaturgo?

No hay una sensación concreta. Es una gama de sensaciones. Cuando venga a Toledo y este junto a los espectadores, estoy seguro que sentiré una emoción especial. Eso es inexpicable. Es una sensación que cuando llegas a tu casa, crees que has hecho bien las cosas y te causa una gran satisfacción. Pero al día siguiente, tienes que pensar que debes comprar chirimoyas porque es invierno. Como decía Bergman, hacer teatro tiene algún sentido, en una época en la que todo es inmediatez, dureza e inflexibilidad. Aunque lo más grave es la incomunicación. Eso es lo más terrible.

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