El dilema de la dimisión de Dolores Delgado

La soga que tiene la ministra de Justicia, Dolores Delgado, es cada vez más asfixiante. Desde hace tres días el medio «Moncloa.com» ha estado desvelando audios de un encuentro en 2009 entre Delgado, el exjuez Baltasar Garzón y el excomisario Villarejo y otros cargos policiales.

Ayer trascendían unas grabaciones en las que la ministra hacía comentarios homófobos sobre el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska por entonces juez de la Audiencia Nacional. Durante un desayuno informativo Delgado aseguró que no se referían a Marlaska, pero apenas pasaron unas horas cuando Justicia rectificó en un comunicado asegurando que sí eran por el titular de Interior, aunque no hacía alusión a su condición sexual.

Esto significó el quinto cambio de versión desde que se empezó a difundir su conversación con el excomisario Villarejo, del que en un primer momento aseguró que no le conocía y luego que sí «había coincidido con él en tres ocasiones».

Pero el filtrado de grabaciones parece no cesar. Hoy el diario digital ha revelado una conversación de la misma cita en la que Delgado hace alusión a que compañeros jueces podrían haber alternado con menores durante un viaje a Colombia. A cada filtración, el Gobierno está más contra las cuerdas y la oposición no duda en esgrimir cada rectificación para presionar al presidente Pedro Sánchez.

Delgado reprobada por el Senado

Así las cosas, ayer el Senado aprobó una moción para reprobar a Delgado, registrada por el Partido Popular, y con el apoyo de Ciudadanos y Foro Asturias. La reprobación fue impulsada a raíz de las banzados de la ministra y su dudosa gestión para la defensa del magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena. Eso sí, durante la sesión de control al Gobierno de la Cámara Alta no faltaron los reproches a Delgado por sus sucesivas «mentiras».

De hecho, el Grupo Parlamentario Popular le gritó: «¡Dimisión, dimisión, dimisión!» mientras que el presidente del Senado, Pío García Escudero, intentaba continuar con la sesión.

Sin embargo, no sólo sus rivales políticos critican exigen su cese. Desde Podemos, el principal socio del Gobierno, no sólo exigen explicaciones a la ministra Delgado por su encuentro con Villarejo, sino que han pidido su dimisión. «Hay que alejar de la vida política a quien se relacione con las cloacas», aseveró ayer su secretario general, Pablo Iglesias, en los pasillos del Congreso.

«No voy a dimitir»

Pese a pender de un hilo Dolores Delgado se ha atrincherado en el poder y el Gobierno, aunque cada vez más fatigado, la mantiene en su puesto. El PP ha vuelto esta mañana a pedirle en la Cámara Baja que dé el paso «por dignidad».

Este es, de hecho, el mismo escenario que se dio con la ministra de Sanidad, Carmen Montón, cuando dimitió hace dos semanas por los escándalos de su caso máster de la Universidad Rey Juan Carlos.

Si los socios del Gobierno, así como la oposición, forzaran la dimisión de Delgado sería el tercer miembro del Gabinete que abandona el Gobierno en tres meses y medio. Esto supondría una circunstancia excepcional que nunca antes se había dado y que debilitaría a un Ejecutivo ya de por sí débil, pues solo cuenta con 84 diputados en el Congreso.

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