«De no haber lectores ahí fuera, no escribiría»

Con el tiempo justo para soplar velas, abrazarse con su editor y sin embargo amigo Jorge Herralde y dejarse ver en la fiesta de los 50 años de Anagrama, a punto estuvo Richard Ford (Jackson, 1944) de volverse a Estados Unidos sin haberle dedicado un par de minutos a «Lamento lo ocurrido», colección de relatos que la editorial barcelonesa publica en primicia mundial. Un regalo que, a falta de ronda de entrevistas (el viaje, en esta ocasión, era por placer y no por negocios), Ford desenvolvió ayer durante poco más de una hora en la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona.

He aquí, pues, un valiosísimo tiempo que Ford aprovechó para recordar una vez más a su llorado amigo Raymond Carver –«cada día es triste porque él no está presente»–, cargar contra Donald Trump, a quien no dudó en calificar de «analfabeto funcional» y «peligro» para todo el país, y desvelar que ahora mismo está enfrascado en una nueva novela sobre Frank Bascombe, su personaje fetiche. También, claro, para hablar de «Lamento lo ocurrido», un libro «sobre gente irlandesa en América y, hasta cierto punto, tambíén sobre gente americana en Irlanda». «Dicho así, parece un libro muy aburrido, pero no lo es, creedme», bromeó el autor de «Acción de gracias».

Y es que al final, añadió, todo se resume en tratar de encontrar «un subtexto de la vida americana estándar». Y nadie como él, habilidoso retratista de las cuitas y miserias de las clases medias, para convertir esa búsqueda en una carrera literaria de primera coronada por ochomiles de la talla de «El periodista deportivo» y «Canadá». «Cada vez que escribo quiero que sea una obra maestra, no un libro simplemente bueno. Mis editores no merecen otra cosa de mí que no sea el mejor libro posible», aseguró.

A sus pies, un centenar largo de lectores que aplaudieron a rabiar en cuanto apareció sobre el escenario con su porte espigado y a los que Ford no tardó en señalar como su auténtica razón de ser. «No es que necesite escribir: quiero hacerlo. De no haber lectores ahí fuera, no escribiría», dijo. Será que, después de todo, también él sigue siendo lector antes que novelista. «A mí los libros me han salvado. Cuando pensaba que la vida era aburrida leía a Faulkner y el libro me daba algo más», recordó. Tanto es así que, con los años, las novelas han dejado de ser refugios para convertirse en potentes trampolines. «Los libros te han de dar la oportunidad de ser más brillante de lo que realmente eres», sostuvo. Toda una declaració de intenciones viniendo de alguien que considera que tan importante es vivir una vida como saber escribirla. «No he intentado tener una vida interesante, sino escribir libros interesantes», zanjó.

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