El gobernador del Palacio. Retrato pol铆tico de Miguel 脕ngel Pichetto

Miguel Pichetto no es Frank Underwood, el pol铆tico impiadoso y estereotipado que interpretaba Kevin Spacey en House of Cards. Se parece m谩s a un personaje de novela negra, esas que lee con voracidad Fuente: LA NACION – Cr茅dito: Fabian Marelli

El lunes pr贸ximo llegar谩 a las librer铆as Los Secretos del Congreso, el libro de Gabriel Sued, periodista de LA NACION y acreditado en el Parlamento desde 2009. La obra, editada por Peng眉in Random House, es una radiograf铆a a fondo de un lugar inigualable del sistema pol铆tico argentino. Aqu铆 se reproduce completo uno de sus cap铆tulos: El gobernador. Retrato pol铆tico de Miguel 脕ngel Pichetto

Los secretos del Congreso, libro escrito por Gabriel Sued

Miguel 脕ngel Pichetto recorri贸 sin prisa el trayecto que va desde la sala de reuniones del bloque del PJ hasta su despacho, en el segundo piso del Palacio. Fernando, uno de sus asistentes, le hab铆a avisado que ten铆a una llamada de Mauricio Macri. El jefe de la bancada peronista, la m谩s numerosa de la oposici贸n en el Senado, no se sorprendi贸: la estaba esperando. Eran las 14:30 pasadas del 11 de junio de 2019. Mientras caminaba hacia su escritorio, con la vista fija en los pisos de madera, repas贸 mentalmente una frase de Jorge Luis Borges, que hab铆a recordado la noche anterior, despu茅s de los primeros sondeos del oficialismo, y que repetir铆a horas m谩s tarde, en conferencia de prensa: “Ante la duda, primero el coraje”. Sab铆a que despu茅s de atender el tel茅fono, no habr铆a margen para el retroceso. A los 68 a帽os, en el ep铆logo de su trayectoria pol铆tica, estaba a punto de darle un vuelco dram谩tico a su carrera, un desenlace estremecedor que cambiar铆a dr谩sticamente su futuro y se proyectar铆a hacia atr谩s para resignificar todo su pasado, toda su vida. El di谩logo fue breve y directo.

-Miguel, te llamo porque te quiero proponer que me acompa帽es como candidato a vicepresidente.

-Muchas gracias, presidente. Desde ya le digo que s铆. Estoy dispuesto a acompa帽arlo. 驴Usted lo pens贸 bien? 驴Est谩 completamente seguro?

-S铆, muy bien, muy seguro. M谩s tarde nos juntamos y charlamos.

El presidente hizo el anuncio a las 16:04. Su flamante compa帽ero de f贸rmula enfrent贸 a la prensa una hora m谩s tarde, en el Sal贸n Eva Per贸n, del Senado. “No estoy emocionado. Las emociones no forman parte de mi temperamento”, brome贸, con gesto serio, para alivianar el peso de lo que estaba sucediendo. Era imposible. Despu茅s de treinta y seis a帽os de recorrido en el PJ y de un cuarto de siglo en el Congreso, donde obedeci贸 e hizo obedecer sin reservas las 贸rdenes de cuatro presidentes del peronismo, Pichetto, un emblema de la disciplina partidaria, se cambi贸 de bando.

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Pichetto es el Senado y el Senado es Pichetto. Lleg贸 a la c谩mara veinte d铆as antes del estallido de la crisis de 2001, despu茅s de ocho a帽os como diputado nacional, en los que se mantuvo leal a Carlos Menem. Asumi贸 la jefatura de la bancada peronista en diciembre de 2002, durante el gobierno de Duhalde. Consolid贸 su poder con la llegada de N茅stor Kirchner y, en la madrugada del 17 de julio de 2008, con Cristina Kirchner como presidenta, pronunci贸 un discurso que qued贸 en la historia, en el cierre del debate por la resoluci贸n 125. Pese a que su sue帽o siempre fue irse del Congreso para gobernar R铆o Negro, su provincia adoptiva, se convirti贸 en el senador m谩s influyente desde el regreso de la democracia y, por lejos, en el dirigente con m谩s peso dentro del Palacio.

Fue Pichetto quien impuso y convirti贸 en tradici贸n de la c谩mara la regla que proh铆be aplaudir en las sesiones y en las reuniones de comisi贸n. “Eso de aplaudir y gritar, o de tirar papelitos, como hacen en la otra c谩mara, son estupideces emocionales que no van con la pol铆tica”, dice, en la sala de reuniones del bloque, la misma donde se plant贸 frente a los gobernadores. Es Pichetto quien no deja que se tome mate dentro del recinto y quien exige a los senadores que vistan de traje. “Lo del mate me parece grotesco. Yo tomo mate, pero no en el recinto. Hace a una est茅tica y a formas que se conectan con la tradici贸n. Todo se puede degradar: ma帽ana pueden venir con pantalones cortos. Esto no es una sociedad de fomento o una comisi贸n directiva de un club de barrio”, argumenta, mientras se frota las manos y se le escapa una sonrisa, como si a trav茅s de esos peque帽os gestos de provocaci贸n, saliera a la superficie uno de los costados m谩s genuinos de su personalidad.

Pese a que su sue帽o siempre fue irse del Congreso para gobernar R铆o Negro, su provincia adoptiva, se convirti贸 en el senador m谩s influyente desde el regreso de la democracia y, por lejos, en el dirigente con m谩s peso dentro del Palacio

Otro Pichetto aut茅ntico es el que se irrita cuando no se cumple con el reglamento o cuando se alteran los esquemas de una sesi贸n. En agosto de 2016, se enfureci贸 con Gabriela Michetti, cuando la vicepresidenta quiso intervenir en un debate, facultad reservada a los senadores. Le advirti贸 que si no se aten铆a a las normas, 茅l y los integrantes de su bancada iban a empezar a actuar “como oposici贸n”, casi en una confesi贸n de que hasta ese momento hab铆an sido muy receptivos de las necesidades del gobierno. En abril de 2018 detuvo un debate a los gritos, molesto por la actividad de los fot贸grafos. “隆Hace cinco horas que nos cruzan con fotos permanentes! 隆Foto, foto, foto! Que hagan la tarea previamente”, se quej贸, con gestos ampulosos. Michetti le acept贸 la “sugerencia”: los fot贸grafos se tomaron un descanso.

La palabra de Pichetto siempre importa. El Senado es su territorio, la provincia que s铆 pudo gobernar. Desde 2007, controla la seguridad del edificio, por medio de su amigo Mario Daniele, exsenador por Tierra del Fuego y prosecretario administrativo del Senado. “En el debate por la 125 quisieron meter al Movimiento Evita en las galer铆as y yo lo imped铆. Tambi茅n lo saqu茅 a patadas a De Angeli [Alfredo, dirigente de la Federaci贸n Agraria]”, se ufana el senador.

De muy buena relaci贸n con Di Pr贸spero, jefe del mayor sindicato legislativo desde 2004, Pichetto maneja a casi todos los secretarios de comisi贸n, cuenta una exsenadora del kirchnerismo con m谩s de una d茅cada de experiencia en el Congreso: “Vos sab茅s si una comisi贸n es importante cuando 茅l no te la quiere entregar”. Desde hace a帽os, el senador tiene una silla fija en las comisiones bicamerales de Fiscalizaci贸n de Organismos y Actividades de Inteligencia, y en la Mixta Revisora de Cuentas, el nexo con la AGN. Javier Fern谩ndez, representante del PJ en ese organismo desde 2001 y operador incombustible en los tribunales de Comodoro Py, es otro de los amigos del senador. “Ac谩 en el Senado te ten茅s que llevar bien con Pichetto -coincide un legislador radical, bajando el tono de voz, como si temiera que las paredes pudieran o铆rlo-. Tiene amigos en Servicios Generales, en la Biblioteca y en Automotores, y en algunos despachos hay cuadros de 茅l”.

