El folclore de la intimidad

La familia Pantoja, que sabemos dónde empieza, pero nunca, en rigor, dónde acaba, porque salen novios, novias, o allegados a cada rato, resulta una familia de arte donde ya no se dedican mucho al arte propiamente dicho. Quiero decir que han dado con un rápido arte paralelo, el arte de vivir de ir dando por la tele, o por fascículos, el cuento o relato de la propia vida. A menudo nos parecen gentes de ficción, acaso porque lo son. Han comprobado que la intimidad también puede ser un folclore. La fama es un oficio, y la fama es también un negocio, si te lo montas. Isabel, por ejemplo, antes se subía a los volantes de su talento de torera de la copla, pero ha descubierto que tampoco está mal subirse a un helicóptero de primetime.

El tópico de Warhol acredita que todo el mundo pretende sus quince minutos de fama, en la vida, pero hay familias que se echan a vivir de la fama perpetua, salvo quince minutos de descanso para la publicidad. Chabelita ya se ha hecho su sitio como una parada de mucho ajetreo, desde que pegó el estirón de los dieciocho, ingresando directamente en las varietés, como madre, como enamorada que se desenamora, como «hija de», como todo. Porque la criatura se alegra de novios, triunfa en la tele de populares trimestrales, y luego hasta frecuenta los escaparates del Madrid de ricos, a aliviarse la lujuria de la billetería de algún bisnes o exclusiva.

Kiko Rivera es un campeón de lo suyo, que no sabemos lo que es, pero sí. Estamos ante un personaje de «Torrente» que Santiago Segura ya se encontró hecho, en la vida, con el deneí incluido. Diríamos, abreviando, que prosperan bajo el viejo lema de «pilla el dinero y corre». Han logrado un programa largo de autoayuda, pero autoayuda sin nadie de por medio, una autoayuda de hacer caja alegre sin preparar un repertorio o grabar un disco.

La gran empresa de la propia vida como carrera la tienen, en el mundo, las Kardashian, que son un enredo de bigardas con labios de selfi que parecen todas un único póster, pero son varios pósters innumerables. Son unas guapas de media avería que no es que salgan mucho en la tele sino que no salen de la tele, porque tienen su propio reality, y lo raro es que todas quepan en un solo programa, porque son un gentío, de tanto que se operan. No hay, en España, unas Kardashian, pero la familia Pantoja, por una esquina, y la familia de Jurado, o de Ortega Cano, nos dan un patio de mucha amenidad donde incluso, a veces, ocurren cosas buenas, como en todas las familias. El costado pulcro de la fama lo avalan las hijas de la Preysler, que son lo contrario a los hijos de la Pantoja. Las hijas de la Preysler son más bien las hermanas de la Preysler, un renuevo primaveral de chicas noticia, en la cosa de la cosa.

Kim y Kourtney Kardashian
Kim y Kourtney Kardashian – Hahn Lionel/ABACA

Pantoja ya no es sólo la última folclórica, y la viuda de España, sino la mamá de Kiko Rivera, ese padre disjockey, y de Chabelita, que es un bolo en sí misma, la niña, porque va a la tele, que es una tela. Cómo dudamos alguna vez que todos iban a salir folclóricos, y atareados y artistas.

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