El secretario general de la OEA plantea una intervención de paz

El régimen de Nicolás Maduro actuó el sábado de acuerdo como estaba previsto, impidiendo de forma violenta la llegada de la ayuda humanitaria que tanto necesita el pueblo venezolano. Lo previsto ahora, al menos esa es la lógica de la situación, es que la comunidad internacional acompañe con unidades militares la entrada de la ayuda en Venezuela y que esas tropas extranjeras permanezcan en el país para asegurar el reparto de alimentos y medicinas a la población.

Así lo sugirió el secretario general de la OEA, Luis Almagro, en su reciente estancia en España, en una visita a la Universidad de Navarra. «Si llegara a haber una masacre, con ejecución masiva de personas», dijo en previsión de lo que podía pasar el sábado, «se tendrá que pensar que el pueblo tiene que ser protegido».

«Eso no sería una iniciativa violenta, sino la reacción a la violencia que vive hoy Venezuela, donde el régimen de Maduro practica torturas y ejecuciones extrajudiciales. Estamos lidiando con delincuentes y criminales de lesa humanidad atrincherados», comentó.

En este punto, se refirió al precedente de los Balcanes, en la década de 1990, donde desde el exterior cuerpos militares «entraron ayuda y permanecieron allí para asegurarse de que era repartida».

Lo deseable, según Almagro, hubiera sido que la acumulación de grandes mercancías de ayuda en la parte colombiana y brasileña de la frontera con Venezuela provocara el desmoronamiento del poder de las Fuerzas Armadas. Dado que esto no ha ocurrido –ha habido deserciones y la operación ha debilitado aún más a Maduro, pero la cúpula militar sigue aparentemente cohesionada apoyando el régimen– toda la lógica de la situación lleva a pensar en la necesidad de militarizar los convoyes de ayuda. Tantas toneladas de bienes perecederos almacenados no parecen dar más opción.

Sin destapar la cartas que se estaban barajando, Almagro sugirió que en la cuestión de la ayuda humanitaria ya no cabía marcha atrás, como tampoco cabe imaginar que Estados Unidos ­–y los demás países americanos que tanto se han comprometido– tengan espacio para desandar el camino avanzado.

Hace meses, cuando la opción de hacer llegar ayuda humanitaria comenzó a concretarse como estrategia, el planteamiento era que la introducción de la ayuda por parte de unidades militares exteriores iría ganando territorio de Venezuela en contra de Maduro, a medida que los cargamentos fueran penetrando en su interior, según fuentes conocedoras de esos planes. La deserción progresiva de las guarniciones iría al mismo tiempo aportando personal militar venezolano que ayudaría al reparto, sustituyendo a las fuerzas llegadas del exterior.

«El proceso de transición va a tener éxito», se mostró seguro Almagro. «El pueblo venezolano tiene excepcionales reflejos democráticos, incluso después de estos veinte años», añadió con optimismo.

Amnistía sin impunidad

Almagro consideró, por otra parte, que la amnistía promovida desde la Asamblea Nacional no dejará impune los principales crímenes cometidos por autoridades chavistas de todo tipo. Admitió que «todas las leyes de amnistía son discutibles», pero recordó que los crímenes de lesa humanidad y la grave vulneración de derechos humanos «no son amnistiables»: «Ninguna negociación puede impedir su investigación y castigo». «No creo que a estas alturas los dictadores crean que van a poder quedar impunes; la larga memoria de lo que les ocurrió a otros dictadores de los años 70 ha terminado alcanzándoles a ellos», dijo.

En cuanto a Nicaragua, Almagro indicó que la hoja de ruta seguida por la OEA en relación a Venezuela podría aplicarse a ese otro país si el diálogo abierto con Daniel Ortega para la liberación de presos políticos, la reforma institucional y la perspectiva de un proceso electoral con plenas garantías no llega a buen fin. Así, sugirió que una vez declarada por parte de la OEA la ruptura del orden constitucional podría pasarse al no reconocimiento de una eventual victoria electoral del sandinismo en las próximas elecciones, como sucedió con las presidenciales celebradas en Venezuela el año pasado.

Sobre Bolivia, Almagro justificó que la OEA no haya cuestionado el proceso electoral en marcha, al cual concurre Evo Morales a pesar de que ni la Constitución y ni el referéndum celebrado en 2016 permiten que vuelva a ser reelegido. Indicó que el argumento dado por Morales acerca de que impedir que sea nuevamente candidato va contra los derechos humanos ya fue usado por Oscar Arias en 2006 para su reelección en Costa Rica, sin que la OEA se pronunciara al respecto, como tampoco la organización rechazó la opción a la reelección en Honduras en 2017.

Almagro cifró su estrategia en que la OEA realice una amplia labor de observación en las elecciones que Bolivia celebrará en octubre de este año, al parecer confiando en que sea el propio pueblo boliviano el que, si las elecciones son limpias, pueda desalojar del poder a un Morales que ha ido deteriorando las condiciones democráticas de su país. «Me temo que tendremos que retomar este tema después», afirmó, mostrando inseguridad sobre una pronta aceptación por parte de Morales de una derrota electoral.

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