«El cierre gubernamental no acabará hasta que no haya muro»

Los estadounidenses abrían este martes sus regalos a los pies del árbol de Navidad. Desde Washington, para cientos de miles de empleados federales, llegaba uno que nadie había pedido: el cierre gubernamental por falta de acuerdo presupuestario no tiene pinta de solucionarse a corto plazo. Hoy se cumple el quinto día de cierre gubernamental, con las posiciones distanciadas entre Donald Trump y la oposición demócrata.

El presidente de Estados Unidos exige que la ley de gasto federal incluya un desembolso de alrededor de 5.000 millones de dólares para la construcción del muro con México -una promesa electoral de gran simbolismo- y la oposición se niega a dar esa victoria política a l presidente cuando está a pocos días de controlar la Cámara de Representantes en el Congreso.

Trump dejó este martes claro que pretende estirar la cuerda al máximo en esta batalla política. En el día de Navidad, tras una videoconferencia con tropas estadounidenses desplegadas por el mundo, reafirmó su intención de no dar un paso atrás: «No puedo decir cuándo se reabrirá el Gobierno», dijo sobre la ausencia de acuerdo presupuestario, que ha forzado el cierre de una cuarta parte de las agencias federales. «Lo que sí puedo decir es que no se abrirá hasta que tengamos un muro, una valla o como se quiera llamar», explicó sobre la barrera física que pretende en la frontera con el vecino del Sur.

Trabajar sin sueldo

La incidencia hasta ahora del cierre gubernamental ha sido relativa. Arrancó en fin de semana -el pasado sábado- y esta semana ha coincidido con los días de Nochebuena y de Navidad. Pero cerca de 800.000 de los 2,1 millones de empleados federales que tiene el país se verán hoy afectados por el bloqueo: algunos tendrán sus lugares de trabajo cerrados mientras que otros -los que realizan funciones esenciales, como el personal de frontera- trabajarán con normalidad pero no recibirán su sueldo hasta que se apruebe el gasto. A pesar de ello, Trump aseguró que los afectados están con él. «Creo que entienden lo que está pasando. Quieren seguridad en la frontera. Los empleados federales quieren el muro», dijo sin dar detalles de con qué trabajadores había hablado.

Desde uno de los principales sindicatos de funcionarios, el National Treasury Employees Union, la opinión era diferente: Tony Reardon, su presidente, aseguraba a «The Washington Post» que el Congreso y la Casa Blanca «no han hecho su trabajo» y que los trabajadoras «no deberían pagar el precio de esta disfunción».

Mañana, el Senado vuelve a las sesiones y nada apunta a que se encuentre un acuerdo. Los republicanos necesitan una mayoría reforzada para pasar la ley de gasto y no tienen votos suficientes.

El actual director de la oficina presupuestaria de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, que será jefe de Gabinete interino de Trump a partir del 1 de enero, ya advirtió de que al menos esperaba que el cierre se extienda hasta mediados de enero.

Mientras tanto, Donald Trump asegura que su sueño del muro empieza a hacerse realidad, con o sin acuerdo con el Congreso. Este martes aseguró -repitiendo lo que había dicho el día anterior- que había aprobado la construcción de una franja de 185 kilómetros de muro, en el que está a punto de iniciarse las obras. «Se va a construir y espero que muy rápido», dijo. «Iré allá a finales de enero para el comienzo de las obras. Es una sección muy grande», añadió sobre un proyecto del que la Casa Blanca no ha dado detalles sobre los contratos para su ejecución ni sobre su financiación. Según el presidente de Estados Unidos, solo se lo podrá saltar «un campeón olímpico».

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