El edificio diseñado para hacer sombra al Palacio Real que Carlos III condenó

Llamado a ser uno de los más importantes palacios madrileños, nunca llegaron las licencias necesarias para que el Palacio de Altamira se construyese según los planos diseñados por Ventura Rodríguez. Un proyecto de estilo neoclásico que que hubiese competido en belleza y tamaño con el Palacio Real. Puede que los celos del monarca Carlos III tuviesen bastante que ver para que ni Ventura Osorio de Moscoso y Guzmán, IX Conde de Altamira y V de Leganés (entre otros muchos títulos nobiliarios) ni sus sucesores hiciesen realidad su proyecto. Con el paso del tiempo la familia se arruinó mientras la construcción sufría continuos atrasos y acabó perdiendo las propiedades quedando tan solo construida una pequeña parte del ambicioso plan. Después de tener varios usos este emblemático espacio sigue en pie gracias a una importante restauración llevada a cabo por el Instituto Europeo di Design (IED) para instalar en él una de sus escuelas de Madrid.

Desde el patio se puede apreciar una de las fachadas del palacio – BELÉN RODRIGO

Nos remontamos hacia 1630 para hablar del origen de este palacio en la calle de Flor Alta (entre Gran Vía y San Bernardo). Diego Felipe de Guzmán, Marqués de Leganés, fue comprando casas junto a la suya para ampliarla y construir un palacio. En 1642 obtiene la licencia municipal para levantar su casa principal y las pautas fueron dadas por el arquitecto Juan Gómez de Mora. El marqués fue destinado a Flandes para estar al servicio de la infanta Isabel Clara Eugenia y allí hizo amistad con pintores como Rubens y Van Dyck. Fue entonces cuando empezó a reunir cuadros de los principales artistas flamencos. «La colección de arte del Marquesado de Leganés fue muy importante, querían tener un museo privado. Parte de los fondos los expoliaron los franceses cuando se instalaron en el palacio durante la Guerra de la Independencia», indica a ABC Fernando Ochoa, arquitecto y profesor de Diseño del IED. Pero otros cuadros están expuestos hoy en el Prado, en el Cerralbo o en el Lázaro Galdiano, entre otros. No faltaban en la casa tapices ni esculturas que adornaban los jardines. E importante fue también la biblioteca que reunió la familia.

La parte superior del edificio nunca había estado habitada
La parte superior del edificio nunca había estado habitada – BELÉN RODRIGO

Los planos de Ventura Rodríguez

Según los historiadores esta casa pasó a manos de Antonio Osorio de Moscoso en 1711 y sería su hijo Ventura quien decidió derrumbarla en 1772 para hacer su casa principal de nueva planta, algo frecuente en la época. Los planos de Ventura Rodríguez para este edificio se conservan en el Archivo de la Real Academia de San Fernando. La idea era que el inmueble ocupase toda la manzana entre la calle San Bernardo, de la Cueva, de Ceres y de la Flor Alta y estaba proyectado en torno a un patio central. Mirando a los planos, no hay duda que este palacio estaba llamado a ser uno de los principales de la capital, «más grande que el Palacio de Liria», subraya el docente. En los dibujos del arquitecto se distinguen hasta 67 dependencias en la planta principal. Y del proyecto destaca la escalera de tipo imperial con doble arranque. Fernando Ochoa destaca su tamaño «porque hubiese sido la mayor de España». Al monarca Carlos III no le debió agradar mucho el proyecto que rivalizaba con su palacio. «No se había construido todavía la escalera del Palacio de Oriente y se la encarga a Sabatini. Si nos fijamos es muy similar a la de Ventura Rodríguez», apunta Fernando. La capilla pudo ser otro motivo por el que nunca llegaron las licencias. «Ventura Rodríguez había hecho la capilla del Palacio de Oriente y diseña otra igual para el Palacio de Altamira. Al rey le debió molestar y encarga una extensión a Sabatini que quiso convertir en iglesia aunque no se llegó a realizar», matiza el profesor.

No existe consenso entre los historiadores para justificar porqué nunca se terminó el proyecto aunque las presiones de Carlos III son una explicación lógica. Por entonces la familia no tenía problemas económicos que les obligase a renunciar del palacio.

Vista del patio desde lo alto del edificio
Vista del patio desde lo alto del edificio – BELÉN RODRIGO

Recuperación el palacio

En 1842 empiezan a vender los bienes de la familia para hacer frente a los problemas económicos. En 1887, un siglo después de que se interrumpiesen las obras, se finaliza la fachada con un proyecto de Mariano Belmás. Entre los inquilinos de la parte existente del palacio estuvieron el Ministerio de Educación y Ciencia y la Escuela de Peritos Industriales de Madrid. Declarado Monumento Histórico – Artístico en 1977, se encontraba en total abandono hasta que en 2004 el IED firma un convenio con el Ayuntamiento de Madrid para llevar a cabo la restauración y acondicionamiento del espacio que fue realizado por Gabriel Allende. «Se trató de unir el pasado y el presente», puntualiza el profesor. Fue un proyecto rigurosamente fiel al valor arquitectónico, histórico y artístico del edificio.

Una intervención que permitió recuperar la parte del palacio que se llegó a construir y que se ha adaptado de forma elegante y funcional para su nuevo uso. En esta escuela se imparten clases desde 2006. Son más de 3000 metros cuadrados distribuidos en tres edificios que rodean un gran patio exterior. Las que fueran dependencias del antiguo palacio acogen hoy exposiciones y clases. Techos altos y ventanales en los que han recuperado las contraventanas de madera. Solo una estancia conserva la decoración en los techos. En la parte superior que probablemente nunca se utilizó (no estaba pavimentada) se encuentran hoy algunos de los talleres. Desde el patio, hoy más pequeño que el original, se puede contemplar la grandeza que pudo tener el palacio. Y desde este patio se puede comprobar también cómo pasado y presente se han integrado facilitando el día a día de la escuela y sus alumnos.

Detalle de uno de los techos pintados que se conservan del antiguo palacio
Detalle de uno de los techos pintados que se conservan del antiguo palacio – BELÉN RODRIGO

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