El Madrid no piensa en Mourinho

¿Qué es el mourinhismo? La Real Academia de la Lengua Española no reconoce aún el término como una explicación lógica, quizá porque no la tenga. Dícese que el mourinhismo es una enfermedad crónica, impredecible, que disfrutan cientos de miles de madridistas que avalan su manera de ejercer el poder omnímodo que protagonizó en el Real Madrid durante tres años, desde 2010 a 2013. Unos seguidores que apoyan el ardor del luso para exigir a los futbolistas la entrega total. Unos incondicionales que bendicen su forma de conseguir la obediencia que los jugadores le demostraron. Unos aficionados que vivieron su éxito con tácticas revolucionarias que transformaban un partido perdido en ganado, pasando a la defensa de tres con un 3-4-3 ofensivo. Unos forofos que le rindieron honores con la Liga de los récords 2011-12. Un madridismo que nunca olvidará al mejor Real Madrid de contragolpe de la historia.

El análisis del Real Madrid: la cúpula de la casa blanca opina que su tiempo pasó, pero hay profesionales que le ven como una posible solución de futuro, como sucedió en 2010

Es un madridismo sanguíneo el que ama a Mourinho. El que solo ve la cara A del disco, la buena. Y el que solicita ya que vuelva al Real Madrid nada más ser despedido del Manchester United. Algunas de esas peticiones escucharon ayer diversos directivos y profesionales de la entidad.

El mourinhismo ensalza que supo tutear al mejor Barcelona de la historia y ganó a los azulgranas la Copa del Rey 2011 y la Liga de los récords 2012, además de la Supercopa de España; solo ve su cara A del disco. Los enemigos critican sus «hogueras» constantes que perjudicaron ostensiblemente la imagen institucional del club

Miles de llamadas y mensajes se cruzaron ayer por la mañana en Madrid al conocer la noticia de la destitución del portugués. Las redes sociales se incendiaron como cuando Mourinho entraba al capote en las ruedas de prensa. Pero la postura del club blanco es de tranquilidad. Tiene entrenador. No contempla el regreso de Mourinho, ni ahora ni en junio. Confía en Solari, que ha firmado un contrato hasta 2021.

Un ganador incendiario

El portugués, no obstante, siempre ha sido un técnico bien valorado en la cúpula del Real Madrid y tiene adeptos en la directiva y en otros estamentos de la casa. A su favor juega su carácter para imponerse a un vestuario y su espíritu ganador, dos hechos importantes en un equipo de esta envergadura, que siempre necesita un técnico con capacidad de mando por encima de cualquier otra virtud. En contra juegan sus formas provocativas y los enemigos que genera, lo que significa un perjuicio evidente al calentar cada partido innecesariamente. Pero lo que más perjudica es el daño que realiza a la imagen de la institución. Salió muy deteriorada en aquel trienio, pues su estilo es el polo opuesto al comportamiento tradicional del Real Madrid. «Por favor que se vaya ya», manifestaban los empleados hace un lustro.

Conmigo o contra mí

El setubalense estuvo tres temporadas en la casa blanca y hay una realidad en la que todos, defensores y adversarios, concuerdan: no deja indiferente a nadie. Suscita el apoyo o la animadversión. Para Mourinho no hay objetividad: estás conmigo o contra mí. Y ese posicionamiento crea muchos problemas al club en el que milita. Es ese protagonismo excesivo su mayor «hándicap», superior incluso a su fracaso deportivo en el Manchester United, para retornar al Real Madrid, que elige la discreción como modo perenne de vida.

La postura dominante en la cúpula del Real Madrid es que el tiempo de Mourinho ya pasó y que no es hora de comenzar una segunda parte. Sus defensores señalan, sin embargo, que ya vino a la entidad en un momento crítico y supo tutear al mejor Barcelona de la historia, al que venció en la Copa del Rey 2011 y en la Liga de los récords del año siguiente. Esos adeptos indican que quizá haga falta llamarle de nuevo a corto plazo para dar otro golpe de reafirmación, porque para eso es único. No le cierran la puerta y aconsejan no cerrársela.

El apoyo social

Quien la abre es el propio «Mou», que ya ha dejado entrever que diría «sí» a una hipotética llamada de la casa blanca. Se marchó hace cinco años con mal sabor de boca, enfrentado a la prensa y vapuleado por sufrir una tercera temporada sin títulos. Pero el tiempo pasó y el portugués reflexionó. En el Bernabéu dejó decenas de miles de mourinhistas para siempre. Lo sabe y lo subraya. Muchos dicen que tiene a favor un tercio de la afición madridista, pero que son los que más hablan. En las encuestas de los últimos años decían «sí» a Mourinho casi el 60 por ciento de los que votaban.

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