El PP activa su mayoría para aprobar los Orzamentos en un pleno marcado por la sanidad

Galicia ya tiene nuevo presupuesto. La Xunta dispondrá el próximo año de 9.850 millones de euros –un 3,8% más— después de que el PP activara este martes su mayoría absoluta para aprobar las cuentas en el Parlamento. No hubo, pues, sorpresas. Los populares salieron en defensa de un presupuesto que convierte a Galicia en una ariete de estabilidad, y la oposición aprovechó la sesión plenaria para atacar al Gobierno de Feijóo por el flanco de la sanidad.

Los números eran también conocidos. La autonomía manejará su Orzamento más alto desde el año 2010, destinará 270 millones más a reforzar el Estado de Bienestar y aplicará de nuevo la tijera fiscal. En total se aplicarán cuatro nuevas reducciones de impuestos: la Xunta bonificará la compra de vivienda habitual usada, rebajará las sucesiones entre hermanos, revertirá la subida implantada en 2013 al impuesto de patrimonio y propulsará deducciones para inversiones en innovación. Los fondos para inversiones alcanzarán 1.650 millones.

Para la izquierda, sin embargo, los presupuestos son la expresión de «una nueva fase de los recortes», al crecer menos que la expansión del PIB. «Impiden que la recuperación económica llegue a las capas sociales más desfavorecidas», intervino el líder de En Marea, Luís Villares. «Desatienden la sanidad, especialmente la atención primaria, carece de respuestas nuevas para el empleo y no permite cumplir las promesas hechas en política social», resumió el socialista Xoaquín Fernández Leiceaga. «Son antisociales», dijo directamente Ana Pontón, del BNG.

Pero los ataques contra la Xunta bajaron sobre todo a la arena de la sanidad. Al calor de noticias como las dimisiones de Vigo o las protestas en el CHUS, la oposición denunció el «lamentable estado» y el «caos» en que a su juicio se encuentra el Sergas. En todas las intervenciones hubo alusiones a los «recortes» o a procesos encubiertos de «privatización» como parte de una estrategia, cada vez más evidente, de convertir la sanidad en la diana política para tratar de erosionar al gabinete de Feijóo. Y el calendario de sesiones favorece dicho plan. La sesión se celebró en la resaca de la primera «pseudocomisión» organizada por En Marea, PSdeG y BNG para poner en tela de juicio la política sanitaria de la Xunta. Una sesión que, lejos del marchamo institucional con la que se presentó, acabó por convertirse en un acto de voces críticas celebrado en una sala de prensa.

Los nacionalistas, por ejemplo, denunciaron que los presupuestos son «el espejo clarísimo» de «cuál es el programa demolición de la sanidad publica que tiene el PP». «Consiguieron poner a todo el mundo de acuerdo en que su política sanitaria es un desastre», ahondó Pontón, cuyas críticas encontraron eco después en el PSdeG: «Los profesionales están hartos; los ciudadanos lo están diciendo también. Persisten las políticas que impulsan el malestar». Con todo, Leiceaga aclaró que la dimisión del conselleiro, Jesús Vázquez Almuíña, «no contribuiría a cambiar las cosas».

Desde el PP, no dudaron en cerrar filas con el titular de Sanidade: «Conozco pocas personas mejores para manejar el conflicto de la sanidad», precisó Pedro Puy, que desdeñó las tesis que hablan de una privatización silente en los hospitales: «Aquí el único que pide que se dé más a la sanidad privada es al alcalde de Vigo, y que se le dé lo que pida».

Para los populares los Orzamentos ya hablan del compromiso de la Xunta con el bienestar al consignar ocho de cada diez euros para financiar la educación, la sanidad, la dependencia o la «acción social» del resto de consellerías.

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