En el verano de 2016, en medio de su pelea con el kirchnerismo por el control del bloque del PJ, Pichetto se jact贸 de su poder territorial. “Estoy ac谩 desde hace mucho tiempo y me entero de qui茅nes entran y salen de la casa y s茅 que algunos exfuncionarios estuvieron recorriendo despachos”, advirti贸, en una reuni贸n de bloque. Se refer铆a al exsecretario de Legal y T茅cnica Carlos Zannini y al exdirector de inteligencia Oscar Parrilli, dos dirigentes de m谩xima confianza de Cristina, que hab铆an hecho gestiones reservadas para que la bancada peronista dejara sin qu贸rum la primera sesi贸n convocada por Cambiemos desde la llegada de Macri a la Casa Rosada.

La palabra de Pichetto siempre importa. El Senado es su territorio, la provincia que s铆 pudo gobernar. Desde 2007, controla la seguridad del edificio, por medio de su amigo Mario Daniele, exsenador por Tierra del Fuego y prosecretario administrativo del Senado

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Cuando abri贸 los ojos, en una cama del Hospital Italiano, a Pichetto le dol铆a todo el cuerpo. Eran las 21:30 del 24 de diciembre de 1998. Dos d铆as antes, el entonces vicepresidente del bloque de diputados del PJ hab铆a quedado al borde de la muerte, por un accidente en la ruta 3, a la altura de Mayor Buratovich, una localidad del sur de la provincia de Buenos Aires. El auto que manejaba, desde R铆o Negro, choc贸 de frente contra un tractor, que se cruz贸 de carril, despu茅s de esquivar una zanja. Viajaban con 茅l su esposa y su hija, que tambi茅n salvaron sus vidas de milagro. Los bomberos los rescataron entre los hierros retorcidos y los llevaron al hospital Pena, de Bah铆a Blanca. Al d铆a siguiente, los trasladaron a Buenos Aires. Todav铆a medio dormido por efecto de los calmantes, Pichetto parpade贸 varias veces cuando vio qui茅n estaba sentado, en silencio, a un costado de la cama: el presidente Carlos Menem. Hab铆a llegado una hora antes, pero fren贸 a la enfermera cuando ella quiso despertar al paciente. Le pidi贸 que lo dejara dormir.

-Presidente, 驴qu茅 hace ac谩? Hoy es Navidad.

-Tranquilo, chango, ahora me voy a comer con Zulema.

Pichetto repite una y otra vez que “en pol铆tica no existen las cuestiones personales”. Pero jam谩s olvid贸 ese gesto. “Menem me ense帽贸 que en nuestra tarea la afectividad es un valor importante”, dice. Se hab铆an conocido en 1987, cuando el futuro presidente era gobernador de La Rioja y, ya lanzado a la carrera hacia la Casa Rosada, visit贸 la Patagonia. Pichetto era intendente de Sierra Grande, una localidad minera de unos 16.000 habitantes, en el sudeste de R铆o Negro. Lleg贸 ah铆 en 1977, con 27 a帽os, para trabajar en la empresa minera Hierro Patag贸nico, despu茅s de recibirse de abogado, en La Plata. Naci贸 en 1950, en Banfield, donde pas贸 su juventud. Se interes贸 en la pol铆tica por primera vez en la adolescencia por una novia que militaba en el Partido Socialista de los Trabajadores.

“Menem era un fen贸meno popular impresionante”, dice, mientras observa una foto de aquella 茅poca que los muestra juntos y que 茅l exhibe con orgullo debajo de la tapa de vidrio de su escritorio. Menem est谩 de remera y Pichetto, de camisa. En el mismo lugar hay una foto con N茅stor Kirchner, durante una recorrida de campa帽a de 2005: “Kirchner era un tipo duro, discut铆a, era agresivo, te llamaba, se reconciliaba… Manejaba todas las artes de la pol铆tica”. En el despacho no hay im谩genes de Cristina: “Ten铆amos un trato respetuoso. Pero ella es m谩s emocional. A veces, no entend铆a por qu茅 se enojaba. Es muy receptiva de su c铆rculo, de Zannini y Parrilli, que me odiaban. Ellos son m谩s ideol贸gicos”.

Pichetto fue el representante en el Senado de todos los gobiernos peronistas desde 2002 hasta 2015. Cuando Macri lleg贸 a la presidencia, sigui贸 siendo determinante para que se aprobaran las leyes que reclamaba la Casa Rosada. En Cambiemos reconocen su aporte sin reparos. “En Pichetto y Monz贸 [Emilio, el presidente de la C谩mara de Diputados] se explican el 80% de las leyes que sac贸 el oficialismo en esos a帽os. Se juntaban a comer todas las semanas”, cuenta un diputado influyente del Pro. “Pichetto es de las personas m谩s importantes para el gobierno en esta casa. Es lo m谩s parecido a un estadista. Macri deber铆a hacerle un homenaje”, confirma un senador radical.

Los kirchneristas dicen con desprecio que es “un oficialista de todos los gobiernos” porque “le gusta estar cerca del poder”. Despu茅s de su ruptura con Cristina, en el entorno de la expresidenta le descubrieron m谩s defectos. “Es un liberal conservador. Cree que la pol铆tica es una actividad de Palacio y que todo se maneja en el plano de la racionalidad. No comprende la dimensi贸n de lo popular, por eso nunca pudo ser gobernador”, dice un dirigente de La C谩mpora. “Es un bur贸crata obsesivo, un amante de lo procedimental, capaz de hacer lo peor y lo mejor con tal de cumplir con las normas ISO 9001 de funcionamiento del Estado”, ironiza un diputado.

En su entorno defienden a muerte al senador
En su entorno defienden a muerte al senador Fuente: Archivo – Cr茅dito: Ricardo Pristupluk

En su entorno lo defienden a muerte: “Tiene una visi贸n de Estado que trasciende el partido. 脡l nunca va a poner en riesgo a la Argentina”, dice uno de sus colaboradores. “En los dos primeros a帽os del gobierno de Macri logr贸 cambios estructurales. Las provincias pasaron a estar mejor que la naci贸n en lo fiscal”, sostiene un exsenador. Pichetto da una justificaci贸n pol铆tica: se帽ala que Cambiemos estaba en minor铆a en las dos c谩maras y que, por el tama帽o del bloque del PJ en el Senado, un bloqueo sistem谩tico de los proyectos del oficialismo no hubiese sido una resistencia testimonial, “como la que hizo el kirchnerismo”, sino que hubiese derivado en una par谩lisis del Congreso y en una crisis institucional.

