Disparar con pólvora del rey

Mohamed bin Salman, el heredero al trono saudí y auténtico «hombre fuerte» de la superpotencia petrolera, acumula desde su llegada al poder hace dos años una lista de acusaciones graves en el ámbito internacional: el bombardeo de Yemen, y su corolario de muerte y hambruna, las detenciones de disidentes y el cerco a Qatar. Pero la única decisión que parece sonrojarle es la orden de asesinato del periodista saudí Khashoggi en el consulado de Estambul hace un año.

«Ocurrió bajo mi mandato», admite Bin Salman en un documental que emitirá en breve la televisión pública norteamericana. Él era el jefe máximo, la siniestra operación de asesinato y descuartizamiento fue llevada a cabo por miembros de la Inteligencia saudí bien conocidos –algunos están siendo sometidos a un juicio secreto en Riad– , pero «no fui informado», añade el príncipe en el documental. Bin Salman fue al mismo tiempo responsable e irresponsable, por lo que no habrá dimisión ni «impeachment», término que no tiene traducción al árabe. El príncipe heredero tiene el privilegio de disparar con pólvora del rey –su padre no se entera porque lleva años enfermo de Alzheimer–, y ya ha dictaminado quiénes serán los que pongan su cabeza bajo el sable del verdugo por no haber actuado con profesionalidad en Estambul. Parafraseando al ex barcelonista Xavi Hernández, Arabia Saudí no será una democracia pero tiene la obligación de funcionar tan bien como Qatar cuando se trata de cumplir con pulcritud las órdenes del monarca.

Francisco de AndrésRedactorFrancisco de Andrés

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