El error Casado

Hasta ahora, si en un juego de adivinanzas se nos preguntara por la identidad de un l√≠der del PP barbado y propenso a ponerse de perfil, el primer nombre que nos hubiera venido a la cabeza habr√≠a sido el de Mariano Rajoy. A partir de ahora la respuesta ya no estar√≠a tan clara. A Rajoy le ha salido un competidor. Pablo Casado. De aquel candidato aguerrido que hace cinco meses jugaba al l√≠mite la partida de la supervivencia ‚ÄĒla personal y la de su partido‚ÄĒ con discursos incendiarios que pretend√≠an cortar la hemorragia provocada por Vox en el flanco derecho y conjurar la amenaza del sorpasso planteada por Ciudadanos en el izquierdo, ya va quedando muy poco. En vista de que Abascal ha dejado de ser una sanguijuela electoral y de que Rivera va camino de pegarse el costalazo de su vida, el l√≠der del PP ha decidido regresar a la contemporizaci√≥n que su predecesor acu√Ī√≥ como imagen de marca del partido.

Lo √ļltimo: tras la sesi√≥n en el Parlament del pasado jueves, que primero reclam√≥ la amnist√≠a para los presos pol√≠ticos, el ejercicio del derecho de autodeterminaci√≥n, la retirada de la Guardia Civil de Catalu√Īa y la legitimaci√≥n de la desobediencia institucional a las decisiones judiciales, y que luego acab√≥ en tangana tras las protestas de Carrizosa por los vivas independentistas a los encarcelados del CDR, Casado dej√≥ de invocar el 155 ‚ÄĒen la campa√Īa de abril afirmaba que no aplicarlo era un delito de prevaricaci√≥n‚ÄĒ y volvi√≥ al discurso de ¬ęacompasar los tiempos¬Ľ. Antes hab√≠a bendecido el perfil propio del fracasado e inane PP vasco de Alfonso Alonso, se hab√≠a dejado ¬ęsorprender¬Ľ por La Sexta comiendo con Rajoy, y les hab√≠a dicho a sus barones lo que muchos quer√≠an o√≠r desde hac√≠a tiempo: ¬ęEl PP debe ser reconocible por moderado¬Ľ. Cuatro se√Īales evidentes de que no estamos ante un mero cambio circunstancial.

El giro est√° m√°s claro que el agua. Da la sensaci√≥n de que el l√≠der del PP da por bueno el resultado que pronostican las √ļltimas encuestas electorales ‚ÄĒcasi 100 esca√Īos‚ÄĒ y opta por imitar a los tr√©mulos entrenadores futbol√≠sticos que ordenan echarse atr√°s para aguantar el marcador en los minutos finales del encuentro. Nunca he entendido esa t√°ctica. Ni en el f√ļtbol ni en la pol√≠tica. ¬ŅSi un estilo de juego est√° dando buenos resultados, qu√© sentido tiene cambiarlo? Las encuestas que tanto celebran los mandamases de G√©nova premian lo que se ha hecho hasta ahora, que poco tiene que ver con las recetas vegetarianas de Rajoy, y nada garantiza que vayan a seguir siendo ben√©volas si a partir de ahora se hacen cosas distintas. La idea de que es posible pescar en el caladero de Rivera bajando el tono de voz y modulando los aspavientos es est√ļpida. El centro no se conquista con susurros. Y menos cuando est√° en juego la unidad de Espa√Īa.

Rivera va camino del desastre porque se dej√≥ cegar por la hambruna de poder, porque se convirti√≥ en un l√≠der desp√≥tico y antip√°tico y porque se mostr√≥ incapaz de aportar soluciones que contribuyeran a desbloquear el atasco de la pol√≠tica. Pero su discurso, en las cuestiones de fondo, no ha variado. El hecho de que un partido con m√°s musculatura y menos arrugas en el ce√Īo hubiera comenzado a hacer suyo ese mismo discurso le colocaba en una situaci√≥n apurada. Si ahora ese partido vuelve a dejarle solo en la defensa terminante de una pol√≠tica nacional sin cataplasmas ni ibuprofenos, a√ļn tendr√° una oportunidad para mitigar su ca√≠da. Casado har√≠a mal en olvidar tan pronto las razones que provocaron la eclosi√≥n de Vox y el auge de Ciudadanos. O apuesta por ser un pol√≠tico de convicciones o por ser un especulador de estrategias. Pincho de tortilla y ca√Īa a que si apuesta por lo segundo acabar√° lament√°ndolo.

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