Los kirchneristas dicen con desprecio que es “un oficialista de todos los gobiernos” porque “le gusta estar cerca del poder”

Si el kirchnerismo siempre tuvo reservas con Pichetto, 驴por qu茅 lo mantuvo como jefe de bloque del primero al 煤ltimo d铆a? “M谩s que mi lealtad, valoraron mi eficacia”, acierta 茅l. Pichetto es, antes que nada, un profesional de la pol铆tica. “Es el mejor jefe de bloque que pudimos tener. Conoce como nadie el funcionamiento del Congreso, el manejo de una bancada, las cuestiones reglamentarias”, responde Alberto Fern谩ndez, jefe de Gabinete en los gobiernos de N茅stor y de Cristina Kirchner, y candidato presidencial en f贸rmula con la expresidenta. “Es un pol铆tico poco com煤n en la Argentina. Es muy responsable. Todo el tiempo hace lo que corresponde que haga”, sostiene Juan Manuel Abal Medina, exsenador y exjefe de Gabinete de Cristina. “Es un senador romano. Tiene una cultura jur铆dica muy s贸lida. Nunca va sin prepararse a las sesiones”, opina Juan Estrada, secretario parlamentario del Senado entre 2003 y 2015. “Es un negociador muy duro. Como estrategia arranca todas las conversaciones enojado. Pero tiene sentido com煤n y es un caballero de c贸digos, algo que escasea en la pol铆tica”, lo elogia el exsenador radical Ernesto Sanz. “Trabaja sin descanso, de 9 a 22. Va a las reuniones de comisi贸n y recibe a todo el mundo. Tiene una visi贸n realista del poder: trata con el mundo real y no con el imaginario, que lleva a una divisi贸n entre buenos y malos”, dice Eric Calcagno, prosecretario parlamentario del Senado y uno de los hombres de confianza de Pichetto. “Re煤ne condiciones muy dif铆ciles de encontrar. Vive para esto. Siempre est谩 estudiando o atendiendo gente. Cumple los acuerdos, algo fundamental en pol铆tica, y tiene mucha cintura pol铆tica: cuando parece que nos vamos a estrellar, saca un conejo de la galera”, cuenta Daniele, uno de los que tiene fotos de Pichetto colgadas en su despacho.

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El 30 de octubre de 2018, la sala de reuniones del bloque de senadores del PJ se convirti贸 en un campo de batalla. Con la mand铆bula apretada, Pichetto se remov铆a inc贸modo en la cabecera de una mesa larga y se帽orial. A sus costados, los gobernadores de Formosa, Gildo Insfr谩n, y de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, lo ten铆an arrinconado: le reprochaban haberlos entregado en las negociaciones con la Casa Rosada por el presupuesto 2019. El proyecto, que inclu铆a recortes millonarios en los giros a las provincias, ten铆a media sanci贸n de Diputados y en dos semanas iba a tratarse en el Senado. En el extremo opuesto de la mesa, otros cuatro gobernadores, dos vicegobernadores y tres senadores observaban en silencio c贸mo escalaba la discusi贸n.

-隆Nos tenemos que poner m谩s firmes! -subi贸 el tono Insfr谩n, el m谩s enojado, sentado justo a la izquierda de Pichetto.

-Nos est谩n cagando, Miguel -se sum贸 Zamora, ubicado a la derecha.

Los gobernadores hab铆an elegido a Pichetto como representante de sus intereses en el Congreso desde el inicio del gobierno de Macri. Los m谩s lejanos a la Casa Rosada desembarcaron de urgencia en el Palacio para exigirle que, en esta oportunidad, pateara el tablero: quer铆an que avanzara, en la misma sesi贸n del presupuesto, con la derogaci贸n del decreto presidencial que hab铆a eliminado el fondo de la soja, una caja que repart铆a unos 100.000 millones de pesos al a帽o entre las provincias y los municipios. Antes de la votaci贸n en Diputados, Pichetto hab铆a logrado algunas concesiones adicionales de la Casa Rosada, pero la supresi贸n del fondo de la soja hab铆a quedado fuera de la negociaci贸n. El senador, m谩s habituado al papel de oficialista que de opositor, pretend铆a cumplir los compromisos asumidos y no poner en riesgo la aprobaci贸n del presupuesto.

-No me pueden imponer algo que ustedes negociaron mal. Eso lo tendr铆an que haber planteado en Diputados, no ahora, que ya est谩 todo cerrado -rompi贸 el silencio Pichetto.

-Pero est谩s negociando cosas a nuestras espaldas. 隆Vos no pod茅s hacer eso como jefe de bloque! -lo puso contra las cuerdas Insfr谩n.

-A ver si nos entendemos. 隆Yo no soy un empleado de ustedes! Negocio de la mejor forma que puedo. 隆Y me importa tres carajos el cargo! -estall贸 Pichetto.

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El senador escenific贸 su ruptura con Cristina, en pleno recinto, el 30 de marzo de 2016, durante el debate del acuerdo con los fondos buitre, un proyecto impulsado por la Casa Rosada y resistido por el kirchnerismo. Hab铆a conversado con la expresidenta por 煤ltima vez el 26 de diciembre de 2015, dos semanas despu茅s de que ella abandonara la Casa Rosada. Cristina lo llam贸 para pedirle la designaci贸n de una senadora de La C谩mpora en la presidencia de una comisi贸n, cuentan en el segundo piso del Palacio. 脡l le respondi贸 con evasivas. No volvieron a hablar a solas. Fue un cap铆tulo dram谩tico de una historia de lealtad y traici贸n, el desenlace natural de una relaci贸n sostenida durante a帽os por el poder y la conveniencia.

Pichetto no es Frank Underwood, el pol铆tico impiadoso y estereotipado que interpretaba Kevin Spacey en House of Cards. “Miguel”, a secas, como lo llaman los que trabajan con 茅l, se parece m谩s a un personaje de novela negra, esas que lee con voracidad

“Quiero ser honesto y decir lo que pienso. Miren, yo estuve en un proceso de lealtad indisoluble con mi gobierno hasta el 煤ltimo d铆a, hasta el 煤ltimo minuto”, se despach贸 el senador, en el cierre de la sesi贸n, para justificar su respaldo a la ley que abri贸 la puerta al endeudamiento externo. Y continu贸: “Pero cuando la presidenta se fue y nos despidi贸 en Olivos, nos dijo que hay que tratar de ayudar al gobierno, no hay que bloquear. Ahora viene un debate mucho m谩s horizontal y, bueno, yo he recuperado la capacidad de pensar y reflexionar y de decir lo que realmente pienso. Ya no estoy atado por las obligaciones que me determinaba ser gobierno y oficialismo”.

La relaci贸n entre ellos hab铆a quedado herida de muerte en junio de 2015, cuando el senador perdi贸 por segunda vez las elecciones para la gobernaci贸n de R铆o Negro. La campa帽a qued贸 envuelta en una protesta de productores de peras y manzanas, con cortes de ruta en la zona del Alto Valle en los cuarenta y cinco d铆as previos a los comicios. Reclamaban respuestas para el sector, afectado por una crisis internacional, y ped铆an el desembolso de 190 millones de pesos correspondientes a un subsidio comprometido por el gobierno nacional. Cristina viaj贸 a la provincia un mes antes de las elecciones y respald贸 a Pichetto, en un acto en General Roca. “Habl贸 de 茅l como si hablara de N茅stor”, recuerda un dirigente de La C谩mpora. Pero se neg贸 a recibir a los productores. El senador les gestion贸 una reuni贸n en la Casa Rosada, con el jefe de Gabinete, An铆bal Fern谩ndez. El dinero lleg贸, pero veinte d铆as despu茅s de las elecciones, cuando Pichetto ya hab铆a ca铆do derrotado frente al entonces mandatario Alberto Weretilneck. En p煤blico, el senador asumi贸 la responsabilidad y despeg贸 a Cristina del resultado. En la intimidad, se convenci贸 de que ella no lo hab铆a ayudado y de que hab铆a sido v铆ctima de una “conspiraci贸n” urdida por Parrilli, Zannini y Axel Kicillof, el ministro de Econom铆a.

