El peligro de confundir expectativas con ilusiones

Los sinónimos suelen ser un magnífico recurso lingüístico, tanto como una solución peligrosa, por aquello de que parecido no es lo mismo. Mucho más cuando se utilizan para redactar las leyes o para construir proyectos políticos.

Es lo que pasa con los casos exitosos de otros países por imitar, que se exhiben en toda campaña. Imágenes destinadas a la generación de expectativas, que en realidad no son más que ilusiones. Y, como se sabe, ambas difieren por la base de realidad que una tiene y la otra carece.

Portugal y Uruguay se han convertido en dos inesperados objetos de culto. Las medidas económicas portuguesas del último quinquenio y la solución uruguaya de principios de siglo para salir de la crisis devinieron en la nueva panacea.

Pero los panegiristas ocultan duros matices que cada experiencia tuvo para los ciudadanos de cada país. Suicidios de deudores y muerte violentas de empresas, entre otras consecuencias. El zoom acerca los objetos, pero le quita profundidad a la imagen. Parecido nunca es lo mismo. Cuidado con los ilusionistas.

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