El rincĂłn sin salida de Solari con Bale

Las evasivas del argentino ante los medios de comunicación en su rueda de prensa de ayer para analizar el caso Bale no le serán válidas a Solari frente a un vestuario con mil batallas en sus hombros. Parece ilógico, con el antecedente de Isco, que Bale obtenga prebendas sobre el campo cuando ni en lo humano ni en lo deportivo se ha ganado la titularidad. Su inclusión en el once esta noche ante el Barcelona puede marcar un antes y un después en la credibilidad de Solari ante sus jugadores, por eso ayer estuvo tan esquivo ante una decisión que será mirada con lupa desde todos los estamentos del club.

Bale lleva un tiempo pidiendo a gritos su salida del Real Madrid. Su oportunismo tras la final de Kiev, en la que le dio al club blanco la Decimotercera gracias a sus dos goles, dejando caer que buscaría otro club si no le prometían la titularidad ya gustó poco en personas de peso la entidad. La marcha de Ronaldo y de Zidane, más la llegada de Lopetegui, frenaron al expreso de Cardiff, pero como cada temporada desde que llegara a la capital de España en 2013, las lesiones le privaron de una continuidad que, ahora, reclama con malos modos e indisciplinas.

Su negativa a seguir calentando en el Ciudad de Valencia es una más de un curso en el que era el elegido para heredar el liderazgo de Cristiano y, a día de hoy, no solo no ha recogido el testigo sino que, además, tiene pie y medio fuera del club. Incluso en la planta noble, donde siempre ha gozado de gran cariño, ya tampoco se ve a Bale como el futbolista franquicia que pudo ser.

Bale es un gran futbolista, con gol y velocidad para ganar partidos. Por eso Solari no piensa relegarlo a una esquina como sí ha hecho con Isco. Le necesita y no valora llevarlo al ostracismo. Otra cosa será el papel que tenga en estos siete días. Y también cómo sera el comportamiento y la reacción de Bale cuando le toque dar la cara sobre el verde. Si marca la diferencia, y cambia de actitud, Solari lo tendrá más fácil, pero haga lo que haga con el galés, el argentino ya sabe que está ante un rincón sin (fácil) salida.

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