El 60 aniversario de la Revolución pasará de largo para los habaneros

Apenas restan dos días para cumplirse el 60 aniversario de la Revolución, y las barriadas de La Habana no están engalanadas, ni los habaneros muestran el mismo entusiasmo que décadas atrás les convidaba a celebrar el triunfo de los rebeldes aquel 1 de enero de 1959.

Unos, ocupados en largas colas frente a las sucursales de la Western Union y oficinas de correos, donde esperan cobrar las remesas de familiares radicados en el extranjero. Otros, también en largas colas, intentando comprar la carne de cerdo, plato principal del cubano en su cena de fin de año.

Las calles no exhiben las banderolas de tres colores, ni los contenes pintados de blanco, ni las paredes sus consignas alegóricas a los eternos líderes de la Revolución, la gloria del Partido Comunista o al repudio contra el imperialismo. Las calles están depauperadas, mal iluminadas y en cada esquina los basurales se desbordan.

Una estudiante de la Universidad de San Gerónimo, en el corazón del casco histórico de la Habana Vieja, asegura que hubo más júbilo ciudadano para celebrar el 499 aniversario de la Ciudad.

«Al menos los habaneros ya no tienen ese compromiso por las efemérides políticas o revolucionarias. Prefieren apegarse a lo sacro, algo que al menos les ofrezca más esperanza que la prometida por la Revolución y que no se ha cumplido al cabo de seis décadas», afirma la estudiante.

Sin festejos masivos

Los Comité de Defensa de la Revolución [CDR] ya no tienen el poder de convocatoria de hace veinte años atrás, coinciden los habaneros preguntados, y los actos políticos diseñados para agasajar los aniversarios de la Revolución han desaparecido sin que nadie les eche de menos.

En medio de una crisis económica, «que ni siquiera puede darse el lujo de repartir banderas cubanas para adornar los balcones de cada cuadra como antaño», el régimen en la Isla ha tenido que desistir de aquellas celebraciones masivas, concuerda Eduardo Quevedo, presidente de un CDR en la localidad de Centro Habana.

«Ni siquiera se han anunciado conciertos o actividades masivas con motivo a celebrar el triunfo de la Revolución», dice Quevedo, quien desvela además que la indicación del Partido es que cada comunidad financiara las festividades con el dinero de sus vecinos.

Al adentrarse en los barrios, donde la mayoría de sus habitantes viven al día, nadie habla de celebraciones a la Revolución. Las conversaciones giran en torno a los altos precios de la carne de cerdo, y que dónde pueden conseguirse cervezas, o algún regalo barato para algún pariente cercano.

«Ni siquiera nos importa dónde será el acto central, ni quién dará el discurso», explaya María Isabel Nápoles, vecina del barrio El Canal. «Lo que hay que saber es dónde pondrán la feria donde el Gobierno vende todos los años la carne de puerco más barata», agrega.

Para Miguel Díaz-Canel, su primer aniversario de la Revolución como jefe de Estado, se augura una celebración vitoreada por el silencio de los habaneros y el desabastecimiento de los mercados estatales, que otro fin de año más solo oferta vidrieras vacías.

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