DE LEJOS: La China del Caribe

Por unanimidad soviética y bastante miedo ante la viabilidad del castrismo sin los Castro, el Parlamento de Cuba ha aprobado este domingo el borrador final de una nueva Constitución. Y para que la pantomima política sea completa, este proyecto de reforma constitucional –ideado para que nada cambie realmente en la isla– será sometido a referendo popular el próximo 24 de febrero.

Como explican los politólogos Nic Cheeseman y Brian Klaas en su reciente libro How to Rig an Election, dentro de la paradoja de un mundo con más urnas que nunca y peores democracias, el proceso constitucional de Cuba es un ejemplo evidente de lo que es una democracia fake. Con regímenes que en busca de una apariencia de legitimidad convocan de forma regular elecciones y consultas populares totalmente manipuladas.

Una genuina democracia no se limita a guardar las apariencias plebiscitarias sino que requiere también de elementos tan fundamentales como el imperio de la ley, libertad de Prensa, pluralismo político o la rendición de cuentas por parte de gobernantes. Por supuesto, en el nuevo proyecto constitucional de Cuba no hay nada de eso. Ya que el texto que debe sustituir la Carta Magna vigente (1976) reitera que el Partido Comunista es la «fuerza dirigente superior de la sociedad».

El presidente Miguel Díaz-Canel ha recalcado que la nueva ley fundamental garantizará «una mayor inclusión, justicia e igualdad social» y asegurará el empoderamiento del pueblo cubano. Con casi medio siglo controlando absolutamente todo en Cuba, al régimen todavía le queda ganas de «perfeccionar» el rumbo socialista de una revolución anclada en ideales totalmente desacreditados.

Resulta interesante analizar lo que ha entrado y ha salido del borrador constitucional fijado en 229 artículos, 11 títulos, dos disposiciones especiales, 13 transitorias y dos finales. Por ejemplo, al principio de este proceso de reforma, liderado por el propio Raúl Castro, no aparecía la palabra «comunismo». Aunque por espontánea petición popular, el borrador final ha optado por seguir esperando en el siglo XXI otro cañonazo del crucero “Aurora”.

La versión ratificada por todos y cada uno de los 583 diputados de la Asamblea Nacional también ha prescindido del artículo que planteaba el matrimonio entre personas del mismo sexo. La aspiración a que los miembros de la comunidad LGTBI no sigan siendo ciudadanos de segunda ha resultado excesivamente polarizadora y cuestionada desde la ortodoxia, ya sea comunista o religiosa.

Lo que está claro es que la nueva constitución de Cuba no cambia absolutamente nada en lo político pero aspira, con envidia de lo logrado por los comunistas de China, a separar con éxito capitalismo y democracia.

Pedro Rodríguez

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