El mercado del alquiler en Galicia, al borde del colapso por la falta de casas

En las ciudades gallegas, dos de cada diez personas viven alquiladas. Lo hacen porque su sueldo les impide acceder a una casa en propiedad, porque no tienen la estabilidad laboral suficiente o porque están desplazados por motivos de trabajo. Las causas son diversas, pero el problema es único y alarmante: la falta de viviendas en los grandes de núcleos de población gallegos amenaza con llevar al colapso al mercado inmobiliario. Así lo entienden los profesionales del sector, que tiran de estadística para revelar que en el último año la bolsa de viviendas en alquiler se ha reducido en Galicia en un 48 por ciento. De las 7.000 de principios de 2017 a las apenas 4.000 del stock actual.

La primera consecuencia de esta merma es el aumento de los precios del alquiler, una tendencia que lleva años detectándose, pero que ahora se ha disparado hasta cifras desconocidas en Galicia. La situación ha cobrado tintes tan inquietantes que desde la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias reconocen que la mayoría de las inmobiliarias urbanas y sus áreas de influencia tienen lista de espera para alquilar. «La bolsa es insuficiente y en cuanto les entra un piso en condiciones ya tienen una cartera de clientes esperando, porque la gente no puede pagar una renta de 700 u 800 euros», explica en una charla con ABC Benito Iglesias, presidente de la Fegein.

El viacrucis de la búsqueda

Radiografiando esta problemática, Iglesias aporta otras claves fundamentales a la hora de interpretar los datos. «De las apenas 4.000 viviendas que tenemos ahora disponibles para alquilar, muchas están en mal estado o tienen una ubicación muy complicada, por lo que en realidad no son arrendables al cien por cien», añade. Esta evidencia convierte el encontrar piso en un auténtico viacrucis que empiezan a conocer bien los vecinos de población como Santiago, La Coruña o Vigo, las ciudades más afectadas por esta distorsión en el mercado inmobiliario. Pero hay más.

«El problema de que no tengamos viviendas para alquilar se debe a dos motivos fundamentales: el parque de casas vacías y los apartamentos turísticos», clarifica el experto. La primera de las cuestiones es evidente en ciudades como Orense, donde se calcula que existen unas 14.000 casas en las que no vive nadie, pero que ni se alquilan ni se venden. La segunda cuestión es más compleja y abre un melón que trae a las grandes urbes de cabeza: el efecto Airbnb. El ejemplo más paradigmático dentro del territorio gallego es el de su propia capital, donde el apartamento turístico (casi 400) multiplica la oferta de alquiler clásico para estudiantes o familias (apenas 180). «Por eso Santiago va a ser la primera ciudad en colapsar, porque a la vuelta de la esquina tiene el Xacobeo y eso va a mover más población flotante que va a necesitar un lugar dónde vivir. Y al mismo tiempo, va a disparar el número de viviendas turísticas», alerta Iglesias.

La llamada de atención que lanza el sector inmobiliario empata con otro fenómeno hasta el momento impensable. Porque el arrendador que da el paso hacia el piso turístico no va a regresar al modelo del alquiler clásico. «Y es algo lícito —manifiestan los profesionales del ramo— porque las rentabilidades son mucho mayores por alquileres solo de temporada». El desembarco del Airbnb en Galicia es ya patente no solo en la capital sino en la mayoría de los municipios costeros. La localidad que mejor lo ejemplifica es Sanxenxo, el concello gallego con el alquiler más caro de toda Galicia gracias a los sobreprecios que se llegan a pagar durante la temporada estival.

Misma mentalidad, menos dinero

Este cóctel agitado —crisis, movilidad laboral y apartamentos turísticos— ha puesto patas arriba un mercado hasta hace poco estable y que ahora se enfrenta a una nueva realidad para la que no tiene respuesta. «Cada vez va a haber más gente que pida alquilar. Y no por un cambio de mentalidad, sino porque sus condiciones los obligan a ello. El problema es que cada vez hay menos casas dentro del circuito tradicional y esto va a ir a peor», insisten desde el sector. La receta para encarar lo que está por venir también la dan los expertos y apunta directamente a movilizar el stock de casas vacías de las ciudades gallegas. ¿Cómo? «Pues vía incentivos fiscales y bonificaciones. Dándole seguridad jurídica al propietario. Por ejemplo, que los ingresos por alquiler se deduzcan vía IRPF, que si alquilan a jóvenes menores de 35 o mayores de 65 no paguen el IBI… Si estimulas fiscalmente al propietario, él va a ver que le resulta rentable derivar su casa hacia al alquiler. Si no, queda parada», recetan desde la Fegein.

A día de hoy, el precio medio del alquiler en Galicia ronda los 310 euros, aunque el dato invita al error, porque en núcleos como Vigo el precio medio de un alquiler por un piso de 80 metros cuadrados ronda los 680 euros, los 610 en La Coruña o los 500 en Santiago. Al otro lado de la balanza están los más de 250 municipios rurales gallegos que acaparan solo un 20 por ciento de la población y en los que el mercado del alquiler es casi anecdótico. «Hablamos de un comportamiento asimétrico, porque las tensiones en el mercado del alquiler se circunscriben a las ciudades y su periferia. Esto no pasa en los 313 concellos, porque en la mayoría el alquiler es muy poco significativo y en los de menos de 5.000 habitantes ni se construye, ni se vende, ni se rehabilita. Esa es nuestra realidad, guste o no», resuelve Benito Iglesias. A la postre, dos Galicia dividas —también— por el precio de un techo bajo el que vivir.

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