Día grande de la fiesta del patrón de España

En la plaza del Obradoiro, Federico desafía a la lluvia y armado con un palo de selfi y una cámara captura sus últimos momentos en Santiago. Empezó su peregrinación en Lourdes (Francia) hace ya 33 días y por el Camino decidió «acelerar el paso» sobre el plan de viaje inicialmente planeado en Argentina para poder llegar a tiempo a las fiestas del Apóstol. Como muchos otros caminantes no se quería perder ni los fuegos de artificio, ni el ambiente festivo que inunda la ciudad el 24 y el 25 de julio.

Llegó el pasado martes a Santiago, junto a otros 1.432 caminantes que sellaron su Compostela en las Oficinas del Peregrino, una cifra algo superior a la de otros años. «Aquí se celebra de una manera espectacular», resumen León y Flori, dos carteginenses que partieron de Tui por el Camino portugués y llegaron a Santiago el miércoles justo a tiempo para disfrutar de uno de los espectáculos con más tirón de las fiestas, los fuegos del Apóstol. Era la primera vez que peregrinaban y ya se plantean repetir la experiencia. «Ha sido todo estupendo», indican y de colofón las fiestas que «se celebran de una manera espectacular», aseguran.

Más de 7.000 personas se concentraron en el casco histórico de la ciudad la noche del miércoles al jueves para contemplar un espectáculo con 6.000 efectos de disparo provenientes de más de 360 kilos de material pirotécnico y proyecciones. La tradición de los fuegos se remonta al siglo XVI. El año próximo las proyecciones volverán a la fachada de la Catedral, sustituida en las últimas ediciones por el Pazo de Raxoi (situado justo enfrente) debido a las obras de rehabilitación que afronta el templo compostelano, que se prepara para mostrarse en todo su esplendor el próximo Año Santo 2021. Como cada edición, para poder seguir los fuegos desde la propia plaza del Obradoiro hay que armarse de paciencia. «Estuvimos tres horas esperando en la plaza para ver los fuegos», cuenta Federico. El espectáculo, que este año quiso rendir homenaje a las mujeres, dejó también boquiabierto al taiwanés Jim, que llegó peregrinando desde Irún. «El único problema fue que a las 11.00 de la noche empezó a hacer un poco de frío», comenta. Tras una jornada calurosa durante el día, el grupo taiwanés no se había preparado por las habituales oscilaciones térmicas del verano gallego. Pero otros emplazamientos como la Alameda de Santiago o numerosos establecimientos hosteleros con terrazas con vistas privilegiadas se llenaron de gente que no quería perderse los fuegos la noche del 24.

Con una ocupación hotelera rondando el 70% y pese a ser un 10% inferior que otros años, según la Asociación de Hostelería de Compostela, la ciudad se ha convertido en un hervidero en los últimos días. Las fiestas patronales se celebran ininterrumpidamente durante la segunda quincena de julio y además de peregrinos y turistas nacionales e internacionales atraen a numerosos gallegos.

El punto álgido de la fiesta se concentró en la noche del 24, donde nada más acabar los fuegos se inició un concierto gratuito del grupo la M.O.D.A., que mostró en la plaza de A Quintana sus influencias folk, country, punk y rock and roll. Pero la programación festiva tuvo oferta para todos los públicos y a las 00.00 horas arrancó, en el paseo central de la Alameda, la orquesta Los Trovadores, para los que prefirieron la verbena.

Entre el 19 y el 31 de julio, Santiago se llena de música múltiples conciertos en las plazas. En esta edición han actuado ya, entre otros, Xoel López o La Casa Azul y se espera todavía uno de los platos fuertes del cartel. El brasileño Chico César, autor de canciones como «Mama África» o «A primeira vista», desembarca en A Quintana el próximo domingo 28 de julio.

¿Por qué el 25 de julio?

El Códice Calixtino, la joya manuscrita del siglo XII considerada la primera guía del Camino de Santiago, explica por qué se decidió celebrar el día del Apóstol el 25 de julio. La fecha no conmemora la muerte de Santiago, datada el 25 de marzo, ni siquiera su enterramiento en la ciudad que no se produciría hasta el día 30 de diciembre. La efeméride que se escogió fue la de la traslación desde Iria Flavia (a donde según la tradición llegó en una barca de piedra) hacia Santiago. Las autoridades de la época consideraron que el 25 de marzo sería un mal día dado que podría coincidir con Pascua y restarle protagonismo al Apóstol.

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