El arte como laberinto en la Colección Teixeira de Freitas

Hay algo de laberíntico en la nueva muestra que la Fundación Banco Santander ha preparado en su Sala de Arte de la Ciudad Grupo Santander (Boadilla del Monte, Madrid). Más que un recorrido expositivo, lo que plantean es un lugar en el que perderse, que es una de las mejores formas de descubrir cosas. Y aquí las cosas son obras de arte, en concreto 350 de 192 artistas de diferentes países. Todas pertenecen a la Colección Teixeira de Freitas, un tesoro tan ineludible como desconocido para gran parte del público, y en la que figuran firmas como la de Damián Ortega, Jonathan Monk, Nina Canell, Thomas Ruff o Jonathas de Andrade, entre muchos otros.

Desde el mismo título –«No habrá nunca una puerta. Estás adentro»–, que retoma, precisamente, los primeros versos del «Laberinto» de Borges, se incide en esa idea de que la exposición es un lugar donde ocurren cosas, porque arte y vida son absolutamente inseparables. Esto se traduce en lo material con una selección ecléctica de las obras de la Colección, realizada por la comisaria, Luiza Teixeira de Freitas, hija del coleccionista Luiz Augusto Teixeira de Freitas. Estas tratan muy diversos temas: desde el compromiso político hasta reflexiones sobre la muerte y el paso del tiempo, pasando, claro, por la literatura, y también por la arquitectura. «Todo cabe en esta exposición», resumía ayer Borja Baselga, director de la Fundación, durante la presentación de la misma ante los medios. La muestra permanecerá abierta al público entre el 25 de febrero y el 9 de junio.

«Está pensado para que parezca un laberinto. De hecho, el recorrido es cansado. Porque el arte no tiene que ser fácil», explicaba la comisaria. En ese sentido, las distintas estancias de la Sala de Arte aparecen llenas de obras, casi dando una sensación de «horror vacui» expositivo. Y es la intención, porque ese es el reflejo perfecto del espíritu con el que Luiz Augusto Teixeira de Freitas ha ido acumulando estas obras a lo largo de los años. Empezó hace ya dos décadas, y compraba de forma compulsiva, todas las semanas. «Empecé a coleccionar cuando tuve dinero para comprar arte. Lo hago con mucha disciplina, de buscar y comprar», afirmaba. ¿Y por qué lo hace, por qué esa obsesión por el arte? «No lo sé… Tenía una vida muy aburrida como abogado», añadía con gracia.

«Materia en reposo», la obra de Damián Ortega al Museo Reina Sofía

Gracias a ese «aburrimiento», ha logrado crear una colección tan personal como variada, siempre apostando por artistas jóvenes de diferentes partes del mundo. Además, desde el primer momento, sus adquisiciones están abiertas a préstamo, porque su intención que se muevan, que se vean. De hecho, aprovechando esta exposición, el coleccionista ha decidido donar una de sus obras al Museo Reina Sofía. Se trata de «Materia en reposo», de Damián Ortega, que hasta el 9 de junio podrá verse en los jardines de la Ciudad Financiera Banco Santander. A través del ladrillo, de 1.700 ladrillos, para ser exactos, el artista reflexiona sobre las dificultades para construir un hogar, sobre la dificultad material e inmaterial, según apuntó Luiza Teixeira de Freitas.

Cada una de las obras expuesta esconde una historia, a veces personal, del coleccionista o del artista, e inlcuso a veces de la relación que se establece entre los dos. Una de las más emotivas está al inicio del laberinto. Es «Tree Piece», de Jonathan Monk, y nació de un pacto de este con Augusto Teixeira de Freitas. «Dos veces al año durante diez años, Monk plantaba un árbol para mí, y Monk hacía una Polaroid de cada árbol en el momento de plantarlo, y me la mandaba». «La obra quedará terminada plantados los veinte árboles y tomadas las veinte fotografías», le prometió el artista. Y, en efecto, ahí está el resultado: una promesa cumplida durante una década que es, también, la construcción de un bosque personal. Como toda su colección.

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