El nuevo feminismo de Nuria Labari

Hay un momento muy interesante de la escritura narrativa actual que tiene que ver con la vieja recuperación de un yo escritural autobiográfico que, a la hora de elegir entre novela y ensayo, las dos alternativas por las que ese yo se zafa de la individualidad simplemente testimonial, elige el ensayo, pero no al modo de tratado simplemente discursivo, sino al de Montaigne, convirtiendo el libro en vida propia y la vida misma en libro. Quizá sea esa elección genérica la que convierte en importante el de Nuria Labari (Santander, 1979), porque la mejor forma de tratar la cuestión femenina, que también es de género, pero en la acepción de «gender», puede ser abandonar la nutrición de un discurso teórico que fácilmente ha derivado en sermón, sobre todo los que propenden a postularse como revolucionarios, poseídos de esa verdad indiscutible en la que se refugia toda «doxa» y todo dogma, con las que peligrosamente flirtea cierto feminismo al uso.

Nuria Labari, sobre todo en la primera parte de su obra, va al centro del asunto femenino desde el origen, donde es fundamental la pregunta de si la maternidad es o no una cárcel, sobre si lo es la exclusividad del discurso femenino sobre ella, y más adelante, sobre si esa prisión en caso de serlo (lo que el final del libro desmiente) puede o no ser compartida. De entrada, hay algo que me ha parecido esencial para su efecto (realmente) revolucionario: toda la escritura está siendo dirigida a buscar una cierta complicidad con el Hombre (la mayúscula es suya), que en modo alguno se siente ajeno al leerlo, incluso cuando reconoce la obviedad de que la vivencia que se recorre es una experiencia no compartible como tal.

Mito y timo

Ese punto de vista que no deja fuera por definición a la mitad (no estadística, pero sí de derecho) de los posibles lectores me ha parecido una opción inteligente, aunque quizá, y eso la hace mejor, no se ha hecho conscientemente para ser inteligente. Porque la otra opción que eleva mucho el interés es que la historia nace derivada directamente de un testimonio personal, que le aporta y enriquece el yo autobiográfico. Es un libro sobre la maternidad, pero también y, sobre todo, es acerca de su maternidad, sobre cómo lo ha vivido Nuria Labari y hasta su pareja. No desconozco las teorías de la máscara, de la retórica, ni es preciso allegar a Paul de Man, para devaluar esa construcción de vida.

El caso es, sin embargo, que ese territorio de la «retoricidad» (no hay literatura sin ella) no está reñido con la verdad (a estas alturas contraponer verdad y literatura sería infantilismo naif). No todas las retóricas resultan convincentes, esto es, transmiten verdad, y en tal cosa radica la gracia del asunto. Que lo sea o no en cuanto historia auténticamente real nos aleja de la conversación literaria, que es la pertinente aquí, puesto que no podremos estar seguros pero sobre todo, no hace falta estar seguros.

Hay espacios por ganar en esa batalla, pero Nuria Labari ha ganado el suyo

Con el libro feminista de Nuria Labari me ha pasado algo que no me había pasado con obras feministas de otros (as) muchos: que me he acordado deSimone de Beauvoir, cuyo feminismo contradictorio y complejo no cabe fácilmente en las apropiaciones discursivas de la diferencia. Ocurre especialmente en la primera mitad (la mejor), cuando la maternidad está tratada socialmente como mito, que deriva en timo (juego de palabras de la propia autora) y en mistificación que las propias mujeres se han apropiado como el tesoro que muchas veces ha robado su vida.

De hecho, el libro, que comienza radicalmente lúcido en su enajenación respecto a los moldes heredados, camina en su desarrollo hacia puntos ciegos que son irresolubles, y que me ha parecido un acierto no dejar que fueran seguros. La novela misma vacila en cuanto al Hombre, en cuanto a la idea de la Madre anterior, en campos que parecen desmentir lo leído antes. Por fin una reflexión sobre la feminidad, y la maternidad lo es radicalmente, es también un lugar de inseguridades y contradicciones. Hay espacios por ganar en esa batalla, pero Nuria Labari ha ganado el suyo.

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