El Congo celebra unas esperadas elecciones en medio de un clima de tensión, violencia y desorganización

La República Democrática del Congo celebra hoy unas esperadas elecciones que podrían marcar la primera transición democrática del poder en el país rico en minerales desde su independencia de Bélgica en 1960. Sin embargo, las jornadas previas a la votación se han caracterizado por la tensión en la calle entre grupos de militantes y las fuerzas gubernamentales y por el caos organizativo de la comisión. Su decisión de no dejar votar a parte del electorado vuelve a sembrar dudas sobre la transparencia del proceso electoral que pondrá fin al segundo y último mandato de Joseph Kabila, en el poder desde 2001. Además, podría desencadenar en un conflicto sangriento, como ya sucedió en los comicios de 2006 y 2011.

Después de años de intentos deliberados de demorar los comicios, el gobierno congoleño parecía haber puesto todo su empeño en garantizar que se celebraran el 23 de diciembre. Sin embargo, ese domingo no hubo votación. La Comisión Nacional Electoral Independiente (CENI) retrasó una semana los comicios por problemas logísticos después de que se incendiara uno de sus principales almacenes de la capital, Kinshasa, a diez días de las elecciones. El fuego calcinó unas 8.000 de las 10.368 máquinas para votar, lo que supuso un duro golpe para una comisión que, ya de por sí, se enfrentaba al gran desafío logístico y técnico que supone la organización de unas elecciones presidenciales, legislativas y provinciales en un país con una infraestructura muy pobre.

Tensión, desorganización y exclusión

Más de 40 millones de votantes están llamados a las urnas para elegir al sucesor Kabila de entre 21 candidatos (con la presencia de una sola mujer), en una jornada electoral que podría estar marcada por colas de hasta 20 horas. Según Reuters, la comisión electoral ha aumentado el número de votantes por puesto de votación en Kinshasa debido a la eliminación de más de mil puestos de votación. Los congoleños también podrían sufrir las consecuencias de la caótica organización de la comisión, quien a dos días antes de los comicios reconoció que solo alrededor del 60% de los materiales electorales habían sido entregados a las estaciones de votación del país.

La exclusión de la votación de más de un millón de congoleños (el 3% del electorado) provocó un aumento de las tensiones en la calle en forma de protestas que han terminado con arrestos y duras actuaciones por parte de las fuerzas de seguridad. La comisión electoral retrasó las elecciones hasta marzo de 2019 en las ciudades de Beni y Butembo (noreste), que están lidiando con el peor brote de ébola de la historia del Congo, y Yumbi (oeste), donde la pasada más de 100 personas murieron por violencia étnica. Para los críticos, esta decisión es una maniobra del gobierno para disminuir el poder de voto en bastiones de la oposición y favorecer así a su candidato, Emmanuel Ramazani Shadary, un ex ministro del Interior elegido por su lealtad y sancionado por la Unión por violaciones de los derechos humanos.

Una oposición fragmentada

La oposición nunca ha dado la impresión de que era una mejor apuesta para la estabilidad del país. Dos de los líderes más fuertes se unieron para enfrentarse al candidato del gobierno: Felix Tshisekedi, el presidente del mayor partido opositor (la Unión por la Democracia y el Progreso Social) y Vital Kamerhe (Unión por la Nación Congoleña), que obtuvo el tercer puesto en las elecciones de 2011. Ambos habían acordado en noviembre apoyar al empresario petrolero Martin Fayulu como único candidato de la oposición, un acuerdo que apenas duró 24 horas. En las últimas semanas, Fayulu habría pasado del tercer puesto a liderar las encuestas con el 44% de los votos, seguido de Tshisekedi (24%) y Shadary (19%). Los resultados oficiales se conocerán el 15 de diciembre y el nuevo presidente jurará su cargo tres días después.

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