El Gobierno aguanta a Delgado para no frustrar la legislatura

El Gobierno aguanta la presión y evita romper puentes con la ministra de Justicia, porque todos son conscientes de que una tercera dimisión sería letal para el futuro de la legislatura. El Ejecutivo vive su tercera semana negra consecutiva y con el precedente de la dimisión de Carmen Montón todavía muy reciente el Gobierno tardó ayer mucho en salir públicamente a respaldar a la ministra.

Pero al contrario que en la víspera, sí se emitió desde el Ejecutivo un mensaje de acompañamiento a Delgado. Lo tuvo que hacer la portavoz, Isabel Celaá, a su llegada al Senado: «El Gobierno tiene y mantiene plena confianza en la ministra de Justicia», aseguró Celaá, que también tildó de «manipulación» las grabaciones hechas públicas los últimos días. Con el presidente de gira en Estados Unidos hay miembros del Gobierno que echaban en falta una directriz más clara sobre cómo gestionar el caso. Dudas surgidas ante la incredulidad que algunos de ellos muestran en privado sobre la confusión de las explicaciones desde Justicia. Se considera que sin esos «errores» el caso tendría mucho menor recorrido.

Con Sánchez ausente, todas las miradas estaban puestas en la vicepresidenta, Carmen Calvo. Pero, al contrario de lo que iba a hacer Celaá más tarde, la vicepresidenta se mostró errática en su respaldo a la ministra: «Se va a defender ella estupendamente», contestó Calvo cuando se le preguntó si respaldaba a la ministra. Declaración que hizo a la carrera. Como también fue la siguiente en la que se le preguntó si la ministra podía seguir en el cargo: «Perfectamente se va a mantener».

Tras el mutismo del día anterior y hasta que por la tarde Celaá y con matices Calvo rompieron el silencio, tuvo que ser la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, la que asumiese la defensa del Gobierno. Salvo el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que intentó enterrar la polémica, ninguno de los demás ministros que acudieron al Senado quisieron pronunciarse sobre el caso. Lastra desplegó la estrategia de poner por delante el rechazo al «chantaje» del comisario Villarejo: «A este Gobierno no le va a chantajear nadie, ni siquiera las cloacas del Estado». Puso en valor que Delgado «se ha explicado» y vendrá a comparecer al Congreso: «Cuenta con el apoyo de este grupo y de este partido», zanjó Lastra, consciente del pesar y la incertidumbre que existe en muchos cuadros del partido sobre la duración de la legislatura. Dudas que ya están bien asentadas en el Consejo de Ministros.

Arrebato de orgullo

En el PSOE no hay nadie que no reconozca su incertidumbre por la posibilidad de que nuevas grabaciones vean la luz. Es más, se muestran convencidos de ello. Pero la consigna que ayer se extendía en las filas socialistas fue una especie de arrebato de orgullo.

Existe preocupación y se reconoce lo equivocado de sus explicaciones, pero entre los principales dirigentes del partido se extiende la idea de que, en estos momentos, Delgado no tiene que dimitir. «Mucha de nuestra gente nos dice que ya está bien, que tenemos que aguantar y atacar», reflexionaba un dirigente, que atribuía a esa necesidad el estilo parlamentario que desplegó ayer Delgado en la sesión de control al Senado: «Algo acelerada, pero es lo normal».

La conciencia de que una nueva dimisión podría producir un adelanto electoral provocó ayer un cierre de filas entre los principales dirigentes, que en privado denunciaban su hartazgo: «Cuando tú pones el listón muy alto pero solo lo saltas tú llega un momento que dices “vale ya”».

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