El chico que se agregó un nombre en honor a su entrenador, encontró en el rugby una familia y fue adoptado

Nicolás pasaba todo el día en Los Tilos; al terminar, volvía a su instituto de menores en La Plata.

Nicol√°s no ten√≠a familia y viv√≠a en hogares de menores. Escrita de esa forma, parece una historia triste. Pero lejos est√° hoy de la tristeza el chico de 10 a√Īos y sonrisa p√≠cara al que un d√≠a el rugby le dio la mano para no soltarlo y hacerlo encontrar en el deporte su escuela de vida. Una escuela que le ofreci√≥ herramientas educativas, que le ense√Ī√≥ a ser paciente y a perseverar. Con ocho a√Īos, pis√≥ por primera vez las canchas de Los Tilos, club de La Plata. El objetivo era aprender a jugar con la ovalada, pero tambi√©n abrazarse al valor de la amistad y al respeto a los rivales.

La historia tiene origen en Gast√≥n Tuculet, padre de Juan Pedro, un muchacho de 19 a√Īos que muri√≥ baleado en un asalto por un chico de la misma edad, en Villa Elisa, partido de La Plata, en marzo de 2013. Ese dolor llev√≥ a Tuculet a la acci√≥n. Quiso contagiar de rugby a los institutos de menores de La Plata. “A Nicol√°s y a otros chicos yo los llevaba del instituto al club. √Čl ten√≠a muy buena onda con mi hijo Manuel. Un d√≠a le dimos ropa, lo vestimos. A partir de eso empez√≥ a entrenarse. Soy un convencido de que con el rugby se puede modificarle el destino a la gente. Los que hemos tenido problemas muy serios tenemos que levantar a muchos y construir una sociedad que tenga mejores h√°bitos”, afirma Tuculet, t√≠o de Joaqu√≠n, el fullback de los Pumas y Jaguares.

Durante dos a√Īos, Nicol√°s integr√≥ las divisiones infantiles. Luego de divertirse en los entrenamientos, todos los d√≠as volv√≠a a su instituto de Villa Elisa. A veces triste, a veces contento, pero siempre con una esperanza que se le negaba: encontrar una familia. Hace poco, su vida cambi√≥ radicalmente: a Nicol√°s le toc√≥ la alegr√≠a de tener mam√° y pap√° adoptivos. Pero no era sencilla la situaci√≥n, que requer√≠a un cambio de radicaci√≥n, alejarse de Los Tilos. El nuevo destino era Santa Fe, al que ir√≠a en compa√Ī√≠a de su hermano Iv√°n, de 12 a√Īos.

Hace unos d√≠as, Nicol√°s sorprendi√≥ al agregar el nombre “Gonzalo” a su documento, con autorizaci√≥n de una jueza. ¬ŅPor qu√©? Lo hizo en honor a su entrenador en Los Tilos, Gonzalo Z√°rate. “Lo que me ense√Ī√≥ Gonzalo es un tackle contundente y a cuidar siempre a mis amigos”, dice Nicol√°s. Mary, su flamante madre (36 a√Īos, comerciante; prefiere no revelar su apellido), se reconoce nueva en el deporte oval. Y tambi√©n para ella y su marido cambia la vida: llevaban de 15 a√Īos de habitar una casa silenciosa.

Tacklear es lo que m√°s le gusta al peque√Īo, que ahora vive en Santa Fe junto a su hermano de 12 a√Īos y sus nuevos padres.

“Son chicos que nunca se aburren, hiperkin√©ticos. Ven√≠an muy golpeados por la historia. Esperaban desde hac√≠a bastante una familia”, cuenta Mary. Ese movimiento constante es la tecla que a Nicol√°s lo hace so√Īar siempre con el rugby. “Quiero jugar en los Pumas. Me gusta correr r√°pido por la l√≠nea y patear la pelota por el aire”, apunta verborr√°gico. Pueden ser las 11 de la noche de un jueves y que Nicol√°s siga sin acusar recibo de cansancio. A pesar de haber estado todo el d√≠a en la colonia de vacaciones, habla y habla. Y sus palabras tienen un destinatario: Gonzalo Z√°rate, aquel entrenador de Los Tilos.

