El Festival de Música El Greco inicia su andadura de otoño

Diego de Palafox

El Festival de Música El Greco en Toledo ha iniciado su primera entrega de la etapa otoñal con un concierto que ha tenido lugar este domingo en la girola de la catedral toledana, cuyo centro temático ha sido la misa de Francisco de Peñalosa (1470-1528), conocida como «El Ojo», y aportes de compositores coetáneos de este: Jean Richafort (1480-1547), Josquin des Prez (1450-1521) y Martín de Rivaflecha (1479-1528), a las que se han sumado otras seis intervenciones de los Seises (Escolanía de la Catedral) interpretando canto llano.

El Ensamble Cisneros, con la dirección del toledano Juan José Montero, a su vez director del Festival, y compuesto por la también toledana Sandra Redondo, soprano; Yolanda Sagarzazu, alto; Julio Pérez-Pulgarín, tenor; Joseba Carril, bajo, Daniel Bernaza, corneta; Elíes Herrándiz, Álvaro Martínez de Andrés, Ricardo Ortiz Rubio, sacabuches, Sara Águeda, arpa, y el propio director al órgano, ha sacado adelante con dignidad pero no sin dificultades la música de Peñalosa que, como bien ha citado el director en su alocución, no esnada fácil de trabajar, si bien cabe señalar que esta misa «El Ojo», ya fue interpretada por este ensamble toledano en las celebraciones del V Centenario de la Colegiata del Santísimo Sacramento de Torrijos (Toledo). En esta misa seaprecia claramente el gusto por la especulación, por el juego contrapuntístico e intelectual, que es una característica del estilo de finales del siglo XV que Peñalosa supo cultivar a la perfección. Esta misa es música deliciosa, de ella existe una excelente grabación por el Peñalosa Ensemble (Organum, 2009), que nos puede servir para valorar la excelencia de esta música y de este autor.

La belleza de la composición es innegable. Y lo hubiera sido más si las condiciones acústicas no hubieran impedido que los instrumentos se eclipsaran a las voces. Acaso el lugar, bajo el transparente catedralicio, no sea el más adecuado, y quizá la posición de los instrumentistas intercalados entre los cantantes, o el órgano, muy cerca, haciendo pantalla, impidieron que la exquisitez del canto se oyera con alguna claridad, no ya las letras, sino las voces, sobre todo las más sutiles.

Cuando las voces se manifestaban «a solo» sí se ha podido apreciar la fuerza canora del tenor, la profundidad del bajo, la delicadeza de la alto y el dulce timbre de la soprano. Los Seises, con el canto llano, han puesto la emoción y el encanto propios de un coro infantil participando de la espiritualidad de una música ritual.

Es muy positivo que el Festival abra una línea de interpretación de música antigua toledana, como esta de Francisco de Peñalosa (posiblemente nacido en Talavera de la Reina), considerado el compositor más relevante de su época por algunos estudiosos; este es sin duda, una de las figuras más grandes del tiempo de los Reyes Católicos, en cuya corte ejerció de cantor y profesor de música.

Sus obras se inspiran en la tradición franco-flamenca, en composiciones de maestros como Josquin des Prez, Jacob Obrecht y Johannes Ockeghem; sin embargo no es un mero discípulo de esta escuela, sino que es autor de una música muy nueva y muy interesante, con un estilo que incorpora también los modos y formas de tradición hispana. De su fama y valor da cuenta el siguiente texto que escribió Cristóbal de Villalón diez años después de la muerte del músico: «Muy poco ha que murió aquel famoso varón D. Francisco de Peñalosa, maestro de capilla del Católico Rey Don Fernando, el cual en la música de arte y voz excedió a Apolo su inventor».

En una línea musical complementaria a la de Peñalosa se interpretaron los obras de sus contemporáneos, para redondear un concierto breve, una hora de duración en total, en el que resultó interesante, por su sentido de lo local, la intervención de los seises catedralicios. Un aplauso para ellos, que también forman parte del protagonismo y del deber de continuar en esta línea de recuperación de las músicas y los ritos genuinos de la Catedral toledana.

Es positivo que el Festival de Música El Greco en Toledo, que nació el año del centenario del pintor con vocación de permanencia siga celebrándose.

También es positivo que en la muestra se dé cabida a músicos locales (como en esta ocasión y otras) y que se tenga presente el patrimonio musical toledano, que es mucho y valioso. Y sería de deseable, para que tomara forma y consistencia, que el Festival tuviera una programación que no se diseminase a lo largo del año, para poder visibilizarla mejor, y que abriera su horizonte musical, pues en la presente edición sobreabunda la música religiosa porencima de cualquier otra. Esperemos que con la ley de mecenazgo, que debe estar a punto de salir, la financiación privada ayude a alcanzar la altura de miras y la excelencia artística que el Festival de Música El Greco en Toledo merece tener en una ciudad con un patrimonio cultura, material e inmaterial, de magnitudes colosales.

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