El escándalo sexual de Kavanaguh se convierte en una guerra de guerrillas

«Lo que pasa en Georgetown Prep, se queda en Georgetown Prep». Lo dijo hace unos años Brett Kavanaugh, el juez nominado por Donald Trump al Tribunal Supremo, sobre el colegio en el que acabó su educación secundaria. Fue en la época en la que atacó sexualmente a Christine Blasey Ford, según el relato de la supuesta víctima, en una acusación que ha hecho estallar su proceso de confirmación en el Senado para la más alta instancia judicial de EE.UU.

Ahora, esa bravuconada -una iteración del ‘Lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas’- se le ha vuelto en su contra. La senadora demócrata Elizabeth Warren compartió en Twitter el vídeo del momento en el que Kavanaugh pronunciaba la frase para cuestionar la capacidad del candidato a servir en el Supremo y dar pábulo a las acusaciones de Ford. Es un ataque más en la guerra de guerrillas en la que se ha convertido la confirmación de Kavanaugh, con los republicanos esforzados en impulsar el proceso a toda costa y los demócratas decididos a retrasarlo al máximo.

Ford es el único escollo que Kavanaugh tiene que salvar para convertirse en juez del Supremo y, con ello, reforzar la mayoría conservadora en el alto tribunal. La mujer le acusó en una carta de haberla agredido sexualmente cuando ambos eran menores. La carta, en manos de la senadora demócrata Dianne Feinstein desde julio, se filtró el pasado fin de semana como una misiva anónima. Ford acabó por salir a la luz y reconocer que ella era la autora. El asunto impidió la votación prevista para este jueves en el Comité Judicial del Senado, la antesala de su confirmación en el pleno de la cámara alta.

Los republicanos, a regañadientes, y los demócratas, con entusiasmo, defendieron el derecho de la acusadora a explicar su caso en una comparecencia pública, en la que también hablaría Kavanaugh. Charles Grassley, el republicano que preside el Comité Judicial, decidió colocar la comparecencia de Ford y el candidato el lunes.

«Argucía de los demócratas»

La presencia de Ford en la comparecencia, incluso su propia celebración, están ahora en duda. La acusadora, a través de sus abogados, ha exigido que antes de dar la cara y exponerse ante la opinión pública, el FBI investigue a Kavanaugh.

«Una investigación completa por las fuerzas de seguridad asegurará que los hechos cruciales y los testigos de este asunto se tomen en consideración de una forma no partidista y que el comité tenga toda la información antes de llevar a cabo una comparecencia o tomar cualquier decisión», explicaron sus abogados en una carta al Comité Judicial.

Además, aparecer en un comité televisado en todo el país sin garantías de que su caso se tratará con justicia sería una factura demasiado grande para alguien que, según la carta, ha sufrido acoso, amenazas de muerte e intentos de hackeo de su correo electrónico desde que se conoció el caso.

Para los republicanos, es una nueva argucia de los demócratas para entorpecer y retrasar la confirmación de Kavanaugh. Las elecciones legislativas de noviembre están a la vuelta de la esquina y si los republicanos no cierran la llegada del candidato de Trump al Supremo, los demócratas podrían recuperar la mayoría en el Senado -aunque lo tienen muy difícil- y torpedear todavía más la llegada del magistrado.

Grassley se ha mostrado de momento impasible ante la petición de Ford. «La invitación para el martes sigue en pie», ha dicho. «Nada de lo que haga el FBI o cualquier otro investigador tendrá peso en lo que Ford diga al comité, así que no hay razón para otro retraso».

Lindsay Graham, otro senador republicano en el comité, criticó que el llamamiento al FBI no tiene nada que ver «con encontrar la verdad, sino con retrasar el proceso hasta después de las elecciones».

Incluso republicanos moderados, como Bob Corker, no han visto con buenos ojos otro alargamiento del proceso. «Los republicanos ofrecieron su mano de buena fe. Si no escuchamos a ambas partes el lunes, votemos», ha escrito en Twitter.

Desde la otra bancada, el llamamiento era al retraso. Feinstein agitó el fantasma de un caso similar del pasado para exigir el mayor pulcro con el testimonio de Ford. «Estoy de acuerdo al cien por cien que colocar una comparecencia a toda prisa el lunes es injusto y recuerda al tratamiento que tuvo Anita Hill», dijo en referencia a la mujer que en 1991 acusó de acoso sexual a otro candidato conservador al Supremo, el actual juez Clarence Thomas.

Los demócratas también exigieron que la comparecencia no solo tenga a Ford y Kavanaugh, sino que incluya a testigos clave, como Mark Judge, el amigo del candidato al Supremo que supuestamente estuvo presente cuando Kavanaugh agredió sexualmente a la acusadora. Judge escribió una carta al Comité Judicial en la que decía que no se acordaba de nada de ello y que prefería no hablar en público.

Mientras tanto, quien más está midiendo la estrategia es, contra su costumbre, el presidente Trump. Ha defendido en todo momento a su candidato, pero también el derecho de Ford a contar su historia. Es consciente de la importancia para su electorado de que los jueces de corte conservador copen el Supremo, como prometió en las elecciones. El miércoles protestó por la forma «injusta» en la que se está tratando a Kavanaugh, pero aseguro que quiere ver testificar a Ford. «Quiero ver lo que tiene que decir. Si aparece, será maravilloso», dijo sobre la presencia de Ford. «Si no, será algo desafortunado».

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