Dos humilladeros y un (reciente) crucero perdido

En un art√≠culo anterior recordamos las noticias referidas a una picota situada ante las murallas de Toledo, quiz√° eliminada en el XVII; un rollo jurisdiccional levantado en 1576, frente a la ermita de San Eugenio, en la entrada a la ciudad por el camino de Madrid y, cercano a √©ste, la Cruz de los Can√≥nigos, un sencillo recuerdo del caritativo Hospital de San Ant√≥n que fue suprimido a finales del XVIII. Continuando el repaso de algunos de estos elementos habidos en el per√≠metro de la ciudad, que a lo largo del tiempo surgieron o desaparecieron sin m√°s, elegimos tres ejemplos cuyas noticias y presencia se han proyectado hasta a√Īos muy recientes.

Como ya citamos, la fuente que revela la creaci√≥n de tres humilladeros en los extramuros de Toledo es el Memorial que Luis Hurtado de Toledo elev√≥, en 1576, a Felipe II, por cierto, cada uno de ellos cercano a una ermita. El primero fue el ya se√Īalado en el p√°rrafo anterior. El segundo se situ√≥ junto a la Virgen de la Cabeza y el tercero en el paraje de Santa Ana, en el antiguo camino romano hacia C√≥rdoba, cuyo modesto templo ya estaba desmantelado en el siglo XIX. Los dos primeros a√ļn perviven en sus primitivos entornos, del tercero nada queda. A juzgar por la similitud clasicista de la pareja de piezas que se conservan y, teniendo en cuenta que todos proven√≠an de la misma iniciativa del corregidor J. Guti√©rrez Tello, el ya perdido debi√≥ ser muy similar.

Basta repasar los planos de la ciudad del siglo XIX para comprobar que el camino que parte desde el puente de San Mart√≠n hacia Piedrabuena deja a la izquierda el cerro que acoge la ermita de la Cabeza. Al lado de √©sta queda el cigarral del mismo nombre y, dentro de su terreno r√ļstico, la peque√Īa planta del humilladero, hito visible para cualquier caminante que atravesara entonces estos parajes. El √ļnico caser√≠o junto a la carretera era el de la Venta del Alma, donde sol√≠an parar los trajinantes de los Montes de Toledo. La parte posterior de esta rocosa loma son las escarpadas paredes de la orilla izquierda del Tajo y los antiguos molinos que acabar√≠an ¬ęapellid√°ndose¬Ľ de la Cruz. El humilladero estaba formado por una base cuadrada escalonada, una columna de fuste acanalado y un capitel j√≥nico bajo la cruz. El aspecto es m√°s sencillo que el existente junto a San Eugenio -en el actual parque del Crucero-, enriquecido √©ste por un pedestal con una inscripci√≥n conmemorativa y un florido capitel corintio.

El humilladero contiguo a la Cabeza estaba en una privilegiada atalaya hacia el Tajo, el puente, las murallas, San Juan de los Reyes y sus alrededores. Tan pintoresca vista fue inspiradora de pintores y fot√≥grafos. Por cierto, alguna antigua postal rese√Īa err√≥neamente el lugar como la Cruz de los Can√≥nigos, la pieza conmemorativa del hospital atendido por los can√≥nigos regulares de la orden de San Antonio, ya aludido. Hasta bien avanzado el siglo XX el cigarralero rollo tuvo una escasa vecindad. A medida que aqu√≠ el Ayuntamiento fue cediendo suelo a particulares surgieron nuevas viviendas hasta conformar una urbanizada cuesta, casi paralela a la carretera de Piedrabuena, llamada hoy Cerro de la Cruz. En la cima de esta calle a√ļn queda el cimiento del antiguo humilladero que persisti√≥ hasta 1976. El 2 de noviembre de ese a√Īo la Permanente municipal aprobaba el traslado de la hist√≥rica cruz ¬ęque desde tiempo inmemorial estuvo situada en el Cerro de la Virgen de la Cabeza¬Ľ a un punto ¬ęsiguiendo la Venta del Alma¬Ľ, tarea que se encomend√≥ a una comisi√≥n. En abril del a√Īo siguiente se aprobaba el pago de 69.000 pesetas a cierta empresa por colocar la cruz ¬ęen el cruce del Valle¬Ľ. En torno a 1990 el monolito tuvo un nuevo cambio a una cercana roca, donde all√≠ contin√ļa.

