El ministro de Justicia de EE.UU. pagará 30.000 dólares por una fiesta en el Hotel Trump

Cuando Donald Trump llegó a la presidencia, prometió separar sus negocios de la administración pública. Tarea complicada, sobre todo porque la gigantesca empresa inmobiliaria sigue en manos de la familia y se ha convertido en un imán para un nutrido grupo de funcionarios, diplomáticos, amigos y arribistas que buscan congraciarse con el presidente visitando alguno de sus lujosos hoteles. El último, su propio ministro de justicia, que hará su fiesta navideña en el Hotel Trump Internacional de Washington. Tampoco es que su caso sea excepcional: el propio presidente quiere que el próximo G-7 sea en un resort de su propiedad en Miami.

La fiesta navideña que suele organizar el actual fiscal general (ministro de Justicia) William Barr tendrá lugar el 8 de diciembre en el hotel Trump de Washington. El precio, según la factura que ha obtenido el diario The Washington Post, es de 30.000 dólares (27.000 euros) por una fiesta para 200 personas con bufé y barra libres. El gobierno ha explicado que el ministro pidió primero un presupuesto a otros hoteles de cinco estrellas, como el Willard o el Mayflower, pero que los salones de estos estaban ya reservados en esas fechas.

En el hotel que Trump regenta en Washington desde 2016 —antes fue la sede histórica de las oficinas centrales del servicio de correos— hay un constante trasiego de altos funcionarios, norteamericanos y extranjeros. Es una norma no escrita en Washington que quien quiere llevarse bien con el presidente debe, de vez en cuando, organizar algún evento allí. Presentaciones de libros, pases de películas, cócteles… cualquier excusa es buena para dejarse ver en el hotel Trump Internacional. Lo han hecho hasta los hijos del presidente brasileño, Jair Bolsonaro.

Según un reciente informe de la organización no gubernamental Crew, «el hotel Trump de Washington es el mayor beneficiario del gasto político registrado. En dos años y medio ha ingresado al menos 2’4 millones en gasto de índole política que puede ser identificado». Según un detallado recuento de este grupo, ha habido 193 eventos en esas instalaciones, pagados por altos funcionarios y asesores en el gobierno estadounidense.

Altos funcionarios como húespedes

Los diplomáticos extranjeros también han tomado nota. La embajada de Kuwait celebró su fiesta nacional en febrero en el hotel Trump. Se han alojado en este altos funcionarios que han visitado Washington de Turquía, Yemen, Arabia Saudí, Oman, Irak, Sudán, Yemen y Libia. Es más, han mantenido reuniones en él el presidente y primer ministro de Rumanía y el vicepresidente de Nigeria. Desde que el presidente entró en la Casa Blanca han visitado hoteles de su propiedad 111 funcionarios procedentes 57 países extranjeros, según el informe de Crew.

A diferencia de sus predecesores, el presidente Trump no cobra salario por hacer su trabajo. Mientras esté en la Casa Blanca la empresa familiar la gestionarán sus hijos Eric y Donald Jr. Lo que sí hace el gobierno es pagar los viajes del presidente y del abultado séquito que suele desplazarse con él. Y según una estimación de Crew, Trump ha pasado un tercio de su presidencia en sus hoteles, principalmente en los resorts de Mar-a-Lago en Florida y Bedminster en Nueva Jersey.

A principios de año, The Washington Post reveló que según varios informes internos de la empresa familiar, estos hoteles, campos de golf y complejos residenciales están sufriendo un notable descenso de facturación desde que Trump se estrenó en la presidencia. El más afectado, según esa investigación, el el campo de golf Trump en Doral, un complejo de lujo de 643 habitaciones y 300 hectáreas dentro de la zona metropolitana de Miami.

El G-7 de 2020, en territorio de Trump

Y precisamente allí quiere organizar el presidente la próxima reunión del G-7, o al menos dijo que lo está considerando durante la cumbre del fin de semana pasado en Biarritz: «Es un lugar maravilloso. Es un área muy, muy exitosa de Florida. Está, muy importante, a solo cinco minutos del aeropuerto. El aeropuerto está justo al lado. Es un gran aeropuerto internacional, uno de los más grandes del mundo… En Doral tenemos una serie de magníficos edificios; los llamamos bungalows. Cada uno tiene de 50 a 70 habitaciones muy lujosas con magníficas vistas. Tenemos increíbles salas de conferencias, increíbles restaurantes».

Después las autoridades municipales de Doral confirmaron que no era un farol, y que la Casa Blanca les había advertido hace dos meses de que es una de las ubicaciones que están estudiando, finalista junto a otra docena de hoteles. Es probable que no sea el lugar seleccionado, sobre todo por los problemas de seguridad que entraña organizar una cumbre con los siete jefes de gobierno más poderosos del mundo dentro de Miami. De todos modos, el presidente se ha marcado un gran tanto de relaciones públicas: todo el mundo está habland de su resort en Doral.

Es cierto que los demócratas y algunos medios han hurgado en la hemeroteca y han encontrado reclamaciones por chinches y cucarachas en ese hotel entre los años 2015 y 2016. El presidente, como suele, ha denunciado que no son más que noticias falsas («fake news»).

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