El golpe reabri贸 heridas del pasado. En 2007, hab铆a sido candidato a gobernador por primera vez, despu茅s de cuatro a帽os de dar muestras de fidelidad al kirchnerismo. Pero, en medio del armado de la Concertaci贸n, una alianza del gobierno nacional con un sector de la UCR, Kirchner respald贸 la reelecci贸n del gobernador Miguel Saiz, un “radical K”, que le gan贸 a Pichetto por 7 puntos. En 2011, Cristina eligi贸 como candidato al exdiputado Carlos Soria, en cumplimiento de una decisi贸n que hab铆a tomado Kirchner d铆as antes de su muerte, el 27 de octubre de 2010. El expresidente apoy贸 a la f贸rmula Soria-Weretilneck despu茅s de que el Senado aprob贸 la ley de glaciares, en un debate en el que Pichetto aprovech贸 la “libertad de acci贸n” proclamada por la Casa Rosada y colabor贸 para que se sancionara una versi贸n del proyecto, m谩s restrictiva de la actividad minera, que, en el fondo, incomodaba al gobierno nacional. “Nunca me lo perdonaron”, dice el senador. En enero de 2012, tras la tr谩gica muerte de Soria, Cristina respald贸 la continuidad de Weretilneck y no habilit贸 la opci贸n de elecciones anticipadas, que le hubiera dado a Pichetto una oportunidad de oro. “La pol铆tica no es para corazones solitarios o sentimentales de la ONG”, declar贸 茅l meses despu茅s, para disimular rencores. En la intimidad, mastic贸 bronca: “Me condenaron a ser senador perpetuo”. El Palacio se hab铆a convertido en su laberinto.

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Pichetto no es Frank Underwood, el pol铆tico impiadoso y estereotipado que interpretaba Kevin Spacey en House of Cards. “Miguel”, a secas, como lo llaman los que trabajan con 茅l, se parece m谩s a un personaje de novela negra, esas que lee con voracidad. Siempre de traje oscuro, camisa con iniciales bordadas, corbata con traba y pa帽uelo al tono, es un arist贸crata de arrabal. “Estamos irremediablemente perdidos”, suele repetir, como latiguillo, para distender el clima entre sus colaboradores, cuando las cosas se complican. No porta armas, pero sabe disparar y, “por seguridad”, tiene dos pistolas en su casa, una Magnum 357 y una 9 mil铆metros. Para alimentar ese perfil de hombre recio, cuenta que todos los d铆as desayuna leyendo los diarios, con un caf茅 de un lado y un rev贸lver del otro. Despu茅s de leer los diarios, decide si se toma el caf茅 o se pega un balazo. “Es una broma que responde a una visi贸n de finitud de la vida, cosas que me agobian, sobre todo en la primera hora del d铆a. Es una sensaci贸n de malestar existencial”, relata.

Pichetto es un apasionado de la Revoluci贸n Francesa y tiene devoci贸n por Napole贸n, un espejo en el que le gusta mirarse
Pichetto es un apasionado de la Revoluci贸n Francesa y tiene devoci贸n por Napole贸n, un espejo en el que le gusta mirarse Fuente: Archivo – Cr茅dito: Rodrigo N茅spolo

En la biblioteca de Pichetto, que ocupa toda una pared de su casa de Vicente L贸pez, las obras del sueco Henning Mankell, el italiano Andrea Camilleri y el griego Petros M谩rkaris comparten cartel con las biograf铆as hist贸ricas, su otra afici贸n literaria. Es un apasionado de la Revoluci贸n francesa y tiene devoci贸n por Napole贸n, un espejo en el que le gusta mirarse: “Ni siquiera era franc茅s. Lleg贸 de C贸rcega, una peque帽a isla, y despu茅s se convirti贸 en el due帽o del mundo. Admiro su pragmatismo. Dej贸 a la mujer que amaba porque lo que importaba era Francia”.

Desde que super贸 la barrera de los 60 a帽os, se cuida en las comidas y va al gimnasio todas las semanas. Hace mucho que dej贸 de fumar. Prefiere no viajar en avi贸n y no se toma m谩s de cinco d铆as de vacaciones por a帽o. “La inactividad me perturba. Tengo miedo a los d铆as vac铆os, como los domingos a la tarde, que son una invitaci贸n al suicidio”.

En las oficinas del jefe de bloque del PJ se respira m铆stica y admiraci贸n. “Es muy leal y generoso, pero no acepta dobleces ni errores. Es prusiano”, cuenta uno de sus colaboradores. “Tiene la virtud de haber sido un tipo de barrio. Se pone una coraza, pero sabe re铆rse de s铆 mismo y es m谩s bueno que Lassie”, dice otro y recuerda la vez que se puso como loco al ver que una empleada del Senado, con un embarazo avanzado, estaba trabajando como ascensorista: “Al instante llam贸 a Michetti y logr贸 que la reubicaran en un puesto m谩s tranquilo”.

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En las horas posteriores al anuncio de su candidatura a la vicepresidencia, Pichetto qued贸, como nunca antes, en el centro del universo pol铆tico. “Estoy convencido de que no es bueno que vuelva el pasado. Este es un debate entre democracia y visiones autoritarias”, declar贸 ante los periodistas, en el Sal贸n Eva Per贸n, apuntando a Cristina Kirchner. La expresidenta hab铆a reconfigurado el tablero electoral tres semanas antes, al anunciar que Alberto Fern谩ndez encabezar铆a una f贸rmula presidencial en la que ella ir铆a como vice. Despu茅s de la conferencia de prensa, Pichetto se reuni贸 a solas con el presidente y habl贸 con Lilita Carri贸, que enseguida bendijo su incorporaci贸n al oficialismo. En los d铆as siguientes visit贸 a la gobernadora Mar铆a Eugenia Vidal y encabez贸 una cumbre de dirigentes peronistas ya integrados a Cambiemos.

Al ritmo de sus incontables apariciones p煤blicas, las acciones y los bonos argentinos subieron, y el d贸lar baj贸, lo que llev贸 a muchos analistas econ贸micos a hablar del “efecto Pichetto”. C贸modo en su nuevo papel, 茅l dio rienda suelta a su faceta de polemista, desafi贸 a Cristina a un debate p煤blico y se cobr贸 viejas deudas con uno de sus enemigos internos en el kirchnerismo: “El peronismo de la provincia de Buenos Aires lleva a un hombre del PC como candidato. Estoy hablando de Axel Kicillof, que tiene sus or铆genes en el Partido Comunista. Estas son las grandes distorsiones de Unidad Ciudadana”. Los excompa帽eros de bloque de Pichetto tambi茅n le pasaron factura. Jos茅 Mayans, vicepresidente de la bancada, ligado a Insfr谩n, declar贸 que el flamante compa帽ero de f贸rmula de Macri hab铆a “traicionado a todos sus compa帽eros” y advirti贸 que la traici贸n llevaba a帽os: “Pichetto ya trabajaba en dividir al bloque de senadores. Ahora nos damos cuenta de que trabajaba para el gobierno hace tiempo y estaba infiltrado”.

