Efecto Venezuela: las donas quieren revancha en el mercado argentino

Anderson Blanco lidera Donuts Market Crédito: Paula Salischiker

De la mano de la inmigraci√≥n venezolana y gracias a los llamativos colores que enriquecen cualquier foto en las redes sociales, el consumo de donas vive su renacimiento en la Argentina. Luego de un intento fugaz y poco exitoso de cadenas extranjeras hace algunas d√©cadas, el consumo de estas roscas de pan frito cubiertas con az√ļcar u otros glaseados, que se venden generalmente desde los $50, va por su revancha, ahora impulsado por emprendimientos artesanales que apuestan por renovar las meriendas y competir con las cl√°sicas facturas porte√Īas.

“Las donuts est√°n creciendo mucho por varios factores. Los venezolanos las consumen a diario, y mucha gente en el pa√≠s tambi√©n las incorpora a partir de programas de televisi√≥n como Los Simpson o de las pel√≠culas estadounidenses”, dice An√≠bal Benedet, fundador de Benedet Donas & Coffee. Inicialmente, su negocio arranc√≥ en un local en Banfield, donde viv√≠a entonces, pero luego de un a√Īo y medio decidi√≥ mudarse a su ubicaci√≥n actual, en Palermo. “Me encantan la cultura y el estilo estadounidenses, y por eso eleg√≠ preparar este producto. Era una apuesta jugada porque es un producto que compite con las facturas, pero hay un mercado en alza”, sostiene. Su tienda abri√≥ las puertas en septiembre de 2018, y actualmente vende entre 150 y 200 unidades los d√≠as de semana y casi 300 diarias entre s√°bado y domingo.

La expansi√≥n porte√Īa de las donas replica a su modo el fen√≥meno de otras comidas for√°neas como las arepas, los teque√Īos o los patacones, elementos t√≠picos del consumo venezolano que son lentamente incorporados al escenario local, impulsado por inmigrantes que inician sus emprendimientos y tienen en sus compatriotas una demanda creciente. “En Venezuela tenemos muy instaurado el tema de la dona y otros productos yanquis porque tenemos mucha influencia de ese pa√≠s, como el pretzel o el roll de canela”, cuenta Anderson Blanco, de 44 a√Īos, quien lleva seis de residencia en la Argentina y abri√≥ Donuts Market el a√Īo pasado. Su proyecto, dice, demand√≥ una inversi√≥n de US$90.000 para equipar su local en Palermo y vende hoy 700 unidades diarias los fines de semana.

“Yo trabajaba en el rubro de la ropa mara mujer en mi pa√≠s, y cuando llegu√© a la Argentina para ver las posibilidades de armar un negocio parecido encontr√© que las opciones eran complicadas por el tema de la importaci√≥n de prendas. Empec√© a buscar opciones y me llam√≥ la atenci√≥n la de las donas, porque no hab√≠a”, relata Blanco, quien adem√°s de vender en su local abastece a otros bares y caf√©s de la ciudad.

Adem√°s de su expansi√≥n en Palermo, epicentro de las modas y las nuevas tendencias en Buenos Aires, el boom de las donuts tambi√©n brot√≥ con locales en otros barrios, como Villa Urquiza, Caballito y el microcentro, con un consumo vinculado con el d√≠a a d√≠a en la oficina. “A diferencia de otros pa√≠ses, donde se comen en cualquier momento del d√≠a, el argentino las elige m√°s a la tarde, como merienda”, dice Benedet. Los eventos empresariales y los grandes festivales musicales son otros espacios donde este producto encontr√≥ su lugar. De la mano de grandes fabricantes industriales, que entregan el producto congelado, tambi√©n est√°n presentes en cadenas de caf√© o las g√≥ndolas de los supermercados.

M√°s all√° de las tiendas f√≠sicas, el negocio de las rosquillas, como las llama Homero Simpson, tambi√©n se expande en la web, con emprendimientos que se apalancan en redes sociales como Facebook, Instagram o WhatsApp para promocionar sus productos y vender √ļnicamente a trav√©s de canales de comercio electr√≥nico. “Estuvimos seis meses trabajando en la receta y creamos la marca hace dos meses”, cuenta Alejandro Castro, creador de Dulce Dona, que naci√≥ como un negocio puramente digital y ahora planea abrir un local propio en Villa Urquiza. “No es tanto un producto para satisfacer el hambre al paso, sino que es algo para la oficina o para compartir el fin de semana con amigos. Es un consumo m√°s social. Hoy vendemos entre siete y 10 docenas diarias y eso nos permiti√≥ dar el paso a la tienda f√≠sica”, dice Castro.

Adaptar el producto al consumo local fue otra de las claves de este renacer de las donas. “En Venezuela las comemos desde los tres a√Īos, pero los argentinos nos piden cosas m√°s locales. Al principio ni se me pas√≥ por la cabeza tener una rellena con dulce de leche y hoy es de las que m√°s vendemos. Tambi√©n hay con marroc o turr√≥n de man√≠, que no se consume en ning√ļn otro lugar del mundo”, cuenta Blanco. El factor visual, con colores y dise√Īos que las vuelvan atractivas para redes sociales, como Instagram, completa el fen√≥meno. “Es un producto muy est√©tico y eso hace tambi√©n que el producto se difunda. Es una cuesti√≥n muy marketinera. Por eso son claves la elaboraci√≥n y la presentaci√≥n, porque una dona sin buena forma causa rechazo”, define Benedet.

Segunda oportunidad

La primera ola de donas en la Argentina no tuvo los resultados esperados. En los 90 desembarcaron las primeras cadenas del rubro, que tuvieron un paso sin grandes resultados por el mercado local. La apuesta m√°s grande fue la de Dunkin Donuts, compa√Ī√≠a nacida en 1950 en Massachusetts, Estados Unidos. La firma lleg√≥ al pa√≠s en la d√©cada del 90 de la mano de la familia Szpolski -entonces due√Īos del Banco Patricios- y en su mejor momento lleg√≥ a contar con una decena de sucursales en el pa√≠s, pero el negocio no funcion√≥ como se esperaba y debi√≥ bajar definitivamente sus persianas en 1998.

La misma suerte corri√≥ su competidor Donut Inn, que lleg√≥ al pa√≠s en 1996 de la mano de Fernando Bucemi, empresario con intereses tambi√©n en la construcci√≥n, quien ten√≠a la franquicia maestra para la Argentina y Uruguay. Llegaron a contar con cinco locales propios en Capital Federal tras una inversi√≥n estimada en dos millones de d√≥lares que inclu√≠a tambi√©n una peque√Īa f√°brica en un barrio porte√Īo. En ambos casos, la explicaci√≥n para el fracaso en su incursi√≥n argentina hay que buscarla en la incapacidad para adaptar su propuesta comercial al gusto de los argentinos, tradicionalmente m√°s volcados a otros placeres como los churros con dulce de leche y las medialunas. Para sobrevivir, la nueva ola donutera enfrenta el mismo reto.

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