El día después de las primarias de En Marea

Llegará el día —aunque ni ellos saben cuándo será— en que los inscritos de En Marea puedan celebrar sus primarias y elegir a la nueva dirección del partido (o lo que sea). Llegará ese día, y lo peor no será echar la vista atrás y ver el desolado escenario de tierra quemada que el conflicto interno ha dejado durante el transcurso de los días. Ni siquiera el espectáculo del acuchillamiento privado retransmitido en directo ante la opinión pública, incluso a aquellos ciudadanos que votaron En Marea y pueden tener una mayor tolerancia hacia el impúdico concurso de reproches y acusaciones.

Lo peor vendrá el día después.

Pase lo que pase, este mes de ajuste de cuentas por capítulos tendrá consecuencias, con independencia de quién gane y se quede con la marca. Es eso lo que está en juego: aquel que acceda a la dirección de En Marea podrá presentarse bajo su paraguas a los próximos comicios electorales que se vayan produciendo, desde municipales a generales (cuando sean), y por supuesto en las autonómicas de otoño de 2020. A pesar de haber sido zarandeada y arrastrada por el fango, aún queda algo de tirón en la marca electoral, pero corre riesgo de una última devaluación en función de cómo se desarrolle la traca final del esperpento.

Si gana el sector de Villares —harto improbable, según los cálculos de sus críticos—, habrá que ver qué encaje aceptan Podemos, Esquerda Unida, Anova y los «alcaldes del cambio» (a peor), porque todo este pulso no busca sino expropiarle al magistrado en excedencia el liderazgo del partido e imprimirle un nuevo rumbo, más a la izquierda y menos escorado al nacionalismo. Acusado de ser el responsable de la anulación de las primarias, ¿podrá ser Villares capaz de garantizar una convivencia pacífica? ¿O, por el contrario, el ambiente será cada vez más irrespirable y sus críticos abandonarán el barco para construir una nueva Marea? No lo descarten.

Si, como parece, la victoria es para Bruzos y su equipo (Noriega, Ferreiro, Suárez, Díaz y Gómez-Reino), lo que corre peligro es la continuidad misma de Villares como portavoz parlamentario. El deterioro de las relaciones personales ha llegado a tal extremo, la desconfianza hacia el actual líder es de tal calado, que todo hace presagiar una remuda en la Cámara gallega. ¿Aceptará el magistrado en excedencia esa degradación? ¿O pedirá su regreso a la judicatura? Ya se imaginan qué esperan de él sus críticos.

Sea como fuere, el daño ya está hecho, y los alcaldes rupturistas lo saben. Las encuestas propias dan a la baja, y la tendencia no se frena. Temen recibir en carne propia el castigo del electorado a la turbulencia interna, mientras Villares, a quien responsabilizan del lío, contempla parsimonioso desde su escaño.

José Luis JiménezJefe de secciónJosé Luis Jiménez

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