El independentismo se desploma mientras los líderes del «procés» pierden popularidad

Por primera vez desde junio de 2017 hay más catalanes contrarios a la independencia que favorables a la secesión. Así lo afirma la última encuesta realizada por la Generalitat a través de su Centro de Estudios de Opinión (CEO). Según este barómetro, cuya última oleada fue difundida ayer, el 48,3% de los ciudadanos entrevistados no quieren que la comunidad se convierta en un Estado independiente. Un 44% sí respalda esta opción.

Con estos resultados, el soberanismo se va de vacaciones mostrando claros signos de agotamiento y con unas bases que ya no llenan las calles a golpe de convocatoria oficial. En comparación con la anterior edición de la encuesta, presentada en marzo, el apoyo a la secesión que impulsa el presidente catalán, Quim Torra, se apunta una caída de 4,4 puntos. A su vez, los contrarios a la ruptura con el resto del Estado suben un 4,2 por ciento en cuatro meses.

La opción independentista se antoja todavía más débil cuando se ofrece junto a otros modelos territoriales en los que no se rompa con el resto de España. Así, mientras un 34,5% de los entrevistados dice querer que Cataluña sea «un Estado independiente» (opción que cae 5,2 puntos) el 59,3% prefiere ser una comunidad autónoma, un «Estado federado» con España o una región. Las tres opciones crecen en comparación con la anterior oleada de la encuesta, realizada a 1.500 ciudadanos entre junio y julio.

Panorama electoral

Si los resultados cosechados por el movimiento independentista en su conjunto no son muy esperanzadores para Puigdemont, Junqueras y compañía menos lo son aún las perspectivas electorales de los partidos secesionistas. En un momento de clara competencia entre ERC y Junts per Catalunya por ver quién se impone como referente ante los votantes soberanistas, el CEO identifica un notable deterioro de ambas opciones.

En unas eventuales elecciones autonómicas ERC lograría imponerse a los acólitos de Puigdemont. Así, los republicanos podrían obtener entre 38 y 40 diputados frente a los 25-27 que podrían reunir los neoconvergentes. Sumados estarían rozando la mayoría. Para rebasarla deberían sumar a la ecuación a los antisistema de la CUP, que, previsiblemente, volverían a recuperar posiciones en el Parlament, reuniendo a 6-7 diputados. Por su parte, los partidos constitucionalistas verían alterada también su correlación de fuerzas. El PSC de Miquel Iceta podría imponerse a Ciudadanos, que ganó las elecciones autonómicas de 2017 con la candidatura de Inés Arrimadas. También seguiría presente en la Cámara catalana el PP de Alejandro Fernández, con tres escaños. Cerrarían el arco los comunes, que según el CEO lograrían 11-12 de los 135 diputados de la Cámara autonómica.

Desde Ciudadanos, el diputado Carlos Carrizosa quiso relativizar los resultados que les otorga una encuesta que calificaron de «propaganda pagada con dinero público». Así, el dirigente liberal resaltó elementos como que en el barómetro ERC tiene un recuerdo de voto aproximadamente cuatro veces superior al de la formación naranja y se mostró confiado en volver a imponerse como fuerza más votada en las proxímas elecciones.

Líderes suspendidos

La encuesta revela una caída de la popularidad de los principales líderes independentistas. De Torra a Junqueras, pasando por los fugados Carles Puigdemont y Marta Rovira (la secretaria general de ERC escondida en Suiza), ninguno se salva. Algunos de ellos, incluso, ven asomarse la temible sombra del olvido.

En el caso del presidente catalán, suspende de nuevo con un 4,15 (cuatro décimas menos que en marzo); Junqueras, tradicionalmente el dirigente independentista con más tirón también cae y pasa del 6,37 al 6,2. A su vez, Carles Puigdemont se asienta en el suspenso al pasar del 4,6 al 4,3 sobre diez. Sin embargo, el caso más significativo es el de la «exiliada» Marta Rovira. En el anterior informe la conocían el 93,1% de los votantes de ERC. Ahora solo se acuerdan de ella el 89,6%.

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