El ataque de la granada eleva la tensión en el centro de menores de Hortaleza

MADRID Guardar

Un polvorín, esta vez con todas las letras, estuvo a punto de estallar ayer por la mañana en el Centro de Primera Acogida de Hortaleza (Valdetorres del Jarama,1), ocupado en su mayoría por menores extranjeros no acompañados (menas). El hallazgo a primera hora de una granada en el patio provocó una carrera a contrarreloj que se saldó, tras la inspección de los Guías Caninos de la Policía Nacional, con la detonación controlada de la misma por parte de los Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos (Tedax). Este ataque es el último de una peligrosa espiral de violencia que ha puesto a la residencia en una situación insostenible. «De seguir así, muy pronto ocurrirá una tragedia», señalan fuentes del centro, conscientes del peligroso ambiente que impera en la zona. Los investigadores tratan ahora de dilucidar quién pudo llevar el artefacto explosivo y si este fue colocado desde el interior o arrojado por encima de los muros del recinto.

Una llamada efectuada por la dirección de la residencia alertó del descubrimiento de una bolsa sospechosa en el patio del centro. Varias patrullas de la Policía Nacional acudieron hasta el lugar y comprobaron la existencia de una granada de mano de entrenamiento unida a un paquete envuelto con plástico y cinta aislante.

De inmediato, trasladaron a los internos y trabajadores a un espacio seguro situado en la parte trasera del edificio, y dieron aviso a los especialistas en este tipo de circunstancias. «No sabemos quién ha podido ser, pero no creo que el culpable sea alguien del centro», explicaba a las puertas de la residencia un grupo de menores.

En ese sentido, otros empleados apuntaban a que un hombre habría accedido al centro de madrugada («como si se tratase de un ingreso») y, antes de marcharse, habría dejado el artefacto en el jardín poco después de gritar: «Ahora empezará la nueva España»; un extremo que no está confirmado. Fuentes policiales incidieron, no obstante, en que la principal hipótesis que se maneja es que la granada fuera lanzada desde el exterior.

Según ha podido averiguar este diario, la Policía acudió en la noche del martes hasta la residencia debido a un incidente entre un grupo de vigilantes y uno de los menores. «Es normal que por las noches entren chicos que la Policía trae porque los ven solos por la calle», añadían algunos internos, sin saber muy bien si alguien pudo aprovechar la coyuntura para colarse: «Aquí casi nadie conoce a nadie».

Escalada de violencia

Otra de las teorías que circulaba ayer de boca en boca aludía a que el supuesto autor habría accedido sin permiso a la residencia, siendo conducido por los guardias de seguridad a la salida tras advertir su presencia. Un momento aprovechado por el sujeto para gritar la soflama anteriormente citada. Horas después habría vuelto hasta las inmediaciones para arrojar la granada al otro lado de la valla y marcharse sin ser detectado.

Este hecho es el último de una serie de sucesos ocurridos en torno al centro de acogida que han puesto a los menores inmigrantes en el disparadero. La convivencia, denuncian varios de ellos, es muy complicada debido a los problemas surgidos en la barriada. «Dentro, hay gente mala y gente buena, como en todos los lados», aseguran, sin negar los robos que parte del vecindario denuncia desde hace tiempo: «Si no nos dan dinero ni ropa, no nos queda otra opción que salir a “buscarnos la vida”». El clima de tensión, con peleas, agresiones y hasta un intento de asalto a la residencia, escribió ayer un nuevo capítulo negro con el hallazgo de una granada con poca carga explosiva en su interior.

Según fuentes consultadas por ABC, el artefacto, cuyo contenido estaba ayer siendo analizado, podría tratarse por su forma (una espoleta con agujeros usada en los países del este) de una granada rusa M-RG42 usada por el ejército soviético en la Segunda Guerra Mundial y conocida popularmente como «lata de conserva». «En España ahora mismo ese artefacto está en desuso, aunque la versión inerte -que no explosiona- puede conseguirse fácilmente en Internet», cuentan. El aparato encontrado cerca de las canchas de baloncesto estaba formado por la granada y otro dispositivo envuelto en plástico aislante. «Hay que analizarlo para saber qué es exactamente, pero a primera vista parece un efecto casero colocado así para parecer una trampa. El que coja el aluminio podría hacer detonar la granada al separarse de la espoleta de la misma», cuentan.

Las granadas de entrenamiento actuales, asegura un militar en activo a este diario, pueden ser de instrucción o fogueo. En cualquier caso, nunca llevan carga explosiva, como sí sucede en las de guerra. Se diferencian también porque el cuerpo puede ser de metal o de plástico, para diferenciarlas y no causar heridos. Lo que explota son los iniciadores o las espoletas de las mismas.

A falta de los análisis, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que el artefacto «no tiene ningún poder lesivo», un extremo con el que coincidió el consejero de Justicia, Enrique López, que hizo hincapié en el «nulo potencial explosivo» de la granada.

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