En la primera conferencia de prensa, Pichetto cont贸 que despu茅s de aceptar la propuesta de Macri se hab铆a comunicado con Sergio Massa y con los gobernadores de C贸rdoba, Juan Schiaretti, y de Salta, Juan Manuel Urtubey, sus exsocios en Alternativa Federal, el espacio que hab铆an construido como una tercera v铆a frente a la polarizaci贸n entre el gobierno y el kirchnerismo. Llam贸 tambi茅n a dos expresidentes, Menem y a Duhalde, y a dos de sus amigos radicales, los exsenadores Ernesto Sanz y Gerardo Morales. Este 煤ltimo, que acababa de ser reelegido como gobernador de Jujuy y reclamaba a la Casa Rosada una apertura mayor hacia el peronismo no kirchnerista, se hab铆a encargado de una gesti贸n clave. El d铆a anterior hab铆a llamado a Pichetto y le hab铆a preguntado si aceptar铆a un ofrecimiento de Macri para acompa帽arlo en la f贸rmula. El presidente no pod铆a sufrir otro desprecio: Urtubey y Sanz ya le hab铆an dicho que no. El nombre del jefe del Bloque Justicialista circulaba en los pasillos de la Casa Rosada hac铆a diez d铆as. El presidente qued贸 deslumbrado con la visita que Pichetto hizo a Wall Street, a fines de abril. Cara a cara con los representantes de los principales fondos de inversi贸n y directivos de bancos internacionales, el senador llev贸 tranquilidad y asegur贸 que la Argentina cumplir铆a “con sus obligaciones de deuda”.

La propuesta de Macri le lleg贸 a Pichetto en el momento justo. Despu茅s del acuerdo de Massa con el kirchnerismo, Alternativa Federal iba camino a la desintegraci贸n. Cuando faltaban cinco meses para el final de su tercer mandato consecutivo en el Senado, la carrera del jefe del Bloque Justicialista se acercaba al ocaso. “Pichetto est谩 terminado”, declar贸 Alberto Fern谩ndez, d铆as antes del anuncio de Macri. El ofrecimiento del presidente cambi贸 todo. “Es una reivindicaci贸n de la trayectoria de Miguel. 脡l siempre hab铆a querido ser parte de una campa帽a presidencial”, analiz贸 uno de sus colaboradores. Es cierto, en 2015 hab铆a mandado a pintar paredones de R铆o Negro para fogonear la f贸rmula Scioli-Pichetto. Cuatro a帽os m谩s tarde, el senador logr贸 en el macrismo lo que no hab铆a conseguido en el kirchnerismo.

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Despu茅s de asumir como diputado nacional, en 1993, Pichetto escal贸 r谩pido. Ten铆a seis a帽os de experiencia como legislador provincial, una formaci贸n jur铆dica s贸lida y, como si fuera poco, juraba lealtad a Menem, que entonces atravesaba su mejor momento. En 1995 asumi贸 como presidente de la Comisi贸n de Justicia y en 1998 como miembro del Consejo de la Magistratura, cargo que mantuvo hasta 2006 y que le permiti贸 multiplicar sus contactos en el mundo judicial. En 1997 hab铆a asumido como vicepresidente del bloque del PJ, encabezado por Jorge Matzkin. De 茅l aprendi贸 una lecci贸n que aplicar铆a durante toda su carrera en el Congreso: “Me ense帽贸 c贸mo se sacan las leyes: los discursos son de la oposici贸n y las leyes, del oficialismo”.

Se mantuvo leal a Menem hasta el final de su mandato y en abril de 2001 fue uno de los organizadores de un acto que reuni贸, en el Sal贸n Azul del Senado, a diputados, senadores y gobernadores peronistas, en defensa del expresidente, despu茅s de que el fiscal Carlos Stornelli pidi贸 su declaraci贸n como sospechoso en la causa por el contrabando de armas. A partir de 2013, cuando Menem fue condenado por ese caso, Pichetto fue determinante para impedir su arresto. Logr贸 imponer entre los senadores de la mayor铆a peronista la “doctrina Menem”, una posici贸n que establece que solo se debe aprobar un desafuero ante una condena firme.

Con el mismo argumento, Pichetto se opuso a que arrestaran a la expresidenta en diciembre de 2017, cuando el juez Claudio Bonadio pidi贸 su desafuero en la causa por el pacto con Ir谩n. Hab铆a obedecido las 贸rdenes de Cristina hasta el 煤ltimo d铆a de su gobierno: por pedido de ella falt贸 a la asunci贸n de Macri, en medio de la disputa por la ceremonia de traspaso de mando. Pero cuando la expresidenta volvi贸 al Senado, Pichetto la oblig贸 a armar su propio bloque. Lejos de mostrarse agradecida por el rechazo al pedido de desafuero, la flamante senadora dej贸 trascender que detr谩s de la decisi贸n del magistrado estaba el propio Pichetto. En el entorno de Cristina afirmaron que la quer铆a arrinconar para que no le disputara poder en la c谩mara, y recordaron que el senador y el juez eran amigos desde 2005, cuando Pichetto elabor贸 el dictamen que le salv贸 el pellejo en el Consejo de la Magistratura, en un expediente por mal desempe帽o en la causa por irregularidades en la investigaci贸n del atentado contra la AMIA. El senador reconoce el v铆nculo con Bonadio, pero advierte que, como hac铆a siempre, en 2005 cumpli贸 贸rdenes de la Casa Rosada, al igual que otros dos consejeros del kirchnerismo, Diana Conti y Carlos Kunkel.

La discusi贸n por la ofensiva judicial contra la expresidenta tuvo una r茅plica en agosto de 2018, cuando el Senado aprob贸, con el voto de la bancada de Pichetto, un pedido de Bonadio para allanar los domicilios de Cristina. “Qu茅dese tranquila, que seguramente usted va a poder ser candidata en 2019, no se haga problema”, le dedic贸 el senador a la expresidenta, sentada unas bancas m谩s arriba. Pichetto aprovech贸 adem谩s para tomarse una peque帽a revancha: “Nosotros no vamos a hacer lo que hicieron con De Vido sus diputados”, le dijo, en referencia a la ausencia del kirchnerismo en la sesi贸n de octubre de 2016, en la que se aprob贸 el desafuero del exministro de Planificaci贸n Federal. Pichetto fue uno de los primeros en visitarlo en la c谩rcel.

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El periodista de la revista Noticias Rodis Recalt le pregunt贸 a Pichetto, en una de las decenas de entrevistas que dio en los d铆as posteriores al anuncio de su candidatura a la vicepresidencia:

-驴Esto es una traici贸n?

-La traici贸n no es un concepto depreciado y degradante para m铆. Yo no tengo la mirada muy primaria y elemental sobre ese concepto. La traici贸n siempre es un punto de fractura con el pasado.

No fue una respuesta improvisada. El senador hab铆a estado releyendo Elogio de la traici贸n, de los franceses Denis Jeambar e Yves Roucaute. Es un ensayo de filosof铆a pol铆tica, publicado en 1990, que hace una topolog铆a de la traici贸n y reivindica “traiciones” de figuras de la historia contempor谩nea, como Fran莽ois Mitterrand, Mija铆l Gorbachov y Felipe Gonz谩lez. En el pre谩mbulo los autores afirman que “no traicionar es perecer: es desconocer el tiempo, los espasmos de la sociedad, las mutaciones de la historia. La traici贸n, expresi贸n superior del pragmatismo, se aloja en el centro mismo de nuestros modernos mecanismos republicanos. El m茅todo democr谩tico adoptado por las rep煤blicas exige la adaptaci贸n constante de la pol铆tica a la voluntad del pueblo, a las fuerzas subterr谩neas o expresas de la sociedad”.

