De Tombuctú a Toledo para salvaguardar el legado de su familia

Es ya conocida la expresión de que «la historia se repite», ligada al filósofo alemán Hegel, o al menos es a él a quien se la atribuye Karl Marx, quien apostilló: «Una vez como tragedia, y la otra vez como farsa». En el caso de Ismael Diadié, por las coincidencias con hechos pasados de su familia y por las experiencias que ha vivido en los últimos años, su vida tiene más de lo primero que de lo segundo; algo que cuenta a ABC el autor del libro «Diario de un bibliotecario en Tombuctú» (Almuzara), que esta semana ha sido presentado en Toledo.

Este historiador, filósofo y escritor nacido en Tombuctú (Malí, 1957) guarda parentesco, aunque no lo parezca por su piel negra, con el penúltimo rey visigodo, Witiza. Es, además, el último descendiente de Alí Ben Ziyad Al Qutí, que se vio obligado a abandonar Toledo en 1467, llevando consigo los cerca de 400 manuscritos que conformaban su biblioteca. Su largo periplo terminó en Malí, donde durante siglos su familia fue incrementando este fondo documental, hasta alcanzar una cifra aproximada de 13.000 manuscritos.

Cinco siglos y medio han pasado desde la salida de Toledo del juez Alí Ben Ziyad Al Qutí, huyendo tras la sublevación sangrienta el día de los fuegos de la Magdalena, el 22 de julio de 1467. Llevaba consigo los primeros documentos que hoy forman parte de uno de los fondos históricos y culturales más importantes de África y del mundo andalusí.

Los documentos se mantuvieron hasta 2013 en Malí, un territorio que Ismael Diadié, al igual que su antepasado, tuvo que abandonar para salvaguardar su legado familiar del sinsentido y la crueldad de los yihadistas, haciendo un camino de retorno hasta España y Toledo, donde hunde sus raíces.

Corán de Ceuta copiado el 23 de Septiembre del año 1198
Corán de Ceuta copiado el 23 de Septiembre del año 1198Fondo Kati

El Fondo Kati, que es como se llama la biblioteca conservada por esta familia durante siglos y cuyo presidente es Ismael Diadié, cuenta con 12.714 manuscritos; 1.102 de ellos llevan en sus márgenes 7.126 textos sobre la historia de Al-Ándalus, del Sur de Francia, de los Imperios de Gana, de Malí, del Songhai y de la propia familia Kati a lo largo de su periplo por todos estos lugares.

Con una mirada llena de de afabilidad y sabiduría, pero donde también se reflejan el miedo y los estragos de la violencia de la que ha sido testigo en los últimos años, Ismael Diadié narra a ABC todo lo que ha sufrido para salvar su vida y la de los suyos, y el Fondo Kati. «No se puede resumir todo lo que he vivido en Tombuctú. Todavía, y a pesar del libro escrito, no he superado del todo la ocupación de la ciudad, los obuses que caían, los tiros día y noche, los coches ocupados por islamistas pasando por las calles, las nuevas leyes impuestas y la imposición del terror».

«La biblioteca —recuerda— fue cercada por hombres armados, tanto de día como de noche; en cualquier momento, caían casas, hombres morían, huían, y ninguna noticia era buena. Se instauró la caza a todo lo que no concordaba con el rigor y he tenido que esconder a cristianos para sacarles de la ciudad, dispersar manuscritos, irme con 55 mujeres y niños asustados, huyendo de las violaciones, los matrimonios precoces y el adoctrinamiento para ser militantes fundamentalistas».

Edificio del Fondo Kati en Tombuctú, antes de la entrada de los yihadistas en Malí
Edificio del Fondo Kati en Tombuctú, antes de la entrada de los yihadistas en Malí – Fondo Kati

Desde 2013 el responsable del Fondo Kati no ha regresado a su país natal, donde asegura que «casi a diario hay explosiones esporádica, asesinatos; una verdadera caza al hombre». Ahora vive en España, un pueblo al que agradece haberle acogido y donde no sólo sigue teniendo pesadillas, sino también sueños, ya que la Fundación Fondo Kati, creada para preservar estos documentos, quiere tener sedes en España. De hecho, en 2017 tenía previsto inaugurar en Toledo y Jerez de la Frontera (Cádiz) dos archivos para exponer los legajos de la biblioteca andalusí de Tombuctú, con motivo del 550 aniversario de la salida de Toledo de Alí Ben Ziyad Al Qutí.

Sede en Toledo

En el caso de Toledo, la Fundación Fondo Kati tenía previsto firmar sendos acuerdos con el Gobierno de Castilla-La Mancha y con el Ayuntamiento toledano, con el fin de disponer de un espacio en el que exponer parte de los manuscritos. Pero, desde la Junta de Comunidades confirman que, aunque se mantienen reuniones sobre este asunto, aún no se ha determinado cuál será la sede definitiva.

Ismael Diadié fue distinguido por su trabajo en 2014 con la Medalla de Oro de la Ciudad de Toledo, entregada por el entonces alcalde Emiliano García-Page, quien prometió dar una sede al Fondo Kati en la ciudad. Una imagen y unos halagos que contrastan con lo que vivió el sabio maliense en la presentación de su libro en Toledo esta semana, sin presencia de cargos de la Junta de Comunidades ni del Ayuntamiento, salvo la de Javier Mateo, segundo teniente de alcalde y concejal de Ganemos.

Aun así, el custodio y presidente del Fondo Kati sigue soñando con regresar a la ciudad de la que salieron sus antepasados. «Mi tatarabuelo Ali-Gao dijo: “Hemos perdido la lengua (el castellano), el color (eramos blancos) sólo nos queda la memoria, y esta memoria está en los manuscritos”. Mi patria es una biblioteca. No tengo nada en el mundo que defender fuera de cada una de sus hojas, de sus letras. He vivido para ella, me ha hecho volumen por volumen. En ella está la memoria de los míos».

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