En relaci√≥n al tercer humilladero citado en 1576 es preciso se√Īalar la ausencia de noticias claras. Seg√ļn Luis Hurtado estuvo en el ¬ęcamino de Santa Ana, encima del castillo de San Servando¬Ľ. Su ubicaci√≥n exacta, dentro de los actuales terrenos de la Academia de Infanter√≠a, pudo estar en el arranque de la calzada que bordea la parte superior del arroyo de la Degollada y no lejos del inicio del camino hacia la ermita de la Gu√≠a, pues se le cita como ¬ęhumilladero de la Gu√≠a¬Ľ en 1752. As√≠ lo refiere Francisco P√©rez Bayer, junto a los eruditos Burriel y Palomares, al estudiar los restos de la tra√≠da de aguas y el acueducto romano en este paraje. Con igual motivo de investigaci√≥n, en 1862, Mart√≠n Gamero cita los frogones ¬ęque van al humilladero o cruz de la Gu√≠a¬Ľ. Por √ļltimo, en 1905, Rodrigo Amador de los R√≠os vuelve a recorrer las huellas romanas, aludiendo al enclave que nos ocupa m√°s arriba de San Servando, es decir, en el mismo camino que iba hacia Andaluc√≠a. A partir de aqu√≠, ning√ļn recuerdo m√°s hallamos del rollo jurisdiccional que promovi√≥ Guti√©rrez Tello en este acceso a Toledo, en 1576.

Por √ļltimo, hablemos de la cercana p√©rdida de un crucero situado en la salida de la ciudad, junto a la vieja ca√Īada ganadera proveniente de √Āvila, en una intersecci√≥n donde coincid√≠an el camino de San Pedro el Verde y la bajada hacia los molinos de Buenavista, a orillas del Tajo. En un punto cercano a la desaparecida Venta de la Esquina, top√≥nimo familiar para los toledanos hasta bien consumido el siglo pasado.

Este paraje fue conocido como Santa Susana. Aqu√≠ se erigi√≥, en el XVI, una ermita que se vio acompa√Īada de un vecindario dedicado, principalmente, a la panader√≠a, seg√ļn indica Luis Hurtado. En el siglo XVII todo ello entr√≥ en crisis y ruina, intent√°ndose rehacer la ermita que, finalmente, fue desmantelada en el XVIII. Seg√ļn escribe Parro (1857), el Ayuntamiento recogi√≥ dos pinturas dedicadas, respectivamente a santa Clara y san Francisco, que se colocaron en el ¬ęante-archivo¬Ľ de las Casas Consistoriales. Parece que, como sucedi√≥ con el Hospital de San Ant√≥n, una vez que se suprimi√≥ la ermita, en un promontorio de su solar, y sobre tres escalones, se erigi√≥ una columna toscana coronada por una cruz de piedra. Este devoto recuerdo pervivi√≥ en su lugar hasta 1967 al explanarse la zona para situar, tras una gasolinera, un edificio -en principio destinado a hotel-, que albergar√≠a el Colegio Mayol. La cruz se desplaz√≥ unos metros al nuevo patio escolar, donde permaneci√≥ hasta 2007 aproximadamente. Cerrado el centro y, tras ejecutarse aqu√≠ un nudo con rotondas y viales, aprobado aquel a√Īo, el referido patio fue eliminado y con √©l la hist√≥rica pieza. Su no reposici√≥n en el paraje original a√ļn genera preguntas sobre el actual paradero de este peque√Īo elemento del patrimonio de la ciudad.

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