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La historia de Pichetto permite recorrer la vida del 煤ltimo cuarto de siglo en el Congreso
La historia de Pichetto permite recorrer la vida del 煤ltimo cuarto de siglo en el Congreso Fuente: LA NACION – Cr茅dito: Ricardo Pristupluk

Pichetto es uno de los mejores oradores del Congreso. Expone sin leer una palabra, invoca antecedentes hist贸ricos y ejemplos internacionales, argumenta con contundencia y audacia, recurre al humor y al dramatismo, maneja la escena como pocos. Pero en ocasiones se equivoca, se enamora de su perfil provocador, muestra su cara m谩s reaccionaria. En septiembre de 2010, en medio de un debate sobre la inseguridad, motivado por el asalto que sufri贸 a la salida de un banco Carolina P铆paro, una mujer embarazada de ocho meses, debi贸 rectificarse despu茅s de decir que el hombre que estaba en la fila, detr谩s de la v铆ctima, “ten铆a una cara de delincuente terrible”. En febrero de 2013, mientras se discut铆a el memor谩ndum entre la Argentina e Ir谩n, tuvo que pedir disculpas p煤blicas a la comunidad jud铆a, por afirmar que en el atentado contra la AMIA hab铆an muerto “argentinos de religi贸n jud铆a y argentinos argentinos”. En noviembre de 2016, recibi贸 denuncias de discriminaci贸n de parte de diplom谩ticos de Per煤 y de Bolivia. Hab铆a dicho en una entrevista de televisi贸n: “El problema es que siempre funcionamos como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Per煤. Per煤 resolvi贸 su problema de seguridad y transfiri贸 todo el esquema narcotraficante: las principales villas de la Argentina est谩n tomadas por peruanos. La Argentina incorpora toda esta resaca”. A fines de 2018, despu茅s de lanzar su precandidatura presidencial por Alternativa Federal, levant贸 la bandera del endurecimiento de la pol铆tica migratoria: “Ahora hay nuevas figuras de delitos: hay delincuentes de Albania y Europa del Este vinculados al narcotr谩fico”, se帽al贸 en una entrevista, y agreg贸: “En la d茅cada de los 90 entraron los chinos y ahora los senegaleses. 驴D贸nde est谩n? Yo no los veo en obras en construcci贸n. Los veo vendiendo cosas truchas. Es maravilloso”.

El senador pronunci贸 dos de sus mejores discursos en los debates por el matrimonio igualitario, en 2010, y por la legalizaci贸n del aborto, en 2018. Como lo hab铆a hecho N茅stor Kirchner en Diputados, Pichetto trabaj贸 hasta el 煤ltimo minuto para reunir la mayor铆a que requer铆a el proyecto que habilit贸 el casamiento entre personas del mismo g茅nero. En el cierre de la discusi贸n en el recinto, invoc贸 los postulados de libertad e igualdad de la Revoluci贸n francesa, sostuvo que el Estado tiene la obligaci贸n de “garantizar el derecho a la felicidad”, calific贸 de “nazi” la cl谩usula de objeci贸n de conciencia que reclamaban quienes se opon铆an a la ley y acus贸 a sectores de la Iglesia cat贸lica, ferviente detractora del proyecto, de practicar “un oscurantismo medieval”.

Con esas palabras pisote贸 las dudas que sobre 茅l hab铆an sembrado, en el inicio del debate, algunos de los promotores de la reforma, incluido Kirchner. Inquieto por la suerte del proyecto, en las semanas previas a la sesi贸n en el Senado, el expresidente mand贸 al Cuervo Larroque, jefe de La C谩mpora, a tantear la posici贸n de Pichetto, en general identificado con posturas conservadoras. Apenas Larroque le sac贸 el tema, el senador entendi贸 todo: qui茅n lo hab铆a mandado y cu谩l era el objetivo de la visita. Entonces fue al grano, con la brutalidad que solo se desnuda en las bromas que se hacen entre cuatro paredes: “Decile al horrible que se quede tranquilo: si hay algo de lo que estoy m谩s lejos que de los putos es de los curas”.

M谩s de ocho a帽os despu茅s, Pichetto se averg眉enza de aquella frase. “Soy un producto del conurbano, de la Argentina blanca, de la proyecci贸n de los hijos de los trabajadores rumbo a la universidad. Me manej茅 siempre con los c贸digos de la calle. Crecimos con esa visi贸n de la heteronormatividad, de rechazo a los diferentes, nos pele谩bamos con los ‘negros’. Yo tambi茅n evolucion茅, fui creciendo. El reclamo por los derechos de los homosexuales es un fen贸meno de este siglo. El discurso de Pepito Cibri谩n [durante el debate en comisi贸n en el Senado] me hizo aprender mucho”.

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Cristina y Pichetto se conocieron en diciembre de 1997, cuando ella asumi贸 como diputada nacional por Santa Cruz. En 2001, Cristina convenci贸 a Kirchner para que apoyara a Pichetto en la campa帽a para ser senador por R铆o Negro. Dos a帽os despu茅s, cuando 茅l ya ejerc铆a como jefe de bloque del Senado, bajo las 贸rdenes de Duhalde, respald贸 sin dobleces la postulaci贸n presidencial del gobernador de Santa Cruz, el candidato del gobierno, en contra de Menem, su exjefe. Cuando Kirchner lleg贸 a la Casa Rosada no dud贸 en ratificarlo en su cargo.

El senador tuvo que acomodarse a una nueva realidad, ser jefe de bloque de un gobierno que impulsaba muchos proyectos que 茅l no compart铆a. No solo ten铆a que votarlos: deb铆a disciplinar a una bancada en la que se libraban las 煤ltimas batallas por el liderazgo en el peronismo. Us贸 esa debilidad como fortaleza. Mostr贸 cintura pol铆tica y apel贸 a una fibra sensible del PJ: la disciplina partidaria. “Ustedes saben que yo soy de derecha”, dijo en una reuni贸n de bloque, en agosto de 2003, para risa de muchos de sus compa帽eros, antes de reclamar el respaldo a la nulidad de las leyes de obediencia debida y de punto final, un proyecto que 茅l hab铆a cuestionado en el pasado. Argument贸 que era una iniciativa pedida por el Poder Ejecutivo y que no tendr铆a efectos jur铆dicos. En octubre de ese a帽o reuni贸 la mayor铆a para aprobar la designaci贸n de Eugenio Ra煤l Zaffaroni como juez de la Corte Suprema. “驴No me pod茅s mandar a alguien normal?”, se quej贸, un poco en serio y un poco en broma, con Alberto Fern谩ndez, despu茅s de cruzarse al magistrado, de musculosa y sandalias, en la confiter铆a La Biela, de Recoleta. En septiembre de 2005 junt贸 los dos tercios requeridos para destituir a Antonio Boggiano, otro de sus amigos en la justicia y uno de los integrantes de la mayor铆a menemista del m谩ximo tribunal. A mitad de ese a帽o, cuando Duhalde le declar贸 la guerra a Kirchner, Pichetto no dud贸 en qu茅 vereda pararse. Mand贸 a callar a Daniel Scioli, cuando el entonces vicepresidente propuso una “campa帽a sin agravios”, y despu茅s del triunfo de Cristina sobre Hilda Chiche Duhalde, en la provincia de Buenos Aires, reclam贸 la renuncia del jefe de bloque oficialista en Diputados, Jos茅 Mar铆a D铆az Bancalari, un peronista que hab铆a jugado con Duhalde.

