El dominio del espacio, otro foco de conflicto entre EE.UU. y China

Donald Trump junto a Xi Jinping

Las ambiciones de Pekín ponen en alerta a una Casa Blanca decidida a no perder la carrera

WASHINGTON.- Cincuenta a√Īos despu√©s de demostrar su predominio en el espacio derrotando a la Uni√≥n Sovi√©tica en la carrera por llevar humanos a la Luna, Estados Unidos enfrenta las ambiciones c√≥smicas de una nueva superpotencia: China.

China reci√©n puso a un astronauta en el espacio en 2003, m√°s de 40 a√Īos despu√©s que Estados Unidos y la Uni√≥n Sovi√©tica. Pero desde 2003 el programa espacial chino avanza a toda m√°quina, mientras que ahora Estados Unidos hasta depende de Rusia para mantener su presencia en la Estaci√≥n Espacial Internacional.

La NASA no ha vuelto a enviar humanos a la superficie lunar desde 1972. Pero a principios de 2019, China hizo historia al convertirse en la primera naci√≥n que deposita una nave espacial no tripulada en la cara oculta de la Luna, una haza√Īa celebrada como “la apertura de un nuevo cap√≠tulo en la exploraci√≥n humana de la Luna”.

Ocho a√Īos despu√©s de que el √ļltimo transbordador espacial aterrizara en el Centro Espacial Kennedy, la NASA y sus contratistas asociados siguen tratando de construir una nave que vuelva a llevar humanos al espacio. Mientras tanto, China ha desarrollado un cohete monstruoso y el a√Īo pasado lanz√≥ m√°s cohetes que ning√ļn otro pa√≠s, aunque ninguno con personas a bordo. Y mientras que la NASA trata de decidir el futuro de la envejecida Estaci√≥n Espacial Internacional, China planea poner en √≥rbita su propia estaci√≥n en pocos a√Īos m√°s.

China tiene planes de enviar otra nave a la Luna este mismo a√Īo. Tambi√©n ha puesto la mira en el mismo y remoto lote lunar al que tambi√©n quiere llegar desesperadamente Estados Unidos: el polo sur de la Luna, donde el agua en forma de hielo podr√≠a servir no solo para sostener formas de vida, sino tambi√©n como fuente de hidr√≥geno y ox√≠geno para la fabricaci√≥n de propelentes, y as√≠ usar la Luna como plataforma de lanzamiento hacia otros destinos. Aunque est√©ril, gris e inerte, la Luna es un punto de apoyo crucial para la exploraci√≥n del espacio profundo, con el enorme prestigio que conllevar√≠a ser el primero en lograrlo.

Las ambiciones de Pekín no pasan desapercibidas en Washington, donde se ha desatado un debate sobre cuáles son las verdaderas intenciones de China y cómo responder a ellas en tiempos en que el espacio es considerado un crítico dominio en disputa.

El gobierno de Trump y los halcones conservadores plantean esa competencia como una lucha de poder con enormes consecuencias: la Luna como metáfora cósmica del Mar de la China Meridional, donde la expansión de la presencia militar de China es vista con preocupación por el Pentágono.

A principios de este a√Īo, la Casa Blanca anunci√≥ que la NASA adelantar√≠a dr√°sticamente la fecha de su misi√≥n de regreso a la Luna, inicialmente prevista para 2028. Ahora, por directiva del vicepresidente Mike Pence, se adelant√≥ a 2024.

“No se equivoquen: estamos en una carrera espacial tal como la hab√≠a en la d√©cada de 1969, pero hoy es todav√≠a m√°s lo que est√° en juego” dijo Pence en marzo, en un discurso en el que pidi√≥ el acortamiento de los plazos. Pence dijo que el aterrizaje de China en la cara oculta de la Luna “revela su ambici√≥n de tomar la delantera estrat√©gica en la Luna y convertirse en el pa√≠s dominante en exploraci√≥n espacial”.

Muchos piensan que en vez de competir Estados Unidos y China deberían asociarse para la exploración civil del espacio y misiones científicas, como ya hace con Rusia, otro potencial adversario. Pero esa posibilidad es más problemática desde 2011, cuando se aprobó una propuesta del exlegislador republicano Frank Wolf que supedita a la aprobación del Congreso cualquier asociación de la NASA con China, y exige que el FBI certifique que esa cooperación no pone en riesgo la seguridad nacional norteamericana.

De las misiones lunares Apollo a esta parte, ning√ļn pa√≠s iguala el historial espacial de la NASA: ha enviado sondas a todos los rincones del sistema solar, aterriz√≥ robots en Marte en tres oportunidades, y el mes pasado anunci√≥ que enviar√≠a un cuadric√≥ptero del tama√Īo de un auto a Tit√°n, la luna de Saturno.

Pero la NASA ha perdido algo del prestigio y el encanto que ten√≠a en la era Apollo, cuando era la fuente de inspiraci√≥n del mundo. Desde la misi√≥n Apollo XVII, en 1972, ning√ļn humano ha vuelto a pisar la superficie lunar, y desde que el transbordador espacial fue retirado de servicio, hace ocho a√Īos, la NASA no tiene modo de enviar astronautas al espacio, y debe pagarle 80 millones de d√≥lares por asiento a Rusia para que lleve a los astronautas norteamericanos hasta la Estaci√≥n Espacial Internacional.

Algunos temen un futuro en el que el programa espacial chino se convierta en la √ļnica alternativa.

“Se ver√≠a realmente muy feo que la Estaci√≥n Espacial Internacional ingrese a la atm√≥sfera envuelta en llamas mientras los chinos siguen poniendo cosas en el espacio”, dice Brian Weeden, de la Fundaci√≥n Mundo Seguro, un grupo de expertos aeroespaciales. “Podr√≠a convertirse en un enorme problema pol√≠tico”.

Traducción de Jaime Arrambide

The Washington Post

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