El archivo de Fernández complica la campaña cristinista

Alberto Fernández volvió a exhibir en los últimos días sus dificultades como candidato de Cristina Kirchner . Sabe que su llegada a ese lugar fue fruto de una debilidad de la exmandataria, incapacitada de perforar un techo electoral no apto para volver al gobierno. Y comprueba días tras día que ya no está en condiciones de objetar fácilmente a quien lo ungió como postulante presidencial, lo acompaña en la fórmula y aporta la inmensa mayoría de los votos, al tiempo que tampoco puede defenderla eficazmente sin incurrir en contradicciones con las sarcásticas críticas que le dedicó hasta no hace mucho.

Quienes conocen al exjefe de Gabinete de los Kirchner imaginan que, de llegar al Poder Ejecutivo, no se dejará manejar por Cristina. La duda es si Cristina, siendo la jefa del movimiento y de la mayoría de los legisladores nacionales, no condicionará sus decisiones. Los argentinos tenemos una larga memoria sobre conflictos desatados por poderes bicéfalos, desde los tiempos de Roca y Juárez Celman hasta la crisis del peronismo en los años 70.

El misterio acerca de si Fernández sería el jefe o un delegado de Cristina si ganase las elecciones aparece cada vez que es interrogado sobre los escándalos de corrupción que se ventilan en la Justicia. Este hecho descolocó recientemente al candidato, quien terminó expresando su furia contra los periodistas tras declarar como testigo en la causa por el presunto encubrimiento de los iraníes acusados por el atentado contra la AMIA. Como Néstor Kirchner en otras épocas, pretendió darles clases de periodismo. Siendo un natural esgrimista verbal, se quedó sin respuesta al intentar defender a la exjefa del Estado tras haberla fustigado durante varios años.

Es claro que el kirchnerismo requiere ensanchar su base electoral para alcanzar el 45% en la primera vuelta o la mitad más uno de los votos en un ballottage. Para eso debe seducir a una porción del electorado que, desilusionada con la gestión de Cristina, se volcó a Macri en la segunda vuelta de 2015 y hoy parece desencantada con el gobierno macrista. Pero el objetivo de captar esos votos expone a Fernández a un dilema: ¿cómo eludir la cuestión de la corrupción sin negarla completamente? La solución que encuentra el candidato no es la mejor: hablar de un mero “desliz ético” de la expresidenta al referirse al hecho de haber tenido como inquilino de sus hoteles a Lázaro Báez cuando este era uno de los principales contratistas de obra pública revela debilidad a la hora de defender lo indefendible. Al mismo tiempo, desata desconfianza en dirigentes y militantes cristinistas que ven en Fernández a un defensor público no muy convencido de la total inocencia de su líder.

Le cuesta y le seguirá costando mucho al candidato del Frente de Todos hacer una campaña en la que todo el tiempo debe dar explicaciones sobre su voluminoso archivo de declaraciones públicas acerca de Cristina Kirchner y su gestión.

El siguiente es un repertorio de frases de Fernández tomadas de artículos publicados en LA NACION que revelan esa dificultad:

  • “Aquella acción psicológica desplegada por los genocidas acaba de ser revivida por el gobierno nacional [de Cristina Kirchner]. Ahora se trata de tapar tan solo una muerte: la de un fiscal que denunció el objetivo final del inexplicable pacto firmado entre el gobierno argentino y el iraní. […] Esta vez lo hace un gobierno que, aunque propicia el castigo de esos genocidas, acaba repitiendo una de sus más infames prácticas, que consiste en enterrar la memoria del muerto en el mar de los infames y dejar impunes a sus perversos asesinos. Así procede el Gobierno. Por algo será” (20/4/2015).
  • “Solo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado. […] Cristina sabe que ha mentido y que el memorándum firmado con Irán solo buscó encubrir a los acusados” (16/2/2015).
  • “En Cristina Kirchner la política es el arte de presentar en palabras la realidad que a ella le conviene” (12/1/2015).
  • “Por muy progresistas que suenen sus palabras, Cristina debería ser intelectualmente más honesta” (15/12/2014), en referencia a la actitud de la entonces presidenta de cobijar las inconductas de Amado Boudou.

Para dejar atrás esas contradicciones, la estrategia kirchnerista apunta a demostrar que en la “década ganada” los argentinos vivíamos mejor que ahora. También en ese mensaje habrá matices, porque Fernández fue extremadamente crítico de la gestión cristinista y del entonces ministro y actual postulante a gobernador bonaerense, Axel Kicillof. Por eso, la salida que encontró el candidato presidencial es intentar demostrar que “Macri ha multiplicado los problemas que existían” en la etapa final del kirchnerismo. Haciéndole el juego a Jaime Durán Barba, pareció anotarse en el campeonato que dirimirá quién fue el menos malo.

La sorpresiva consagración de Fernández en mayo posibilitó un rápido alineamiento de un buen número de gobernadores que, hasta ese momento, mantenían una posición oscilante. Sin embargo, unos y otros saben que Córdoba podría convertirse en un distrito clave al ser la segunda provincia con mayor número de electores. En los comicios de 2015, Macri cosechó el 53% de los votos en la primera vuelta, 32 puntos más que Daniel Scioli, y un decisivo 71% en el ballottage. Precisamente por esos pagos estuvo Fernández días atrás. Pero su entrevista con el gobernador Juan Schiaretti no arrojó el saldo más positivo para el kirchnerismo. El frío comunicado emitido por la gobernación cordobesa lo dice todo: “Fue un encuentro cordial en el que dialogaron sobre temas de interés nacional y coincidieron en la necesidad de que la Nación mantenga con las provincias una relación correcta y madura, basada en el respeto a la institucionalidad”. En el encuentro quedó claro que hubo desinteligencias entre las autoridades provinciales y el gobierno de Cristina Kirchner, que desaparecieron cuando Macri llegó al poder. También, que el oficialismo cordobés seguirá impulsando la boleta corta, sin respaldar la fórmula peronista.

Otra línea discursiva del Frente de Todos pasa por alentar el fantasma de una reforma laboral que impulsarían las grandes empresas y que Macri llevaría a efecto si es reelegido. El error de ese cuestionamiento reside en que quienes con más ahínco reclaman una flexibilización son las pequeñas y medianas empresas; son las que más sufren la presión impositiva y los altos costos laborales no salariales. El resto del mundo empresarial argentino no pierde de vista que la audaz legislación del trabajo que sancionó el Congreso brasileño, a la que ahora se ha sumado una reforma previsional, puede potenciar la falta de competitividad de la Argentina frente a su vecino para captar inversiones extranjeras.

Por momentos el debate electoral queda reducido a una pugna entre antikirchnerismo y antimacrismo, entre el miedo al retorno de Cristina y a un mayor ajuste. Asistimos a una carrera donde a los dos principales contendientes parecería convenirles correr desde atrás en las encuestas preelectorales. Es una táctica dirigida a infundir mayor temor y polarizar al máximo al electorado. Para persuadir a la franja de votantes indefinidos o de terceras fuerzas, no importa tanto convencerlos de las bondades del candidato propio como aterrorizarlo ante la posibilidad de que gane el peor.

En un mundo donde la innovación y la productividad mueven la economía, la dirigencia política argentina, como en la película Monsters Inc., apuesta a desarrollar la fábrica de sustos más grande del planeta y obtener la energía que la abastezca a partir del miedo de los ciudadanos.

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