Dilemas electorales del conurbano indescifrable

El Gran Buenos Aires constituye un universo sociocultural plagado de inc√≥gnitas pol√≠ticas. Producto del curso de la industrializaci√≥n del pa√≠s a partir de la crisis de 1930, su expansi√≥n fue correlativa a sus sucesivos ciclos econ√≥micos. Hasta los 70, recorrer su geograf√≠a supon√≠a un espect√°culo mon√≥tono de espacios socialmente compartidos: desde escuelas y hospitales p√ļblicos hasta plazas y cementerios. A partir de entonces, ingres√≥ en un proceso de descomposici√≥n respecto del medio siglo anterior: desde el plano urban√≠stico hasta el econ√≥mico y social.

El conurbano representa hoy un 0,5% del territorio nacional que alberga a aproximadamente doce millones de personas. Un 40% de ese conjunto se inscribe en ese mundo difuso, heterogéneo e históricamente novedoso de la pobreza endémica. Estos guarismos explican su importancia políticamente estratégica, pues allí se concentra nada menos que una cuarta parte del electorado del país. El predominio kirchnerista, sobre todo en la densa tercera sección electoral, es explicable por la densificación de sus políticas asistenciales a partir de 2009 agotado su ciclo económico expansivo. Sin embargo, aun en sus territorios más pauperizados, los resultados de las sucesivas elecciones exhiben desde 2013 que aproximadamente un 25% ha optado por alternativas diferentes a las de los peronismos oficiales. La ampliación o recorte de ese margen resultará crucial para definir el resultado de las próximas elecciones.

¬ŅC√≥mo explicar esa zona gris que tanto se ampli√≥ en 2017? Una primera aproximaci√≥n probablemente proceda de la propia pr√°ctica de las pol√≠ticas asistenciales, en much√≠simos casos venales y arbitrarias. Puntualicemos solo algunos ejemplos: programas de viviendas que no se ejecutaron o lo hicieron defectuosamente, sin cloacas y sin gas, en medio de urbanizaciones desconectadas por falta de asfalto e inundables por insuficiencia de los desag√ľes pluviales. Caldo de cultivo ideal para el desarrollo de los circuitos clandestinos administrados por organizaciones mafiosas como la trata y el narcotr√°fico. Aislamiento que impide que ingresen all√≠ proveedores de garrafas, ambulancias, remises, servicios postales y de recolecci√≥n de residuos, incinerados a cielo abierto cada fin de semana. Los servicios educativos y sanitarios tienen que cargar con la inseguridad de sus profesionales y los saqueos recurrentes de sus instalaciones.

Otro ejemplo emblem√°tico es el de las cooperativas de trabajo para desempleados. Dise√Īadas para calificar a los trabajadores y realizar obras p√ļblicas de fuerte incidencia social, la mayor√≠a fueron fagocitados por los Estados municipales u organizaciones sociales -frecuentemente entrelazados- para malversar sus fondos y destinarlos al financiamiento de la pol√≠tica partidaria. Dejaron as√≠ una saga de obras mal hechas, incompletas o directamente no ejecutadas. Como contrapartida, sus beneficiarios debieron conformarse con subsidios insuficientes que requieren otros trabajos informales. Hubo “cooperativas fantasma” cuyas obligaciones se midieron menos en t√©rminos laborales que en diversas modalidades de movilizaci√≥n pol√≠tica.

Tambi√©n hubo otras inventadas desde los municipios para ahorrar recursos presupuestarios mediante su utilizaci√≥n en actividades contrarias a las de su esp√≠ritu primigenio, como la recolecci√≥n de residuos o el mantenimiento de espacios p√ļblicos. Su implementaci√≥n autoritaria obtur√≥ todos los canales de denuncia y protesta cuando el oficialismo comunal se prolongaba jurisdiccionalmente en la provincia y la Naci√≥n. La √ļnica v√≠a para expresar el descontento fue entonces la electoral, que explica las buenas performances de la oposici√≥n al kirchnerismo en 2013 y 2015.

