Descubrir el norte

Hace tiempo que la sociedad civil catalana vio colmadas sus aspiraciones aéreas por más turbulencias políticas que se provoquen. En marzo de 2007, políticos y empresarios se conjuraron en un multitudinario acto en el IESE barcelonés en reclamación de un aeropuerto más competitivo y con más vuelos transoceánicos que contribuyera a la internacionalización de la economía. Once años después, a El Prat vienen pasajeros de toda España, también de Madrid, para embarcar rumbo a centenares de destinos de todo el mundo, en especial con los de Oriente Medio y Asia, pero también con las ciudades americanas y, sobre todo, las europeas, como es el caso de Oslo (Noruega), dado que Norwegian eligió Barcelona como base en nuestro país.

Los noruegos están reseteando su estrategia de promoción y, además de vender naturaleza, apuestan por la sostenibilidad y por seducir a los catalanes y resto de españoles para que se animen a visitarles en invierno. Desde la oficina de turismo en nuestro país aseguran que nadie se queja de frío si la ropa es la adecuada. Las auroras boreales, los fiordos y una bulliciosa Oslo, ahora en construcción, además de sus lagos, tundras nevadas y pistas de esquí que literalmente llegan a las playas, hacen realidad el lema “Noruega todo el año” como reclamo de un país en el que las puntas de saturación turística solo se producen en verano. España es el país emisor de turistas hacia Noruega que más ha crecido hasta alcanzar el año pasado las 300.000 pernoctaciones.

En Barcelona también se pueden degustar ahumados acompañados de cervezas artesanas en Olofson, un local del Eixample izquierdo recientemente inaugurado y en el que todos sus productos pasan por un proceso de diferentes marinados que pueden tardar entre 6 horas y 3 días. Después, los secan unas 12 horas y ahúman entre 2 y 20 horas con madera de aliso y manzano importado de Suecia. Manjares que, acompañados de una selección de doce cervezas artesanas, ofrecen la posibilidad de una experiencia nórdica única sin necesidad de embarcarse en un vuelo. Porque, aunque muchos lo hayan perdido, en Barcelona siempre existió el norte.

Joan Carles Valero

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