El gran teatro de los votos

El fin de semana, Cristina Fernández de Kirchner sumó, con ese mismo dominio verbal que ya la convirtió en una estilista de fuste, otra frase en esa lengua que tanto le gusta y que el recordado periodista Andrew Graham-Yooll habría definido como espanglish: “ Sorry, con la comida estamos igual que Venezuela”. Dos días después, Alberto Fernández decidió moderar -o directamente refutar- la afirmación: “Está claro que la condición de Venezuela es mucho más grave que la argentina”.

Así pasó otras veces antes, así seguirá pasando de ahora en adelante, y no parece que sea accidental. Da la impresión, más bien, de que la fórmula Alberto-Cristina sigue al pie de la letra las reglas del policía bueno y el policía malo. Para quien no lo recuerde, es esa vieja estrategia de negociación en la que, ante un tercero y con fines persuasivos, uno se muestra “blando” y el otro “duro”. El tercero implicado es el votante un poco alejado del integrismo kirchnerista. Alberto parece entonces “lo menos malo” y presenta para ese votante perfiles más seductores.

Pero en realidad el policía bueno y el policía malo persiguen en ese juego las mismas metas. Pura actuación en el gran teatro de las elecciones.

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