“Necesito verlo porque lo extra√Īo. Y ahora me sali√≥ con esta noticia de que se puso mi nombre. Es la gloria. Nos mandamos mensajes. Me cuenta que aprendi√≥ a leer, que sigue dando su tackle”, se conmueve el preparador de peque√Īos rugbiers. “Nicol√°s es muy fuerte; mostraba muchas ganas, una energ√≠a tremenda. Pero tambi√©n requer√≠a de mucha atenci√≥n. A veces sal√≠a corriendo porque se enojaba y hab√≠a que ir detr√°s de √©l. Estos chicos ven√≠an de sufrir bastante y necesitaban de cuidados diferentes”, manifiesta Z√°rate, dermat√≥logo de profesi√≥n, docente por vocaci√≥n.

“Nico iba, tacklaeaba y me dec√≠a ¬ę¬Ņviste c√≥mo baj√© a tres? Les di su merecido¬Ľ. Le compr√°bamos un cono de papas fritas cuando se portaba bien. √Čl tuvo este gesto conmigo, pero √©ramos diez los entrenadores que est√°bamos todo el d√≠a con √©l. Yo soy la cara visible, pero no me olvido de todo el grupo humano. Siempre intentamos mostrarles a los chicos el ejemplo; eso es lo primordial para que ellos se humanicen. Esta hermosa historia es Los Tilos, una gran familia integradora”, se emociona Gonzalo.

Tambi√©n Gast√≥n Tuculet, el fact√≥tum de los nuevos rugbiers, tiene algo por decir. “Esto es la frutilla del postre de seis a√Īos en que venimos trabajando en el club. Es un laburo que venimos haciendo con el Organismo de Ni√Īez y Adolescencia. Los chicos que no tienen familia o a los que la familia los abandona pasan a estar tutelados por el Estado. Los chiquitos est√°n en hogares, y los j√≥venes con causa penal, en centros cerrados de contenci√≥n. En el caso de los que tienen causas penales, se procura acercar los clubes a las instituciones. Los que no tienen causas, directamente asisten a los clubes. As√≠ fue lo de Nicol√°s e Iv√°n”, explica el pap√° del desaparecido Juan Pedro. Y agrega: “Los acompa√Īamos siempre. Cuando jug√°bamos en Los Tilos, ellos se quedaban ah√≠ todo el d√≠a. En el hogar hay chicos por abandonos, por malos tratos, por p√©rdida de familia y por cuestiones penales. En Los Tilos creemos que el club era lo m√°s cercano a una familia a la que ellos pod√≠an acceder”.

En sus inicios como m√©dico, Z√°rate se capacit√≥ diez a√Īos en la polic√≠a cient√≠fica y eso le traz√≥ un camino: siempre estuvo en espacios de dolor. “Hac√≠a reconocimientos m√©dicos a chicos v√≠ctimas de abusos, lastimados. Mi formaci√≥n fue ir a las c√°rceles, a los hogares, y ver a muchos ni√Īos golpeados por drogadicci√≥n y heridas de todo tipo. Conviv√≠ mucho con esas situaciones. Estoy muy emocionado. Estas cosas no pasan todos los d√≠as. Es muy raro que de un nene salga eso, porque muestra que no hay ning√ļn inter√©s. El d√≠a en que lleg√≥ al club Nico se qued√≥ conmigo. Como sociedad estamos todo el d√≠a consumiendo agresiones. Eso se retroalimenta y se contagia. Y lo que nosotros queremos contagiar es lo que genera alegr√≠a”, cuenta el m√©dico-entrenador.

Nicol√°s decidi√≥ agregarse el nombre de Gonzalo por amor a su entrenador, a sus amigos, a sus tackles. A la celebraci√≥n de la vida junto a la familia del rugby, sea en Los Tilos, en una cancha de Santa Fe o, acorde con sus sue√Īos, alg√ļn d√≠a en los Pumas.

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