«El latido de la tierra», la redención por el amor

Luz Gabás (Monzón, Huesca, 1968), es una de esas autoras que adquieren fama ya desde su primera novela. En 2012 publicó «Palmeras en la nieve», que se convirtió en una de las narraciones más comentadas ese año, y tanto fue así que en 2015 se hizo una versión cinematográfica con dirección de Fernando González Molina y con Adriana Ugarte de protagonista y que consiguió el Goya a la mejor dirección artística. A partir de ahí todo fueron parabienes, y después, en 2017, «Como fuego en el hielo», que la consagró como una de las autoras con éxito surgidas en los últimos años. Luz Gabás, como podemos intuir en algunos de sus títulos, gusta del claroscuro, del contraste destacado, dejando a un lado las grisallas y los detalles sutiles de la novela de corte pisicológico para adentrarse más en una dramatización de los sentimiento. Luz Gabás pasó su niñez y adolescencia entre valles pirenaicos, Cerler y Serrate, y después pasó un tiempo en California antes de estudiar filología inglesa en Zaragoza e irse a vivir a Benasque, otro valle, donde actualmente reside.

Voz a lo telúrico

Estos ligeros apuntes biográficos no son asunto baladí pues conforman buena parte del tono que nos vamos a encontrar en sus novelas y que expresan sentimientos casi primarios y muy contrastados, en contraposición al paisaje ancho de las llanuras, donde los sentimientos se fugan, se diluyen en las lejanías. Así, por ejemplo, en esta última novela de su autora, «El latido de la tierra», se vuelve a dar voz a lo telúrico, a lo que representa la naturaleza y cuyo asunto central, es la definición de lo que sea el amor. Ni que decir tiene que este sentimiento es parte esencial de la narrativa de Luz Gabás.

Aquí se describe la situación de Alira, una mujer que es heredera de la mansión familiar, que no sabe si adaptarse a los nuevos tiempos o seguir manteniéndose fiel a los mandatos de su origen. Ese contraste, se presenta siempre en blanco y negro… tradición y llamada de la sangre versus adaptarse a las necesidades prácticas de una sociedad en continuo cambio. De nuevo, la mirada desde el valle, de defensa. De esta manera, Alira recurre a la memoria para dilucidar ese contraste, que se resolverá a partir de la desaparición de la única persona que habitaba esa casa en un pueblo desierto: «Luego, los años universitarios. La primera separación; el interés por la moda, por el cine, por la cultura, por estar al día de todo, como si necesitara formar parte de cada rincón del mundo; la permanente ebullición; las nuevas amistades…» en esta cita de la novela se contienen los dos mundos que terminan enfrentándose: el del origen y la adaptación al mundo, la seguridad del valle, la que da escuchar el latido de la tierra, y el ruido, el caos. El abierto contraste de la vida.

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