Del pacto del Majestic al del Palacio de Pedralbes, dos décadas de deslealtad

El desembarco del Gobierno en Barcelona esta semana, y la cadena de gestos, cesiones y pr√°cticas diplom√°ticas in√©ditas desplegadas para contentar al ejecutivo catal√°n (y las formaciones que le sustentan) han generado cr√≠ticas un√°nimes entre los partidos de la oposici√≥n. PP y Ciudadanos, pero tambi√©n de manera cada vez menos velada algunos barones del PSOE, acusan al presidente, Pedro S√°nchez, de vender el Estado, y Espa√Īa, a cambio de un apoyo puntual parlamentario del independentismo catal√°n, una claudicaci√≥n que, parad√≥gicamente, el secesionismo m√°s radical reprocha tambi√©n al gobierno de Quim Torra, a quien el viernes en una pintada se acusaba de ser un ¬ęgobierno Vichy¬Ľ, en alusi√≥n al colaboracionismo franc√©s con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

Los √ļltimos gestos del Gobierno reabren el debate sobre la oportunidad y la utilidad de la pol√≠tica de cesiones y acercamientos practicados hist√≥ricamente por los gobiernos de Espa√Īa, primero con el nacionalismo, y ahora directamente, con el secesionismo.

La fórmula de cesiones permanentes a cambio de estabilidad puntual no resuelve la falta de lealtad de los nacionalistas. Del pacto del Majestic (1996) al del Palacio de Pedralbes (2018) van más de dos décadas de deslealtad.

José María Aznar

Nunca el nacionalismo obtuvo tanto

En contra de cierto sentir popular, el presidente del Gobierno que m√°s concesiones concretas entreg√≥ y menos negativas dispuso al nacionalismo catal√°n fue Jos√© Mar√≠a Aznar (PP). Aznar gobern√≥ entre 1996 y 2000 -su primera legislatura- tras sellar un acuerdo con CiU, PNV y Coalici√≥n Canaria. Fueron los nacionalistas de Jordi Pujol los que con sus 16 esca√Īos (el PP obtuvo 156 asientos en el Congreso) se convirtieron en imprescindibles para que el PP llegase a La Moncloa por primera vez, tras 14 a√Īos de gobiernos de Felipe Gonz√°lez (PSOE). Una cena en el hotel Majestic de Barcelona, el 28 de abril de 1996, sell√≥ el acuerdo. Naci√≥ entonces el conocido como pacto del Majestic. El Gobierno de Espa√Īa transfiri√≥ a la Generalitat de Catalu√Īa, y al resto de CC.AA, el 33 por ciento de la recaudaci√≥n del IRPF (Gonz√°lez lo hab√≠a fijado en el 15 por ciento), el 35 por ciento de la recaudaci√≥n del IVA (que hasta entonces era exclusivo del Gobierno) y el 40 por ciento de los impuestos especiales.

Adem√°s, el pacto del Majestic supuso la expulsi√≥n de la Guardia Civil de las carreteras de Catalu√Īa, competencias que asumieron desde entonces los Mossos d‚ÄôEsquadra, y ampli√≥ la gesti√≥n auton√≥mica -en detrimento de la central- en √°mbitos tan variados como justicia, educaci√≥n, agricultura, cultura, farmacias, sanidad, empleo, puertos, medio ambiente, mediaci√≥n de seguros y vivienda. Aznar acept√≥, tambi√©n, suprimir el servicio militar obligatorio y los gobernadores civiles, todo a petici√≥n de Pujol, l√≠der nacionalista -luego abocado a la causa secesionista- que se llev√≥, por si fuera poco, la prima del acceso a los nuevos canales de TDT antes que otras regiones de Espa√Īa.

Aunque no qued√≥ por escrito, Aznar se carg√≥ al l√≠der del PP catal√°n Aleix Vidal-Quadras, que apuntaba un ascenso electoral en Catalu√Īa en competencia con CiU. Y en 1998, ya desde el Gobierno de Espa√Īa, se neg√≥ a recurrir la Ley de Pol√≠tica Ling√ľ√≠stica del mismo Pujol, que discriminaba a los catalanes castellanoparlantes. Todo esto no sirvi√≥ para nada. CiU sigui√≥ reclamando m√°s cuota de poder y, solo una d√©cada despu√©s, esta formaci√≥n se convirti√≥ en la punta de lanza del secesionismo.

José Luis R. Zapatero

Un Estatuto que nadie quería

Entrados ya en una subasta por el pastel del Estado y tras cuatro a√Īos de mayor√≠a absoluta del PP. Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero (PSOE) crey√≥ -por convicci√≥n propia o por influencia del PSC- que un nuevo Estatuto de Autonom√≠a de Catalu√Īa calmar√≠a los √°nimos del nacionalismo. Nada m√°s lejos de la realidad. Ni CiU -ya con Artur Mas-, ni ERC -que acab√≥ votando en contra del Estatuto- defend√≠an una reforma del texto estatutario, que, entonces, incluso Pujol no consideraba necesaria.

