El Madrid busca a Marcelo

Estadio Lillekula, Tallín. Minuto 79 de la Supercopa de Europa. Con 2-1 a favor del Real Madrid y el partido bajo control de los blancos, Marcelo decide evitar en campo propio, a la altura del área blanca, un saque de banda. Lo hace con un sombrero de espaldas a Juanfran, el futbolista del Atlético que le encima en esa acción. La absurda frivolidad del brasileño supone el germen del empate a dos. El lateral colchonero se hace con el balón en el lateral del área, combina con Correa y este asiste a Diego Costa que de primeras pone las tablas y lleva el partido a la prórroga. El tanto deja en evidencia a Marcelo, que un mes después sigue perdido sobre el terreno de juego.

Su inicio de temporada es una fotocopia del de la pasada. Cada curso que pasa, al brasileño le cuesta más arrancar. Este verano, con el Mundial de por medio, la penalización es aún mayor: pocas vacaciones, pretemporada corta y un año más en el pasaporte. Si a eso le sumas otra campaña sin competencia real en la plantilla, el resultado es una titularidad por decreto no siempre merecida.

Sus números ante el Athletic el pasado sábado son preocupantes: 15 pérdidas de balón, el que más junto a Bale; 11 pases fallados, apenas un 78 por ciento de acierto; ninguna falta cometida ni provocada y ningún centro al área. Datos que se suman a un inicio de Liga flojo, donde aún no ha aportado ni una sola asistencia, una de sus especialidades, ni ha visto portería, otra de sus muchas virtudes a pesar de su posición.

Balance global pobre

La crítica en la parcela ofensiva es proporcional al talento de Marcelo. La influencia del brasileño en el Real Madrid de la última década es bestial. En sus picos de forma, Marcelo ha ganado partidos de Copa y Liga, y eliminatorias de Champions. Su zozobra y verticalidad a la hora de mirar hacia el marco contrario es ADN del Madrid del siglo XXI, y su baja forma en este primer mes de competición ha sido cómplice del naufragio en la Supercopa de Europa contra el Atlético y de las contrariedades en esta cuatro primera jornadas de Liga: «Me pongo todos los partidos para ver dónde he fallado y no cometer los mismos errores. A mí no me gusta ver solo mis goles», desvelaba recientemente

Si le hacemos caso, ha pasado tiempo delante del televisor Marcelo en esta últimas semanas. Sus grietas en defensa son aún más profundas que las de medio campo hacia adelante. En Montilivi y San Mamés, Gerona y Athletic fabricaron por su zona las jugadas de mayor peligro. Desidia a la hora de recuperar el sitio, facilidades a la espalda y falta de velocidad en el uno contra uno. Una parálisis que no ha sido pasada por alto por Lopetegui, pero que parece no haber surtido el efecto deseado: «Me ha sorprendido el cambio pero respeto la decisión. Yo quería seguir porque me encuentro bien, al 100%. Entender el cambio no lo entiendo, pero lo respeto; quiero jugar siempre», explicó Marcelo tras el partido ante el Gerona, en el que fue sustituido por Nacho mediada la segunda mitad.

En Bilbao, el brasileño dejó un par de detalles, control acrobático tras pase largo de Bale y sombrero a Susaeta para zafarse de la presión, que provocaron la ovación de San Mamés, campo habitualmente muy hostil hacia el Madrid, pero sus filigranas no le resarcen de otro partido deficiente. Mañana, ante la Roma, en el estreno de la Champions, Marcelo tiene un escenario idóneo para dar la vuelta a su rendimiento y empezar a demostrar por qué ha sido el mejor lateral izquierdo del mundo en las últimas temporadas.

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