El Colegio María Cristina de Huérfanos de Infantería (1872-1936) y los esfuerzos de una ciudad

En la entrada a Toledo desde Madrid y antes de llegar al Hospital de Tavera, estuvo, desde 1418, el de San L√°zaro, refugio de leprosos y ti√Īosos. Cerrado en 1791, se convertir√≠a en Cuartel de Infanter√≠a y, a partir de 1846, dar√≠a apoyo a los centros de instrucci√≥n militar que recalaban en la ciudad. Con los a√Īos, este aislado y viejo edificio se ampli√≥ para alojar un colegio de hu√©rfanos, as√≠ como tambi√©n se hizo con un vecino pol√≠gono de tiro que, con el tiempo, ser√≠a la cuna de la Escuela Central de Gimnasia.

En 1869, Toledo, con la marcha del Colegio de Infanter√≠a, hab√≠a perdido un aliciente de vida. En compensaci√≥n se anunci√≥ la llegada de la Escuela de Tiro, adecu√°ndose un terreno para sus ejercicios pr√°cticos en Palomarejos, en una parte de las actuales pistas deportivas contiguas a la avenida de Europa. Para hacer posible todo aquello el Ayuntamiento deb√≠a entregar casi 400.000 reales al Ministerio de Guerra. Era preciso comprar algunas fincas privadas, explanarlas, levantar una caseta y el cobertizo de los tiradores frente a un alargado rect√°ngulo de tierra. Para reunir aquella cantidad, hubo que vender t√≠tulos de deuda p√ļblica -muy devaluados- y ralentizar algunos proyectos municipales. Sin embargo, la Escuela no aportar√≠a la llegada de los batallones que se promet√≠an para ejercitarse en Toledo. Aun as√≠, en 1880, la Ciudad volver√≠a a asumir otro empr√©stito para evitar su p√©rdida, ampliando el pol√≠gono de tiro y arreglando otros espacios militares m√°s, con una inversi√≥n de 500.000 pts.

En cambio, en 1872, el general Fernando Fern√°ndez de C√≥rdoba, marqu√©s de Mendigorr√≠a (1809-1883), s√≠ hab√≠a propiciado crear en Toledo el Asilo de Hu√©rfanos de la Infanter√≠a, ubicado en el Hospital de Santa Cruz que, diez a√Īos despu√©s, se saturar√≠a, pues las guerras de ultramar propiciaban el auge de asilados. En 1886, la Asociaci√≥n que los tutelaba, al no lograr los recursos econ√≥micos suficientes y un lugar m√°s id√≥neo, lo traslad√≥ a Aranjuez, donde, a medio plazo, las peticiones rebasaban las plazas disponibles. Sabida esta realidad, la corporaci√≥n toledana se comprometi√≥ para recuperar el ya titulado Colegio Mar√≠a Cristina de Hu√©rfanos de la Infanter√≠a.

En 1894, una Real Orden fijaba que el toledano cuartel de San L√°zaro acoger√≠a el Colegio y su cesi√≥n al Ayuntamiento para que √©ste ¬ęllevase a cabo los ofrecimientos¬Ľ que hab√≠a elevado previamente. En 1895, el Ramo de Guerra -sin perder la propiedad- formaliz√≥ la entrega a la ciudad. La Corporaci√≥n puso el terreno p√ļblico necesario y levantar√≠a las nuevas instalaciones, asumiendo, entre otros aspectos, su mantenimiento peri√≥dico, la dotaci√≥n de agua y posibles ampliaciones de suelo, como la que se efectu√≥ en 1910, contabiliz√°ndose 9.332 metros cuadrados en 1940. San L√°zaro ser√≠a la zona principal y en el solar agregado estar√≠a el internado en torno a un gran patio: dormitorios, comedores, la enfermer√≠a, aulas, talleres y otras dependencias. El arquitecto municipal, Juan Garc√≠a Ram√≠rez, redact√≥ el oportuno proyecto cuyo coste rebasaba las 320.000 pesetas. La Asociaci√≥n prest√≥ al Ayuntamiento parte de esta cantidad que restituir√≠a en varios plazos. En abril de 1898, el alcalde Jos√© Benegas entreg√≥ la obra al coronel Jos√© de Vela, director del Colegio, con el visado del teniente coronel de Ingenieros, V√≠ctor Hern√°ndez, que dirig√≠a la reconstrucci√≥n del Alc√°zar tras el incendio de 1887.

En agosto de 1897 llegaron desde Aranjuez a Toledo solamente los huérfanos varones. A partir de aquel momento, la actividad de los siempre uniformados cristinos se integró plenamente en la vida de la ciudad. Allí, bajo los oportunos reglamentos, los alumnos recibían formación general, el aprendizaje de ciertos oficios o la preparación para acceder al mundo militar. Para conocer al detalle todo este proceso y sus antecedentes es imprescindible la obra de A. Donderis y J.L. Isabel, publicada en 1997, que se extiende a los demás colegios de huérfanos del Ejército de Tierra.

El 21 de julio de 1936, tras vivirse en Toledo la adhesi√≥n al alzamiento militar contra el gobierno del Frente Popular, al llegar a la ciudad una columna al mando del general Riquelme L√≥pez-Bago para sofocarla, fruto del primer choque en los aleda√Īos de Tavera, San L√°zaro fue destruido. All√≠ estaban los despachos y un gran patio acristalado, escenario de numerosos actos de la vida colegial. Este arruinado recinto (de 2.872 metros cuadrados) fue segregado m√°s tarde por el Ministerio del Ej√©rcito. Lo adquiri√≥ una empresa tur√≠stica (Pullmantur) para crear un complejo hotelero, cuyo proyecto lo redact√≥, en 1968, Fernando Chueca Goita. La obra se ejecut√≥ a√Īos despu√©s.

El colegio de los cristinos, desde 1939, se trasladar√≠a a Madrid junto a los centros de otras armas existentes en ciertas ciudades. Los maltrechos edificios de Toledo que siguieron en pie fueron parcialmente arreglados para alojar fuerzas de Infanter√≠a, continuando la actividad de la reconocida imprenta y encuadernaci√≥n del Patronato de Hu√©rfanos Mar√≠a Cristina. All√≠ se establec√≠an tambi√©n las oficinas del Regimiento n¬ļ 39 Cantabria (disuelto en 1960), de Intendencia, Transportes, Farmacia, Zona y Caja de Reclutamiento durante varios a√Īos. Hacia 1979, transitoriamente, el pabell√≥n de mayores dimensiones ‚Äďlos antiguos comedores y dormitorios-, albergar√≠a la Compa√Ī√≠a de Reserva General N¬ļ 8 de la Polic√≠a Nacional.

A partir de 1979 comenzaron largas negociaciones entre el Ministerio de Defensa y el Ayuntamiento que llegaron a la firma de un convenio, en 1985, en el cual, mediante pagos -fijados inicialmente en 850 millones de pesetas- y permutas varias, la ciudad recuperaba varios terrenos cedidos desde el siglo anterior, especialmente los situados entre San L√°zaro y la Vega Baja. En 1995 se defin√≠a el plan urbanizador del viejo conjunto colegial para transformarse en viviendas privadas y usos comerciales. En 1999 se derribaron los edificios menores (como la imprenta) y otros sin valor alguno. Tan solo se rehabilitaron dos en los que a√ļn es posible reconocer los perfiles de mamposter√≠a y ladrillo, de finales del XIX, que durante cuatro d√©cadas acogieron la vida del Colegio de Mar√≠a Cristina como testimonian las im√°genes y los textos originales durmientes en papel.

Rafael del Cerro, historiador

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