El misterio del rostro borrado en la catedral de Burgos «para evitar supersticiones»

En el claustro alto de la catedral de Burgos existe una extraña figura sin rostro en la que los visitantes apenas reparan, pero que desde hace unos años mantiene intrigado a José Antonio Gárate, licenciado en Humanidades y máster en Gestión del Patrimonio, que trabaja en este espectacular templo gótico desde 2003. Adosada a uno de los contrafuertes del brazo sur del transepto de la catedral, la escultura hace la función de ménsula. Podría ser un clérigo o un monje, por su oscuro atuendo. Hasta ahí, nada extraño. Ni siquiera su desaparecido rostro había llamado la atención de los entendidos, convencidos de que la piedra se había ido deteriorando con el paso del tiempo de forma natural. Pero Gárate sabe que esa cara fue borrada deliberadamente hace más de cuatro siglos «para evitar supersticiones».

Hasta 2011, él también pensaba que ese rostro perdido era uno de los muchos desperfectos del claustro alto, un espacio multifuncional de la catedral construido en el siglo XIII, que albergó enterramientos de canónigos, fue escenario de procesiones solemnes y lugar de meditación, oración, lectura y entretenimiento. Sin embargo, durante las obras de restauración llevadas a cabo ese año en la panda norte, el restaurador Francisco Jesús del Hoyo le hizo reparar en ese misterioso personaje. «Me dijo que era curioso porque el rostro había sido raspado intencionadamente por alguien que debió de emplear un andamio para hacerlo», ya que se encuentra a dos metros y medio de altura, relata.

En rojo, ubicación de la ménsula
En rojo, ubicación de la ménsula

Francisco del Hoyo recuerda bien esa «extraña figura raspada, oscura, negra». «A veces te encuentras rostros a los que les han mutilado la nariz para romper la efigie, ya que consideraban que la cara era el reflejo del alma del representado, pero en ésta lo habían borrado todo», asegura, completamente convencido de que «no fue por deterioro», entre otras razones porque se encuentra «a cubierto» y lo único alterado de la figura es el rostro.

Quienfuera que destrozara aquella cara probablemente utilizó un cincel y una maza, según Del Hoyo, ya que en la piedra se aprecian ligeras hendiduras, huellas de herramienta.

Antes de contemplarla con detenimiento, este experto de Esdras Restauraciones se había fijado en ella porque «es la única que está pintada de negro en todo el claustro» y su tonalidad oscura no es consecuencia de que el pigmento haya virado y cambiado de tonalidad. «Es una policromía original, por eso su caso es más llamativo», destaca.

Un registro en el archivo catedralicio

El asunto llamó poderosamente la atención a Gárate. Se lo comentó a varios compañeros y uno de ellos le dijo que había leído algo sobre una figura borrada en el archivo catedralicio, aunque no recordaba en qué fechas. En las pesquisas que emprendió a continuación en el archivo, encontró un registro fechado el 17 de febrero de 1600 en el que el cabildo, entre sus muchos encargos, licencias y órdenes, «manda que Martín de Aresti (Canónigo Magistral de la Catedral de Burgos fallecido en 1609) haga quitar el rostro de la figura que está en la entrada del claustro a la mano izquierda, para evitar supersticiones». ¿Era ésta la figura a la que se refería?

Registro del archivo catedralicio
Registro del archivo catedralicio – José Antonio Gárate

«El documento se prestaba a la confusión. Se podía pensar que era una figura de la puerta de entrada al claustro, pero cuando encontré el original, titulado “Figura del claustro“, se disiparon mis dudas. Solo una casa con esta figura», continúa el investigador.

El escrito original recoge que ese día «el Cabildo mandó que el doctor Aresti si le pareciere que conviene por escusar (sic) supersticiones haga quitar el rostro de la figura que está a la entrada del claustro a la mano de la izquierda».

Gárate ha tratado de averiguar qué representaba esa figura y qué supersticiones la rondaban, aunque por el momento con poco éxito. «No hay documentos sobre la construcción del claustro alto y no se sabe a qué responde su decoración iconográfica», explica mientras lamenta la escasez de estudios sobre este lugar, «uno de los mejores claustros góticos de Europa».

Espantar el mal y los espíritus

La historiadora suiza Regine Abegg, autora de la obra «Königs-und Bischofsmonumente. Die Skulpturen des 13. Jabrbunderts im Kreuzgang der Kathedrale von Burgos» publicada en Zurich en 1999, cree que probablemente el mutilado fuera un monje benedictino.

Capitel en la iglesia romanica de San Juan Bautista de Grandson, en Suiza, con la representación de un monje tirando la lengua
Capitel en la iglesia romanica de San Juan Bautista de Grandson, en Suiza, con la representación de un monje tirando la lengua – Flickr/kristobalite

«Puede ser que al principio estuviera representado con una cara grotesca, como caricatura (existen muchas ménsulas de este tipo en iglesias románicas y góticas, expresión de un cierto anticlericalismo o autocrítica, como en la iglesia románica de Grandson, en Suiza) y puede ser que en época de un clericalismo más rígido, como era en 1600, el cabildo ya no aceptara tales representaciones -también por miedo a malentendidos o supersticiones- y mutilara los rasgos caricaturescos», aventura Abegg antes de subrayar que «esto es una hipótesis».

Gárate apunta, sin embargo, que «hay otras figuras burlonas en la catedral que no se quitaron». ¿Por qué solo ésta?, se pregunta.

A su juicio, tampoco su negra vestimenta correspondería forzosamente con la de un clérigo o un monje. «También podría ser la de un laico», sostiene, como el atuendo de un arquitecto. Quizá del propio Maestro Enrique, constructor del claustro alto de la catedral. «Hay casos posteriores, en el siglo XV, en los que nos consta por documentación que se ha conservado que algunos maestros se retrataron en sus obras en Alemania», explica. No hay constancia de que esto ocurriera en el claustro alto de la catedral de Burgos, pero tampoco resultaría extraño, en su opinión. La situación de la ménsula, adosada a un contrafuerte del Sarmental, «un contrafuerte importante» de la seo burgalesa, podría ser significativa.

El claustro alto de la catedral de Burgos
El claustro alto de la catedral de Burgos – José Antonio Gárate

O quizá fuera un «ídolo apotropaico», como sugiere el antropólogo y escritor vallisoletano Luis Díaz Viana, prestigioso investigador de la cultura popular. «Muchas de las figuras de estos capiteles tenían un uso y finalidad como figuras o “ídolos apotropaicos”, es decir, para espantar el mal y los espíritus», explica.

«La enigmática frase sobre las supersticiones, si se aplica en concreto a esta figura, podría ir por ahí», añade Díaz Viana.

Ésta es, por el momento, la idea que más convence a Gárate. «Es posible que los burgaleses se acercaran al misterioso personaje con la creencia de que atraía el bien, o por el contrario evitaran esta parte del claustro para no toparse con él -aventura- y el cabildo decidiera acabar con ello». Probablemente nunca se llegue a saber con certeza porque «si se borró por una causa así no se van a encontrar documentos que lo describan. De un tema “feo” no se dejaría constancia por escrito», sostiene este especialista vasco en Gestión del Patrimonio, que sigue buscando alguna descripción antigua del claustro alto en la que se aluda a la figura antes de que le borraran su rostro.

Afortunadamente, en la restauración realizada en el claustro alto se optó por no reintegrar las partes deterioradas de las figuras y la misteriosa ménsula permanece así, sin cara, como testimonio de una de tantas curiosidades del claustro alto de la catedral de Burgos, que también son parte de su historia.

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