El Parlamento británico retoma hoy su actividad tras el fallo del Supremo que declaró «ilegal» su cierre

ABC

Acosado por un clamor que le exige que dimita, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, regresa este miércoles a Londres para asistir a la reapertura del Parlamento, después de que el Tribunal Supremo sentenciara ayer que el cierre de las cámaras, que él ordenó, fue una decisión «ilegal», y le acusara de mentir a la Reina, que tuvo que dar su visto bueno a la medida. El «premier» recibió el fallo como una auténtica bofetada. Además de la oposición en su propio partido, el líder conservador encara las críticas del Partido Laborista y del Partido Liberal Demócrata, que ayer, a través de Jeremy Corbyn y Jo Swinson, sus dirigentes, exigieron que dimitiera.

Antes de regresar al Reino Unido, Johnson tuvo tiempo de intervenir en la Asamblea General de la ONU que se celebra en Nueva York, donde dio un dircurso en el que reflexionó sobre cuestiones éticas relacionadas con los avances científicos, y, en un curioso giro, afirmó que algunos diputados británicos quieren que el proceso del Brexit se parezca al mito Prometeo, haciendo de la salida de la Unión Europea (UE) un padecimiento interminable. Los dioses, por llevar el fuego a los hombres, castigaron a Prometeo atándole en la cima de una montaña, donde un águila devoraba su hígado una y otra vez.

Más allá de esa anécdota, lo cierto es que la situación a la que se enfrenta Johnson no es nada fácil. Durante estas semanas, el Parlamento británico se ha destacado como el gran escollo a sus planes del Brexit. El «premier» estaba dispuesto a llevar a cabo una ruptura abrupta con la UE, es decir, una salida sin acuerdo, fechada en el 31 de octubre. Los diputados no estaban por la labor y lograron sacar adelante una ley que impedía un Brexit de ese tipo y forzaba al primer ministro a pedir un aplazamiento a Bruselas si no había pacto. Antes de que eso ocurriera, Johnson había recurrido a una argucia -una «prórroga» del Parlamento, que en realidad quiere decir su cierre temporal- para evitar que sus miembros pudieran sacar adelante una legislación que frenara sus planes. La indignación que causó esa medida hizo que el asunto se llevara a la Justicia. Tras dos fallos enfrentados -un tribunal de Londres dijo que no podía intervenir en el asunto, mientras que otro de Escocia afirmó que era «ilegal»-, la batalla final se libró en el Supremo, que ayer sentenció la ilegalidad de ese acto. Poco después, el «speaker» de la Cámara de los Comunes, John Bercow, anunció que el reinicio de actividades se produciría hoy mismo.

A la espera del desenlace, y por ahora, parece que todo le ha salido mal a Johnson. Aunque el primer ministro ha mostrado su desacuerdo con la decisión de la Justicia, desde el Gobierno se ha hecho saber que se respetará la voz de los tribunales. Hoy habrá un nuevo episodio de esa serie que es el Brexit.

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