El año en que os metimos cuatro

¿Qué hay más raro que un barcelonista como yo esté invitado al palco del Bernabéu y tenga vetado el acceso al palco del Barça? Pues que un perico declarado como José María Fuster Fabra, penalista extraordinario, haya sido el artífice de la libertad provisional del exprsidente del Barça, Sandro Rosell. España es mucho más plural, libre, coqueta y alegre de lo que algunos quieren hacer creer. Contra el resentimiento social, contra los mítines del Supremo, contra los recelos del centro y de la periferia, ayer tuvo lugar en el Bernabéu el mismo clásico español de siempre, el mismo resumen de lo que somos, la misma rivalidad vertiginosa pero sana que nos empuja a crecer y a ser mejores. Madridistas y barcelonistas acabamos compartiendo sake, al final del partido, en el 99 Shushi Bar de Padre Damián. El fútbol es el fútbol, pero la derecha somos nosotros.

Algo irritante para un culé flotaba en el ambiente noble del estadio y era que el madridismo comentaba, como algo empachado de Champions, que su ilusión ya no era ganar la cuarta consecutiva —¿para qué tantas?— como ganar una Copa del Rey o una Liga. No hay nada que te haga sentir más provinciano que lo que tú ansías otros lo desprecien por hartazgo.

Pese al momento emergente del Madrid y a la habitual pájara de febrero del Barça, el madridismo más acibarado temía como una fatalidad la victoria del Barça. «Tienen a Messi, que es el mejor jugador del mundo», sentenció Alfonso Ussía en Richelieu, justo antes de despedirse de sus nietos. Ambiente eufórico, cálido, culto, en el Bernabéu: máximo respeto de la afición local, y hasta alguna carantoña a los aficionados que acudieron con banderas o camisetas del Barça.

Solari salió a rebanar y Valverde a especular; y había más honor en el Madrid pero más calidad en el Barça. El ímpetu blanco parecía imponerse por momentos, pero cuando el Barça atacaba el Bernabéu se helaba. Es lo curioso que tiene el fútbol: que el Madrid arrase al Barça en número de Champions pero que le crea siempre favorito, hasta cuando le recibe en casa.

Poca cosa azulgrana, todavía menos del Madrid, pero sin embargo los de Solari hacían lo que tenían que hacer y los de Valverde aguardaban, rezagados, como si les diera miedo algo. Las dos más claras las tuvo el Madrid: la primera, Benzemá, regalo de Piqué en otro de sus ridículos intentos de subir al ataque; la segunda, Vinicius, que chutó solo y alto. En cualquier caso, más emotividad que técnica, más fe que resultado.

En el descanso, Miquel Buch, consejero de Interior de la Generalitat, tragaba canapés como recién salido de la huelga de hambre. Con su lacito amarillo y su bocadillo de calamares, y su expresión de recién llegado de una excursión a la montaña, ahí estaba Buch, siempre con la boca llena, incapaz de saludar a nadie, si es que alguien le hubiera saludado.

La segunda parte empezó con el gol del que últimamente parecía gafe, Suárez, y el Bernabéu no perdió la fe en la victoria pero pareció asumir una cierta resignación. Y eso hay que decirlo siempre con cuidado, porque la esencia del Madrid es ganar. Y en el 61 dio muestras de ello Reguilón, rematando de cabeza para marcar pero un soberbio paradón de Ter Stegen le separó del gol. Pero —y es un gran pero como suelo escribir en las crónicas del Barça— la calidad cuando comparece es imparable y Dembélé volvió a asistir al que últimamente nunca marcaba para que de un modo poco ortodoxo, y con Varane impulsando finalmente a la red, consiguiera el Barça el segundo. Sin solución de continuidad, fue ya fábula de fuentes el tercer gol, obra del uruguayo, que marcó de penalti a lo Panenka.

El Madrid le puso ganas y emergencia, el Barça calidad y técnica. Es cierto que el Barça ya no es lo que era, pero el Madrid no es aún lo que será y la intersección cayó ayer del lado catalán. Victoria justa, aunque tal vez más exagerada en el marcador que en el juego. Pero queda mucha temporada y también estaba yo en el palco la tarde en que al Madrid de Benítez le metimos cuatro justo la temporada en que Zidane ganó su primera Champions.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!