Esas lealtades cambiantes, esas contradicciones, eran para Pichetto una muestra absoluta de coherencia: “Esto a veces parece incomprensible para otros partidos, ubicados en la izquierda, que cuestionan nuestra disciplina partidaria. Pero creo que ese es nuestro gran m茅rito para poder gobernar este pa铆s. De la R煤a comenz贸 a debilitarse primero en el Congreso, por el nivel de cuestionamiento que ten铆an sus pol铆ticas. El peronismo es otra cosa: es un partido que se cohesiona detr谩s del presidente y del gobierno”, declar贸 en 2004.

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La discusi贸n por la resoluci贸n 125, que aumentaba las retenciones a las exportaciones de granos, coloc贸 a Pichetto en el centro de la escena y le reserv贸 un lugar de privilegio en la historia m铆tica del kirchnerismo. El proyecto lleg贸 al Senado el 6 de julio de 2008, despu茅s de cuatro meses de un conflicto que convulsion贸 al pa铆s y lo dej贸 al borde de un quiebre institucional. El senador hizo todo lo posible para evitar una ca铆da. Antes de la sesi贸n, convocada para el 16 de julio, fue a hablar con Alberto Fern谩ndez, jefe de Gabinete, y con Zannini, secretario de Legal y T茅cnica, para que el gobierno moderara la iniciativa, en un intento por salir de la encerrona pol铆tica en la que estaban. Recibi贸 la orden de que la ley deb铆a salir sin cambios. La noche de la sesi贸n, al ver que la votaci贸n se encaminaba hacia un empate y que el vicepresidente Julio Cobos pod铆a votar en contra, llam贸 por tel茅fono a Cristina.

-Estamos empatados. Si tengo margen, puedo hacer una mejora -le propuso.

-Alberto [Fern谩ndez] est谩 hablando con Julio [Cobos]. Va a desempatar bien -respondi贸 ella.

Pasadas las 22, Pablo Verani, un senador radical, le cont贸 que, en caso de empate, Cobos iba a pedir un cuarto intermedio, para evitar hacerse cargo de la definici贸n. Pichetto llam贸 a Sanz, jefe de bloque de la UCR. Como hac铆a cada vez que el dirigente radical lo visitaba en su despacho, Pichetto subi贸 el volumen del televisor, temeroso de que lo estuvieran espiando, lo invit贸 a hablar en un rinc贸n e hizo catarsis contra el gobierno. “Una cuesti贸n de intereses la terminaron convirtiendo en una disputa pol铆tica, de lucha por el poder”, se lament贸. Acordaron que no iban a aceptar el cuarto intermedio que quer铆a Cobos. A las 23 volvi贸 a llamar a Cristina y le advirti贸 que el vicepresidente se hab铆a encerrado en su despacho, con su familia. “Si me das autorizaci贸n, hago una negociaci贸n razonable”, insisti贸, inquieto por las manifestaciones que rodeaban el Palacio. “Alberto va a ir a hablar con Julio”, respondi贸 ella. A las 00:30 Cristina le avis贸 que se iba a dormir y le dio la 煤ltima instrucci贸n de la noche: “Hac茅 votar y que cada uno se haga responsable”.

Cuando le toc贸 clausurar el debate, minutos antes de las 4 de la madrugada, Pichetto no ahorr贸 dramatismo: “Yo no quiero agitar fantasmas. No quiero venir con las historias del golpismo en la Argentina, pero indudablemente en la noche de hoy tambi茅n, y en la Argentina en que estamos viviendo, hay algunos escenarios altamente complejos, y la oposici贸n sabe de qu茅 hablo. Sabe lo que significa que esta noche el gobierno no salga ratificado. Lo sabe muy bien. Son conscientes”. Para terminar: “Y los compa帽eros que han ejercido el poder en las provincias lo saben mucho m谩s. Son muy conscientes de lo que esto significa. Son muy conscientes de que van a dejar herido al gobierno nacional, con todo lo que esto implica, a seis meses de haber asumido”. En el cierre de su intervenci贸n, seguida por televisi贸n por miles de personas en todo el pa铆s, Pichetto advirti贸 que era “inconcebible” que el vicepresidente votara en contra del Poder Ejecutivo y, con una mirada de acero, se dirigi贸 directamente a Cobos: “Usted tiene hoy una gran responsabilidad institucional, hist贸rica. Esperemos que la ejerza con todo su criterio, prudencia y con toda la decisi贸n que usted tiene que tener como hombre de Estado”.

Despu茅s de la primera votaci贸n, que arroj贸 un empate en 36, Cobos pidi贸, implor贸, un cuarto intermedio para buscar un acuerdo, antes de hacer una segunda votaci贸n, como indica el reglamento. Eran las 4:15. Pichetto lo puso contra las cuerdas, con una frase que en el Congreso muchos recuerdan tanto como la del “voto no positivo”. “Se帽or presidente -lo apur贸 el senador, ahora con mirada asesina-, Jes煤s dijo a los disc铆pulos: ‘Lo que haya que hacer hag谩moslo r谩pido'”.

Fue la primera votaci贸n importante que perdi贸 Pichetto. Al otro d铆a, N茅stor Kirchner lo llam贸 para insultarlo. Lo responsabilizaba de haber perdido votos determinantes d铆as antes de la sesi贸n. El senador se tom贸 una revancha anhelada: le record贸 que muchos de los que hab铆an votado en contra, incluido Cobos, hab铆an llegado al Senado en las listas de la Concertaci贸n, el experimento que le hab铆a impedido a 茅l ganar la gobernaci贸n de R铆o Negro el a帽o anterior. La sesi贸n fue una bisagra en la carrera de Pichetto. Su figura trascendi贸 los muros del Palacio y los simpatizantes del gobierno lo abrazaron finalmente como a uno de los suyos. “En los viajes que hicimos por el interior los meses siguientes, todos le hablaban del discurso, le ped铆an fotos, fue impresionante”, recuerda un colaborador.

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Pichetto sac贸 de la galera su buena relaci贸n con Menem a comienzos de 2010, cuando el kirchnerismo hab铆a perdido la mayor铆a en el Senado y qued贸 arrinconado frente al Grupo A, un conglomerado que aglutin贸 a todos los bloques de la oposici贸n. El 24 de febrero de ese a帽o, la ausencia del senador por La Rioja frustr贸 un intento opositor por quedarse con la presidencia de la mayor铆a de las comisiones. Ese d铆a Pichetto ensay贸 una jugada maestra. Se hab铆a comprometido a dar qu贸rum, a cambio de que la oposici贸n ratificara a Jos茅 Pampuro como presidente provisional del Senado, segundo en la l铆nea de sucesi贸n presidencial. Justo despu茅s de esa votaci贸n, al ver que la oposici贸n no ten铆a mayor铆a propia, hizo una se帽a r谩pida a los senadores de su bancada, que, en segundos, abandonaron el recinto y dejaron la sesi贸n sin qu贸rum. “隆Menem lo hizo! Ese es el t铆tulo. Eso tienen que poner”, repet铆a, exultante, el senador tucumano Sergio Mansilla y dibujaba en el aire un titular imaginario. Mientras el radical Gerardo Morales y el resto de los referentes de la oposici贸n despotricaban contra la actitud del oficialismo, Pichetto cruz贸 la puerta del recinto en direcci贸n a su despacho, con una sonrisa de labios apretados, como quien acaba de hacer una travesura. “Chau, muchachos”, dijo, al mejor estilo Ram贸n D铆az, al pasar frente a un grupo de periodistas.

