Diez para Viñales, cero para Márquez

Con el título ya en la mano, Marc Márquez quería dedicarse estos tres últimos premios a disfrutar de correr por correr, sin calculadoras ni presiones. Pero una carrera es siempre una carrera y otros sí tienen la tensión de los puntos, la clasificación, el orgullo. En Australia, el campeón sufrió esa adrenalina desmedida de Johann Zarco, que chocó con él al final de una recta y obligó a ambos a retirarse apenas comenzada la competición.

«Ha sido un lance de carrera. Por suerte estamos los dos bien. Menos mal que cerré el título en Japón», afirmó Márquez ya en el box, con el cuarto cero del año, intrascendente para sus intereses. Y algo que ha convertido ya en rutina, pues en 2014 y 2016, los años que ganó el Mundial antes de hora, terminó por los suelos en Phillip Island. Una extraña tradición.

Y si para Márquez fue el cero, el diez fue para Maverick Viñales. Por fin. Casi 500 días después, el de Yamaha logra una victoria. No lo lograba desde Francia 2017, demasiado tiempo de sequía para él y para el equipo, en guerra con la electrónica en estos dos cursos en los que la resignación se había hecho el sentimiento general.

Esta vez solo hubo potencia, fuerza y victoria. Una carrera perfecta en la que remontó y se marchó directo a por el triunfo sin mirar hacia atrás, donde la batalla, una vez caído Márquez, la libraron Iannone, Rossi, Dovizioso y un Álvaro Bautista excepcional.

La Suzuki había demostrado tener el mejor ritmo. Solo por un despiste fue Márquez quien se llevó la pole. Pero en carrera, Iannone quería aprovechar la oportunidad de un circuito que le gusta. Sin embargo, otro despiste lo dejó sin opción de defender la primera plaza hasta el final.

Además, también Rossi reclamó su cuota de protagonismo. Tercero en la general -acabó sexto- peleó cuanto pudo por el podio hasta que se quedó sin fuerzas ante el empuje de las Ducati, con un Dovizioso seguro para cazar la tercera plaza y un Bautista que cogía la moto de Jorge Lorenzo por primera vez y demostró que de pilotar sabe lo suyo. No estará el año que viene en el Mundial de MotoGP y se pasa a Superbikes, pero se dio el gustazo de pelear con los mejores tras una remontada espectacular desde la plaza número 12. Llegó a ser segundo, pero acabó en un magnífico cuarto puesto con el que dejar una huella en la máxima categoría y la convicción de que su pilotaje es de altos vuelos.

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