La expansi√≥n electoral del actual oficialismo en 2017 procedi√≥ en no poco de la descompresi√≥n anterior. A ello deben sum√°rseles programas como El Estado en tu Barrio, que agilizaron expeditivamente la documentaci√≥n ciudadana y otros tr√°mites hasta entonces engorrosos y a cargo de intermediarios onerosos. Luego, un abastecimiento eficiente de la ayuda a comedores escolares y comunitarios. El cambio se coron√≥ con una pol√≠tica de obras p√ļblicas plet√≥rica en realizaciones bajo la forma de cloacas, extensi√≥n de la red de agua potable, gas y asfalto, adem√°s de la regularizaci√≥n dominial en sus m√°s de mil quinientas villas y asentamientos. A lo que debe sum√°rsele un combate m√°s en√©rgico contra el narcotr√°fico en zonas particularmente densas de producci√≥n y distribuci√≥n.

La actitud pol√≠tica de las poblaciones carenciadas est√° plagada de mitos en parte procedentes de la espectacularizaci√≥n de la protesta por las organizaciones sociales. El primero, es su fervor kirchnerista fan√°tico parad√≥jicamente explotado por los prejuicios de algunas regiones de la clase media. M√°s perceptible es, en cambio, un notable escepticismo respecto de la pol√≠tica en general, incluido el peronismo. Sin duda que este sigue siendo una marca dominante de significados hist√≥ricos m√ļltiples y superpuestos. Pero su naturaleza difiere de los tiempos en los que la mayor√≠a de los hogares populares contaban con un empleo formal y una representaci√≥n que llegaba al movimiento prioritariamente por el sindicalismo. Y torna m√°s vol√°tiles sus lealtades electorales.

Otro mito procede de identificar a los intendentes como “barones” del conurbano, un t√©rmino anacr√≥nico por varias razones. En primer lugar, por la imposibilidad de m√°s de una reelecci√≥n, que impide las perpetuaciones a√ļn vigentes en varias provincias. En segundo lugar, la insuficiencia de recursos fiscales para enfrentar las necesidades de sus comunidades carenciadas. Por lo dem√°s, no gozan ni de la simpat√≠a ni de la devoci√≥n de referentes y vecinos por “barones” extintos, como Manuel Quindimil, Juan Bruno Tavano o Alberto Balestrini, recordados con nostalgia. Sus or√≠genes humildes y su trato permanente respecto de marcos sociales tan reprimarizados suscitaban una empat√≠a que no generan los distantes managers actuales.

Algunos hasta hacen gala de su ausentismo radicando domicilio en lujosos condominios privados o elegantes barrios capitalinos. Sus criterios burocr√°ticos descentralizados a trav√©s de delegaciones y de funcionarios especializados expertos que apenas recorren los barrios generan rechazo; sobre todo en vecindades abandonadas que solo hacen o√≠r su voz mediante sus referentes de diversa naturaleza, tambi√©n mitificados bajo la etiqueta descalificadora de “punteros”.

La devaluación sorpresiva de 2018, sus efectos recesivos y una inflación resistente han agravado las penurias en los barrios humildes. Los dispositivos asistenciales han funcionado mejor que en otras coyunturas similares. Aun así, es difícil pronosticar su impacto en ese margen crítico porque los nuevos intendentes han aprendido no solo a recolectar votos en favor de sus candidatos formales, sino a cuidar los propios. Hasta podría conjeturarse que nuevamente harán valer su aporte diferenciado mediante la sutil fragmentación de sus aparatos territoriales. Cuantitativamente marginales respecto de los mitos del clientelismo, pero cruciales en compulsas ajustadas como la que está por venir.

Suposiciones de coyuntura electoral que no deben eclipsar una cuesti√≥n de fondo: la urgente necesidad de desplegar pol√≠ticas reintegrativas de este mundo heter√≥clito en un doble sentido: el ocupacional, respecto de un capitalismo global tecnol√≥gicamente exigente, y el espacial, recomponiendo -o componiendo- ese rompecabezas de piezas dispersas que a solo minutos de la Capital parecen pertenecer a un universo sociocultural ex√≥tico y misterioso. Expresi√≥n de la grieta m√°s flagrante que supimos conseguir durante las √ļltimas d√©cadas.

Miembro del Club Político Argentino

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