El 14 de abril de 2010, el jefe de bloque del PJ volvi贸 a recurrir a Menem. Por pedido de Pichetto, el expresidente se abstuvo en la votaci贸n del pliego de Mercedes Marc贸 del Pont para presidir el Banco Central, lo que permiti贸 su designaci贸n. Fue, para Pichetto, un momento grato en una sesi贸n que termin贸 con una derrota. El kirchnerismo llevaba semanas bloqueando el qu贸rum, para evitar que la oposici贸n aprobara un proyecto que repart铆a entre las provincias los fondos del impuesto al cheque. Ese d铆a, Cobos logr贸 abrir el debate gracias a la presencia sorpresiva de Adriana Bortolozzi, una senadora por Formosa que integraba la bancada oficialista. “Estoy sola y tengo miedo”, dijo al tomar la palabra. Pichetto no se qued贸 de brazos cruzados. Enseguida habl贸 con Daniele, que, a la vista de todos, se par贸 al lado de la banca de Bortolozzi. “驴Qu茅 hac茅s?”, le dijo, inclinado para hablarle al o铆do. “Estoy dando qu贸rum, como deber铆an hacer todos”, respondi贸 ella. “Te ten茅s que ir, dice Miguel que te levantes, que quiere hablar con vos”, insisti贸 Daniele. “Decile que me venga a sacar 茅l”, lo espant贸 ella.

La senadora se qued贸 sentada y, despu茅s de que se aprobara el pliego de Marc贸 Del Pont, la oposici贸n sancion贸 la reforma del impuesto al cheque resistida por la Casa Rosada. Recuperado de la derrota, Pichetto se encarg贸 de que los gestos de Menem fueran bien recompensados. En junio de ese mismo a帽o, Nicol谩s de Vedia, subjefe de despacho del senador riojano, asumi贸 al frente de la Direcci贸n de Comisiones del Senado. La designaci贸n fue celebrada con un asado en la sede de la APL, del que participaron el due帽o de casa, Di Pr贸spero, De Vedia y el jefe de bloque de senadores del PJ.

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Pichetto no es respetado en el Congreso solo por su poder. Tambi茅n por su esp铆ritu de cuerpo. “Es el secretario general del sindicato de la pol铆tica, al que todos adherimos”, lo define un senador radical. “Defiende lo que tenga que defender, aunque sea pol铆ticamente incorrecto”, argumenta un exsenador peronista. “Es uno de los principales exponentes de los c贸digos de la pol铆tica, casi como si los hubiera escrito 茅l”, dice un expresidente de la c谩mara. A finales de 2016, Pichetto respald贸 en p煤blico, como ya hab铆a hecho en otras oportunidades, un incremento del 41% en los ingresos de los legisladores, dispuesto de manera conjunta por Emilio Monz贸, presidente de Diputados, y Gabriela Michetti, presidenta del Senado. Ante la ola de cr铆ticas, Monz贸 dio marcha atr谩s. Michetti mantuvo el aumento, con el apoyo firme del jefe del bloque del PJ. Pichetto asume sin problemas el papel de representante gremial. “Hay una tendencia cultural a que los legisladores est茅n mal pagos, al comp谩s de un periodismo con mirada destructiva. Yo funciono sin hipocres铆a y muchos no se atreven”, argumenta. Eso s铆, le revienta que los senadores abusen de los viajes al exterior. Se pone de muy mal humor cuando alguno falta a una sesi贸n o a una reuni贸n de comisi贸n importante por estar fuera del pa铆s.

Otro gesto muy valorado por oficialistas y opositores en el Congreso, casi una gesta 茅pica para los habitantes del Palacio, tuvo lugar en febrero de 2012. Tres meses despu茅s de la reelecci贸n de Cristina, el senador encabez贸 una rebeli贸n para defender el territorio, frente al avance del vicepresidente Amado Boudou. Como flamante presidente del Senado, Boudou pretend铆a remover a Daniele para designar en la prosecretar铆a administrativa a Sabino Vaca Narvaja, cercano a La C谩mpora. En una batalla interna por el poder en el Senado, Pichetto reuni贸 al bloque, se ali贸 con An铆bal Fern谩ndez, reci茅n llegado a la c谩mara, y consigui贸 los votos necesarios para sostener a su hombre de confianza. “En pol铆tica no hay nada personal”, repite Pichetto. “Los enojos duran 24 horas”, agrega. Pero los cuatro a帽os que debi贸 convivir con Boudou fueron “una tortura psicol贸gica”, cuenta uno de sus amigos radicales.

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En mayo de 2019, en las puertas de una nueva campa帽a electoral, el senador discuti贸 en p煤blico con Agust铆n Rossi, jefe de la bancada kirchnerista en Diputados, por su posici贸n sobre el gobierno de Nicol谩s Maduro, en Venezuela, al que Pichetto hab铆a calificado como una “dictadura”. Rossi lo cruz贸 por Twitter: “Juntos esper谩bamos para pasar frente al f茅retro. Como todos, estabas emocionado, quiz谩s con los ojos humedecidos. Era en Caracas, 5 de marzo de 2013, exequias de Hugo Ch谩vez. La conversi贸n exige testimonios, pero… 驴tanto te piden, querido Miguel?”. Pichetto respondi贸 en una entrevista en TN: “Yo no llor茅, no llor茅 ni en el velorio de mi viejo, tengo treinta a帽os de terapia por eso y no lo pude resolver”.

Unos meses antes, en octubre de 2018, hab铆a ventilado una vez m谩s sus diferencias con Cristina, en plena sesi贸n, como si no pudieran soportar la presencia del otro. Se debat铆a un proyecto de consenso que dejaba sin efecto un aumento adicional de la tarifa del gas, que el gobierno de Macri hab铆a habilitado para compensar a las empresas distribuidoras por la devaluaci贸n. Una discusi贸n menor, sobre la redacci贸n de un art铆culo, dio paso a un entredicho electrizante, cargado de iron铆a y resentimiento.

-Nosotros vamos a votar este dictamen. Y, adem谩s, en la pol铆tica lo que importa es el mensaje. La se帽ora expresidenta deber铆a saberlo. Hay un mensaje del Senado muy claro: lo deja sin efecto. Este es el contenido que vamos a votar. Es un mensaje pol铆tico vigoroso, muy claro -dijo Pichetto.

-S铆, muy vigoroso -se burl贸 ella, fuera de micr贸fono.

-Le pido que me respete, porque yo la escucho siempre con atenci贸n. As铆 que pido que se me respete.

-Perd贸n, perd贸n, perd贸n. Si quiere, me arrodillo -subi贸 la apuesta Cristina.

-No, no se arrodille. Qu茅dese tranquila.

-Siga hablando, senador.

-Usted nunca se arrodill贸.

-Y nunca me arrodillar茅.

-No. Claro. Su orgullo es infinito.

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En la entrevista de Noticias, Recalt le pregunt贸 a Pichetto:

-驴C贸mo se ve haciendo campa帽a con globos, al estilo Jaime Dur谩n Barba [asesor estrella del gobierno]?

-Soy un tipo que no es una oda a la alegr铆a. Y me molesta mucho el hiperoptimismo. Tengo m谩s bien un planteo realista. No me gusta bailar porque los hombres duros no bailan, pero, bueno, me voy a adaptar todo lo que pueda.

-驴Bailar铆a si se lo piden?

-He bailado en otros momentos m谩s dif铆ciles.

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