el reto de zanjar una compleja obra en cuatro meses

A varios metros bajo el paseo del Prado, el «túnel de la risa» sobrecoje por sus impresionantes dimensiones. Ya vaciado, camiones, hormigoneras y obreros llevan casi dos meses sutituyendo a los 470 trenes y los 200.000 viajeros que pasaban cada día por este paso subterráneo que conecta Atocha con Chamartín, parando en Recoletos y Nuevos Ministerios. A pesar de la oscuridad, solo interrumpida por algún foco de luz intercalado, se aprecia el hormigonado –en algunos tramos definitivo– de las vías.

En total, 7,2 kilómetros serán modificados. «La obra no es por un tema de seguridad, sino de modernización de las instalaciones», asegura Abel Rajo, responsable de los trabajos de mejora emprendidos por Adif, durante la visita de ABC a las galerías. Señala que «nunca se había hecho una obra de estas características; quizás en un tramo menor».

Obreros trabajando en el interior de la estación de Recoletos – ISABEL PERMUY

El proyecto tiene dos partes: por un lado, la renovación de la vía y electrificación y, por otro, la modificación de la señalización ferroviaria en el interior. Se cambiará la catenaria flexible actual por otra rígida, para conseguir «mayor estabilidad». El objetivo principal no es «reducir el tiempo de viaje», pero sí disminuir el número de incidencias y, por tanto, aumentar el grado de satisfacción de los viajeros. «Es una tarea importante por los tiempos que manejamos; es uno de los retos que tiene la obra: finalizar en el plazo estipulado», afirma el responsable. Aún así, Rajo asegura que «van con el cronograma previsto» y aquello que se ha retrasado ha sido «compensado con más medios». El contrato se firmó en abril, en junio comenzaron la faena y el túnel, de casi 60 años, «no se abrirá antes de noviembre».

Los trabajos de mejora son cuantiosos, con un presupuesto de más de 45 millones de euros. Además, el cierre total del túnel ha provocado el desvío de varias líneas de Cercanías en este tramo, considerado el de mayor intensidad circulatoria de la red en toda España. Aunque se estableció un servicio especial de autobuses de la EMT, al principio se produjeron aglomeraciones en Metro y Cercanías.

Un túnel de risa

«La gente que lo criticaba –por el tiempo que tardó en finalizar– se refería a la estación como ‘‘atracción de feria’’ y se quedó con el nombre de ‘‘túnel de la ‘‘risa’’», cuenta Pedro Soto, el subdirector de operaciones constructivas. Originariamente, la construcción del subterráneo comenzó en 1933 y concluyó en el año 66, aunque no empezó a tener servicio hasta el 67. Fueron 34 años muy inestables, siendo la Guerra Civil la culpable de su tardía apertura.

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