El Brexit amenaza a la Fórmula 1

La incertidumbre respecto al Brexit en la sociedad civil, a sus consecuencias y efectos, ha generado un panorama de terror en la Fórmula 1, palpable en los primeros test de pretemporada en Montmeló (Barcelona). La salida del Reino Unido de la Unión Europea se producirá el próximo 29 de marzo, con o sin el refrendo del Parlamento británico, y en el análisis de situación previa al comienzo del primer Mundial sin Alonso (17 marzo, Australia) solo cabe relacionar dos ideas. Sebastian Vettel y Ferrari se han encontrado con un colaborador inesperado: la primera ministra británica Theresa May.

Hay diez equipos a concurso en 2019 en la Fórmula 1. Seis de ellos, el sesenta por ciento, tienen su sede en Inglaterra. El perímetro que rodea al circuito de Silverstone, ubicado a mitad de camino entre Oxford y Milton Keynes, es la cuna de este deporte. Es el punto del planeta donde se forman los mejores ingenieros de F1, alumnos de universidades especializadas. El área donde llevan instaladas desde hace lustros las factorías de las escuderías. Fábricas imponentes de alta tecnología donde se han invertido cientos de millones que no pueden ser trasladadas por arte de magia a otro país. En el símil con el fútbol, es como pedir al Real Madrid o al Barcelona que sustituyan al Santiago Bernabéu o al Camp Nou por otros escenarios temporales.

Mercedes tiene su sede en Brackley; Red Bull, en Milton Keynes; Racing Point (antiguo Force India), en Silverstone;Renault, en Enstone; McLaren, en Woking; y Williams, en Grove. Todos se verán afectados por el mismo problema, sobre todo si el Brexit se aplica sin acuerdo parlamentario: sería completamente incierto el tipo de regulaciones arancelarias que se aplicarían a la importación y salida de automóviles del país, a las piezas de repuesto y los propios trabajadores en las ocho carreras europeas del calendario. Los empleados necesitarían visados para las pruebas en Alemania, España, Italia, Austria, Hungría, Bélgica, Mónaco y Francia.

El asunto es severo porque incumbe a todos los ámbitos del mundillo itinerante de la F1: desde el Mercedes que conduce Lewis Hamilton a la arandela de una tuerca. Los equipos tendrían que pagar impuestos como si se tratase de exportaciones a China o Nueva Zelanda por desplazar a los grandes premios europeos las piezas nuevas de los coches, los camiones vivienda, los motorhome o cualquier útil de trabajo.

Software o cables

Y lo mismo sucedería para las importaciones de suministros europeos: desde un sofisticado sistema de software a los cables que viajan en las tripas de los monoplazas. Todo tendría un mayor coste para la economía de los equipos, ya inflados los presupuestos desde hace años en un deporte que tiene como un objetivo primordial la reducción de costes.

«Un Brexit sin acuerdo sería un escenario de pesadilla», ha vaticinado Toto Wolff, ciudadano austriaco y director de la escudería Mercedes. «Es una gran preocupación para nosotros y debería serlo para todos los que vivimos y trabajamos en la F1». A Mercedes le coge el toro por todos los costados. Además de su sede en Brackley, tiene su fábrica de motores en Brixworth, a 48 kilómetros. Otros equipos, como Renault y McLaren, salvan ese escollo: su base de motores se encuentra en Viry-Chatillon (Francia). Los propulsores de Red Bull llegan desde Japón (Honda) a los circuitos.

Wolff descarta por el momento la última opción, reubicar a Mercedes F1 fuera del Reino Unido. «Sería lo peor. Por el momento esperamos que Gran Bretaña siga siendo una sede tan atractiva como lo es hoy».

El Brexit no altera a cuatro escuderías: las italianas Ferrari y Toro Rosso, la suiza Alfa Romeo y la estadounidense Haas. Ferrari, que ha asustado a la competencia con un coche rapidísimo en los primeros entrenamientos, podría resultar beneficiado al no tener que cumplir con los trámites fronterizos y arancelarios. «Mientras nos movamos en la niebla, no sabemos de qué estamos hablando», predice Chris Horner, el jefe británico de Red Bull.

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