El caníbal de la Guindalera fue detenido en agosto por quebrantar la orden de alejamiento de su madre

Hasta tres veces estuvo Alberto Sánchez, de 26 años, el apodado como el caníbal de La Guindalera (Salamanca), en una unidad de psiquiatría debido a los problemas que sufre. Estos se desencadenaron a raíz del consumo de drogas, un mundo en el que se sumergió hace unos años y en el que quedó atrapado. Ese cóctel fatal le llevó primero a maltratar a su madre, y a quebrantar una orden de alejamiento, por lo que fue detenido en agosto. Así lo han asegurado a ABC fuentes de la investigación.

Como en una profecía autocumplida, había dicho en el parque de Eva Perón que quería matar a su propia madre. Estaba consumiendo drogas y nadie le creyó

Cuando el asesino confeso del crimen y posterior descuartizamiento de su progenitora, Soledad Gómez, de 66 años, tomaba la medicación, mejoraba. De eso se quejaba la víctima a su círculo más íntimo, compuesto por unos cuantos amigos del barrio en el que llevaba viviendo más de veinte años: en el 1º C del número 50 de la calle de Francisco Navacerrada. No ha trascendido la enfermedad que padece el parricida, aunque algunos aludían a la esquizofrenia porque los síntomas remitían al tomar los fármacos prescritos.

Últimamente, Alberto estaba peor, si bien ninguna de las personas que conocían que los moratones o golpes que presentaba esa menuda mujer se los propinaba su hijo pequeño, pudieran sospechar ese espeluznante final.

Y es que el detenido el pasado jueves no solo la mató, sino que, tras desmembrar su cuerpo en trozos muy pequeños y muy bien diseccionados –labor para la que se cree que utilizó la picadora que había en el piso, así como varios cuchillos– guardó parte de cadáver en táperes. De ellos fue comiendo y también le dio a «Koke», el perro de la familia. Las peleas en el hogar eran frecuentes desde hacía tiempo y la violencia si bien Soledad empezó a denunciar a su vástago, una y otra vez cuando la situación se fue haciendo insostenible.

De hecho, a Alberto le constan doce antecedentes, la mayoría por maltratar a su progenitora. En agosto fue detenido por quebrantar la orden de alejamiento que le impuso un juez ante su reincidencia. Una medida que seguía en vigor cuando cometió el crimen, precisaron fuentes policiales.

Algunos de los ingresos del homicida en psiquiatría fueron a instancias de Soledad. Este entraba en el centro de forma voluntaria, pero de la misma manera, pedía el alta y se marchaba. Al ser mayor de edad, nada ni nadie lo impedía. Incomprensible. No estaba incapacitado, un extremo «muy complicado», aseveran nuestros informantes. Y volvía a las andadas.

Cambió el bombín

Aunque su madre le acababa acogiendo en casa, le tenía miedo. En una ocasión pidió a una de las personas de su confianza que le cambiara el bombín de la cerradura porque «Alberto va a salir y no quiero que entre a casa». Así lo aseguró Leo, la persona que le dio trabajo en el bar que regentaba, el Paseíllo de Acho, también a instancias de su progenitora. Y que, a la postre, le despidió por golpearla «porque no le daba dinero». Y es que gran parte de las broncas familiares obedecían a ese motivo. «Estaba amargada». Como todos los toxicómanos, le quitaba dinero y cada vez le pedía más.

Sin oficio ni beneficio, frecuentaba el parque de Eva Perón donde se relacionaba con vagabundos, alcohólicos y consumidores de drogas, como él. Ahí, como en una profecía autocumplida, dijo un par de veces que quería matar a su madre. Nadie le creyó.

Pero lo hizo. Y la atrocidad que ha cometido Alberto, acusado de homicidio con la agravante de parentesco, le ha conducido a la enfermería de la cárcel de Soto del Real. Ahí está desde el sábado con dos presos «sombra» que le vigilan –lo normal es uno– en aplicación del protocolo antisuicidio. Está a la espera de que le realicen los exámenes psiquiátricos a instancias de la juez para determinar en qué modulo ingresa. Si su estado lo requiriera, podría ser recluido en un penal para enfermos mentales. Eso podría pasar, por ejemplo, si se confirmara que padece esquizofrenia, como ocurrió con Noelia de Mingo.

Se deshizo de las vísceras

En el Anatómico Forense tratan de determinar qué causó la muerte de Soledad y cuándo se produjo. Este último extremo resultará más fácil de averiguar debido a los restos del cadáver hallados en la casa y en la basura de la finca. Por su estado de descomposición, todo apunta a que no habría pasado mucho tiempo. Eso sí, el suficiente como para que Alberto, en pleno delirio, desmembrara el cuerpo de la mujer que le dio la vida en la bañera, limpiara las manchas de sangre y se deshiciera de algún modo de las vísceras, las que antes se deterioran.

La amiga que denunció en comisaría dijo que hacía un mes aproximadamente que no la veía y estaba muy preocupada. Sus más allegados sitúan la fecha en unas tres semanas. Una vecina sostiene que la vio la semana pasada y que, incluso, habló con ella.

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