La reforma del Estatuto de 1979, en cuyo proyecto se implic√≥ Pasqual Maragall (PSC), como presidente de la Generalitat, para presentar como obra de su mandato tras 23 a√Īos de gobiernos regionales de Pujol, erosion√≥ al PSOE, consolid√≥ la pugna entre las comunidades por m√°s competencias -en lugar de objetivar la descentralizaci√≥n en funci√≥n de la mejora de los servicios- y ratific√≥ la deslealtad del incipiente independentismo popular catal√°n. La frase de Zapatero (¬ęApoyar√© la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catal√°n¬Ľ) implicaba, como parec√≠a l√≥gico, que dicha ¬ęreforma¬Ľ se ajustara a la legalidad. Craso error.

El secesionismo aprovech√≥ la ocasi√≥n y desbord√≥ el marco constitucional en aspectos referidos a la Justicia y la Agencia Tributaria, as√≠ como otros concretos en relaci√≥n a derechos b√°sicos, como, por ejemplo, al libre uso de las lenguas oficiales en Catalu√Īa.

Mariano Rajoy

La fallida operación diálogo

La relaci√≥n entre Mariano Rajoy (PP), uno de los negociadores del pacto del Majestic, y la Generalitat gobernada por Mas estuvo marcada por la crisis econ√≥mica y el desaf√≠o independentista. En su primer encuentro en La Moncloa (1 de febrero de 2012), Rajoy le confes√≥ a Mas que viv√≠a ¬ęen el l√≠o¬Ľ. En esa √©poca, dos gobernantes acosados por la crisis se daban socorro mutuo: Mas apoyando la pol√≠tica econ√≥mica de austeridad del Gobierno y su reforma laboral, contrapartida del apoyo del PP a CiU en el Parlamento catal√°n.

El viraje de Mas al independentismo se ha explicado de manera amplia, tambi√©n el intento fallido del Gobierno, ya con la locomotora del proc√©s a toda m√°quina, de intentar un √ļltimo acercamiento. Es lo que se conoci√≥ como operaci√≥n di√°logo: liderada por la vicepresidenta Soraya S√°enz de Santamar√≠a, y confiando en Oriol Junqueras (ERC) como interlocutor, en la Delegaci√≥n del Gobierno se puso a un pol√≠tico de perfil no duro como Enric Millo, y hasta el presidente Rajoy organiz√≥ un gran acto con empresarios (28 marzo 2017) para explicar un macroplan de infraestructuras: 4.200 millones hasta 2020. La Generalitat, ya con Carles Puigdemont (CiU y PDECat) al frente, desde√Ī√≥ la oferta del mismo modo que consideraba los m√°s de 60.000 millones largos de cr√©ditos recibidos del FLA desde 2012 como un mero retorno.

Incluso en el momento de m√°xima tensi√≥n entre el Gobierno y la Generalitat, desde el Ejecutivo se lanzaba el mensaje de que estaban dispuestos a ¬ęhablar de todo¬Ľ, menos de lo relacionado con la secesi√≥n. La Moncloa evidenciaba su predisposici√≥n se√Īalando que el documento con 46 propuestas que Puigdemont entreg√≥ a Rajoy como reivindicaciones pol√≠ticas (que solo dos a√Īos antes eran 23 propuestas, entregadas a Rajoy por Mas) eran todas negociables menos una: la de celebrar un refer√©ndum de autodeterminaci√≥n.

Pedro S√°nchez

Repetir los errores de sus predecesores

Y en 2018 lleg√≥ Pedro S√°nchez (PSOE). El cambio de nombre del aeropuerto de Barcelona-El Prat, para reconocer la figura de Josep Tarradellas (ERC); una declaraci√≥n que ¬ęrehabilita¬Ľ a Llu√≠s Companys (ERC), poniendo en valor su ¬ętrayectoria vital y pol√≠tica¬Ľ; y una inversi√≥n de m√°s de 112 millones para las carreteras de Catalu√Īa son solo la avanzadilla de lo que S√°nchez ofrecer√° ¬ęa Catalu√Īa¬Ľ. El presidente del Gobierno cree que si Catalu√Īa tiene un nuevo Estatuto de Autonom√≠a -que ahora solo una minor√≠a reclama-, el independentismo calmar√° sus deseos de secesi√≥n.

Las l√≠neas maestras de lo que saldr√° de La Moncloa est√°n fijadas en la Declaraci√≥n de Barcelona (julio de 2017), firmadas por el PSC y el PSOE. A grandes rasgos: recuperar en el Estatuto lo que el Tribunal Constitucional declar√≥ ilegal (en 2010) del texto reformado de 2006, mejorar el sistema de financiaci√≥n de la Generalitat, recuperar el debate sobre las 46 reivindicaciones de Puigdemont, mayor inversi√≥n en infraestructuras, blindar los aspectos ling√ľ√≠sticos en catal√°n, hacer de Barcelona cocapital de Espa√Īa y una ¬ęreforma federal¬Ľ de la Constituci√≥n. Todo indica, sin embargo, b√°sandose en la historia reciente, que solo hay una demanda que ser√≠a aceptada por el independentismo: la ruptura de Espa√Īa.

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