El descuidado aspecto de Boris Johnson

«Que no les engañe su aire desaliñado y dejado. Su arma secreta es su estratégico despeinado». Con esta frase prevenía una articulista del Financial Times sobre una posible apariencia calculada de Boris Johnson para llegar a la cúspide del partido Conservador. Aunque no podemos estar de acuerdo con que exista tal nivel de preparación para conseguir un estilismo tan atroz, si puede ser cierto que el ya primer ministro de Gran Bretaña se haya gustado así y se diese cuenta hace tiempo de que su desaliñada presencia causaba cierta simpatía y le hacía -desde luego- inolvidable.

Alexander Boris de Pfeffel Johnson (Nueva York, 19 de junio de 1964) es como mínimo un personaje curioso y contradictorio. Siempre en contra de la inmigración, entre sus ancestros existen curiosamente rusos, judíos, turcos, franceses y alemanes, aunque -eso sí- ninguna de sus ex-suegras era de origen británico. Se comenta que Johnson, apodado por la prensa BoJo, tiene muy buena suerte en general y un gran tirón entre las féminas. Desde luego, no será porque cuide su guardarropa, ni por un ausente don para combinar prendas o unas dudosas formas a la hora de posar y vestirse. No obstante, esta semana al ser recibido por la Reina Isabel II en Buckingham llegó impecablemente vestido, con el cabello limpio, corto y ordenado, no siempre se dan estas circunstancias en sus apariciones públicas más notorias.

Entre sus rasgos más sobresalientes está el de ir permanentemente despeinado, algo que el Daily Mail han subrayado en varias ocasiones y que ciertamente se podría haber convertido en su «sello personal», esa melena lisa y albina alborotada y al viento. Esto, si bien le ha granjeado un reconocimiento inmediato e incluso gran popularidad, no es de recibo en ocasiones formales.

Boris Johnson
Boris Johnson – Andrew McCaren

Sus camisas, tal y como explicaba en detalle el mencionado artículo del Financial Times, rara vez están bien planchadas, van arrugadas en la cintura haciendo «bolsa» e incluso las lleva casi sin remeter, algo impensable en un británico que ha estudiado en Eton y que ha llegado a lo más alto del escalafón politico del Reino Unido. Sus trajes, mal cortados, incluyen chaquetas demasiado cuadradas y mangas excesivamente cortas que muestran sus camisas más allá de los puños. Cuando camina o posa de pie, ni siquiera cierra un botón de su chaqueta sino que la deja abierta, bien por descuido o bien porque en ocasiones ni siquiera le cierra.

Las corbatas de Boris Johnson suelen ser corrientes, ir mal colocadas y arrugadas, un detalle poco refinado de un politico que a menudo incluso se quita la corbata y se queda con la camisa blanca desabrochada, algo poco favorecedor y no muy adecuado; de ir en mangas de camisa es mejor que esta sea azul clara o de rayas finas, no de vestir. Y cuando sale a correr lo hace ataviado con deportivas negras, traje de baño de flores, sudadera verde y alguna gorra ridícula. Es probable que ahora que entra en el 10 de Downing Street el equipo permanente de mayordomos y el sastre habitual de la casa se ocupen de que salga de la puerta más famosa de Gran Bretaña como un pincel. Por lo pronto, la influencia de su novia, Carrie Symonds, se ha dejado notar en su bajada de peso y su nuevo corte de pelo.

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